El Nuevo diario, Lunes 28 de Junio de 1999 | Managua, Nicaragua
El pacto del abuso o el abuso del pacto
Gioconda Belli
Durante la campaña electoral de 1996, el FSLN planteó que Arnoldo Alemán representaba el regreso al somocismo. Ciertamente así fue. El país ha retrocedido a una era de corrupción, desmoralización, nepotismo, amiguismo, que ha superado incluso las peores profecías sandinistas. La corrupción no ha respetado siquiera una tragedia como la del huracán Mitch; los damnificados siguen en sus champas, mientras los gobiernistas se construyen mansiones y abusan del poder del estado para enriquecerse.Los pactos sociales son parte del camino a recorrer en una democracia institucional. Se realizan entre fuerzas contendientes u opuestas que, a través de largas épocas de actuar en la arena política, llegan a representar grandes sectores de la sociedad. Se realizan como acuerdos entre fuerzas constantes en una sociedad, con el objetivo de limar contradicciones y llegar a acuerdos de gobernabilidad. En este caso, sin embargo, el sandinismo de Ortega está empeñando su nombre y su representatividad en un pacto con una fuerza que tiene en su haber sólo un período electoral; una fuerza, además, que en este único período electoral, se ha desgastado aceleradamente, no sólo por su incapacidad y malos manejos, sino por sus intentos de reeditar un pasado negro del cual nos liberamos los nicaragüenses tras un enorme derramamiento de sangre. Daniel Ortega, además, decide armar este pacto, no al principio del período electoral de Arnoldo Alemán, sino casi al final. O sea cuando se inicia la etapa en que, tradicionalmente, las fuerzas políticas se preparan para alinearse y aliarse de cara a someterse otra vez a la voluntad popular. De hecho pues, este pacto es una alianza electorera entre dos fuerzas. No persigue la gobernabilidad, ni las reformas sociales, ni nada que beneficie a la población. Persigue únicamente volver a situarnos a los nicaragüenses en la encerrona en que nos vimos en 1996; volver a ponernos entre la espada de Daniel y la pared de Alemán.
Cabe preguntarse cómo es posible que el mismo Daniel Ortega que en 1996, decía que Alemán representaba el regreso al somocismo, hoy esté dispuesto a usar su influencia y poder político para dejarnos a los nicaragüenses frente al hecho consumado de un liberalismo ungido como la única fuerza política que representa una alternativa al Sandinismo. ¿Cómo es que un partido que surgió de las cenizas hace cinco o seis años, hoy es reconocido por el FSLN como la fuerza política con quien escogen firmar un pacto de enormes consecuencias a largo plazo para el futuro del país? La explicación es terrible pero sencilla: El FSLN está reconociendo en el Partido Liberal Constitucionalista, no al partido de membrete que era antes de Arnoldo Alemán; sino la tradición liberal de donde proviene este partido, o sea al liberalismo somocista. El FSLN no está firmando un pacto con Arnoldo Alemán, está firmando un pacto con el fantasma de Somoza.
Está traicionándose no sólo a sí mismo, sino a todos sus muertos; sus caídos, las cincuenta mil personas que dieron su vida para que en Nicaragua terminara el somocismo.
El oxígeno que no le daría a Alemán el pueblo nicaragüense en una nueva vuelta en las urnas electorales, se lo está otorgando el Frente Sandinista de Liberación Nacional a través de Daniel Ortega y de todos los diputados temerosos que han confundido los principios revolucionarios con la obediencia ciega a un líder desprestigiado.
Este pacto, MADRE DE TODOS LOS PACTOS en nuestra historia, tiene como objetivo fundamental, además de ELIMINAR CUALQUIER ALTERNATIVA que no sea el sandinismo oficial o el liberalismo somocista, proteger los abusos de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega. Ambos están buscando protegerse, el uno de ser acusado de abusador de los fondos públicos y el otro de ser acusado de abuso sexual. Es un pacto de abusadores para seguir abusando impunemente. Se busca eliminar la independencia de la contraloría; dividirse el poder en el Consejo Supremo Electoral, en la Corte Suprema de Justicia, reformar la Ley Electoral, la Constitución. Se eliminarían así las elecciones donde puedan salir elegidos otros que no sean los de dos partidos firmantes del pacto; las elecciones municipales independientes; las elecciones a candidatos por suscripción popular, las listas independientes de diputados, los partidos minoritarios. Se trata de eliminar, de tajo y por decreto, cualquier resquicio por donde los ciudadanos puedan hacer valer derechos que disientan de los dos partidos que se repartirán el pastel arbitrariamente. Se trata de copar todas las instituciones, los mecanismos legales, legislativo o electivos. Todo recurso legal, toda posibilidad de nuevas alternativas políticas, hasta de hacer oposición, quedará aplastada si este pacto se ratifica.
Si este pacto pasa, estaremos de hecho siendo cómplices de que se firme un futuro de sangre para nuestros hijos. Dejaremos a la juventud, otra vez, como en tiempos de Somoza «sin más alternativa que la lucha» como dijera Leonel Rugama.
El pueblo nicaragüense, el pueblo sandinista, debe abrir los ojos y oponerse por todos los medios posibles a este pacto de abusadores para seguir abusando de la confianza y la generosidad con que se les dio la oportunidad para hacer de Nicaragua un país diferente. Si no nos oponemos hoy a este abuso, le estaremos legando a nuestros hijos, a las futuras generaciones, un país con un futuro negro, pobre, sin dignidad, donde proliferarán las pandillas, las prostitutas y los ladrones; donde cincuenta mil muertos se revolcarán en sus tumbas y aullarán por las noches lamentándose de que nosotros no hayamos tenido las agallas, la decencia, la visión, de salir en defensa del futuro por el que dieron generosamente sus vidas.
Veamos los ojos de nuestros hijos. Hagamos nuestro deber hoy para que ellos mañana puedan ser ciudadanos honrados y no tengan que ser otra vez guerrilleros. Eso es lo que nos estamos jugando. No nos engañemos. Si no actuamos hoy, lloraremos amargamente. Si no me creen, relean la historia. Los pactos como éste en Nicaragua, los hemos pagado con sangre. Cada vez con más sangre.
Encontrado en: http://www.elnuevodiario.com.ni/archivo/1999/junio/28-junio-1999/opinion/opinion4.html