El Nuevo Diario, Sábado 27 de Febrero de 1999 | Managua, Nicaragua

Reflexión sobre el sandinismo

A la unidad por la división

Gioconda Belli


 

Se realiza el 24 de Febrero, la primera reunión del Foro Nacional Sandinista. La amplia convocatoria es respondida con una concurrida asistencia. Primero que nada, me emociona ver a compañeros de larga trayectoria que, a pesar de sus diferencias y costos personales en el enfrentamiento entre las bases y la dirigencia sandinista, se muestran abiertos y deseosos de encontrar formas de retornar al proyecto patriótico, de izquierda, popular, con que triunfó el sandinismo en Nicaragua.

Todos lo vemos venir. Las señales abundan en el ambiente: vuelve el somocismo bajo otros disfraces, con las mismas o con nuevas caras. El FSLN, mientras tanto, separado del pueblo, se desprestigia en pactos y componendas. No pareciera haber alternativa. Y, sin embargo, hay tanta gente que sigue dispuesta a ponerse al lado del pueblo. Tanta gente que se quedó soñando con aquel sandinismo honrado, idealista, revolucionario. Tanta gente que acude cuando suenan campanas que parecieran anunciar una reintegración sandinista, un camino justo, socialista, a seguir.

A los sandinistas pareciera que nos entrenaron con reflejos Pavlovianos: cualquier cosa que suene a división, machalá, machalá culebra. Todo el que proponga, todo el que discuta, todo el que se oponga a la dirigencia, nos dijeron, atenta contra la unidad, promueve la división. Es traidor. Contra. Agente de la CIA. Los epítetos y etiquetas nunca faltaron.

Vale preguntarse qué hubiera pasado en 1976, cuando el FSLN se dividió en tres tendencias, si los ortodoxos de entonces, los que se aferraban a la lucha guerrillera en las montañas como única estrategia válida para la toma del poder, no hubieran sido desafiados por sus bases. Qué habría pasado, si la estrategia insurreccional hubiera sido declarada anatema, herejía y todo el que la sostuviera expulsado o descalificado en las filas del FSLN? Si analizamos bien el fenómeno y nos referimos a la historia como maestra, la división en las filas del FSLN en 1976, acabó siendo, como algunos dirigentes incluso lo han señalado, una «división del trabajo revolucionario». Los proletarios se dedicaron a organizar; la GPP organizó y siguió haciendo trabajo en lo rural; los terceristas hicieron alianzas y mon- taron la insurrección en las ciudades. En el camino se dio la unidad. Se dio porque era necesaria. No se impuso. Significó un acuerdo entre todas las formas de lucha, una coincidencia entre las ricas y variadas experiencias acumuladas en el camino. La unidad aceptó que la diversidad había enriquecido el actuar del FSLN. La verdad es que de no haberse producido la división que permitió la existencia de nuevas y originales formas de lucha, no se hubiese dado el derrocamiento de la dictadura, la toma del poder.

En la actualidad, el sandinismo se encuentra en una disyuntiva difícil: O se divide y crece y se fortalece, o se mantiene bajo la estructura manipulada por Daniel Ortega y se estanca y paraliza. Dentro de la estructura oficial del FSLN, no hay posibilidad de democracia. Se están con Daniel o se está contra él. No es un asunto de posiciones políticas siquiera. Es un asunto de sumisión al caudillo; un caudillo fracasado, un caudillo vencido una y otra vez, que insiste en aferrarse a un puesto que superó sus capacidades. Quien se enfrente a él, dentro de esa estructura vertical, perecerá. Ni siquiera vale la pena intentarlo.

Pero el sandinismo tiene otros horizontes; tiene alternativas. Hay gente valiosa que se mueve y remueve en búsqueda de una salida. Hay tenden- cias otra vez; movimiento en el bullpen. Por qué entonces no tomar las enseñanzas de nuestra propia historia y sacudirnos un concepto de unidad vacío, basado en ciegas disciplinas? Esos vigores dispersos del sandinismo pueden hacer una real diferencia en este país si se activan en los movimientos sociales, si se organizan, si dejan de proponerse al FSLN como paradigma y encuentran su propio camino para retornar, no al membrete del FSLN, sino a la esencia de lo que fue el sandinismo en este país.

Saludemos la formación de otros movimientos sandinistas. Fortalezcamos los que ya han logrado sacudirse el cordón umbilical y formar partidos como el MRS, trabajemos junto a la gente, denunciemos la corrupción, seamos otra vez el movimiento organizado desde y dentro del corazón del pueblo. No cedamos nuestra iniciativa, nuestros ideales a quienes han tomado al sandinismo de rehén para sus propios fines.

En el camino nos uniremos. En el camino nos encontraremos. Lo importante es no caer en la inmovilidad, en la impotencia. Hay gigantescas tareas por hacer.

Organicémonos como mejor nos parezca entre los sandinistas. Formemos grupos, unámonos al sandinismo organizado ya en el MRS, en la Iniciativa Sandinista, en Foros en Asambleas. No importa. Lo esencial es que apuntemos a un mismo objetivo. Que retomemos la iniciativa, que usemos las experiencias que obtuvimos en los barrios, en las comunidades, en los centros de trabajo. Que devolvamos al sandinismo su ver- dadera naturaleza, que seamos consecuentes con nuestra vocación democrática y popular. Sólo así venceremos al nuevo somocismo.

Sólo así lograremos la unidad verdadera.



Encontrado en: http://www.elnuevodiario.com.ni/archivo/1999/febrero/27-febrero-1999/opinion/opinion2.html