El Nuevo Diario, 11 de julio de 2001. Managua, Nicaragua.

El Partido Conservador en la encrucijada

Gioconda Belli


 

En los momentos de crisis el humor popular nos salva a menudo del total desencanto. En estos días, en Managua, he notado la presencia en las paredes de algunas pintas que saltan a la vista, no por su colorido o arte, sino por sus mordaces contenidos. Algunas están firmadas «los jóvenes», otras no tienen firma pero creo no equivocarme al pensar que comparten el mismo origen. La más reciente de éstas se refiere a la encrucijada en que está el Partido Conservador y advierte: «PC: O se llenan de gloria, o se llenan de m...»

No lo ponen como lo he hecho yo, con puntos suspensivos, sino con todas las letras. Esta frase, si bien desfachatada en su contenido, refleja en esencia la coyuntura en que se encuentra en la actualidad ese partido político. La división del universo electoral entre dos jugadores con los dados cargados que, a la vista y paciencia de la sociedad, han actuado sin escrúpulos para eliminar a cuanto contendiente pudiera oponérseles, hizo que la fortuita existencia de una tercera casilla adquiriera un valor SOCIAL más allá del partido que la ocupa.

Para un nada despreciable porcentaje de la población, el Partido Conservador pasó a encarnar la única cuña viable para impedir que la puerta del pacto se cerrara sobre nuestra naciente democracia. La percepción de que, dentro de ese espacio, podrían converger fuerzas de diversos signos para forjar —aunque fuera tardíamente— una alianza ciudadana que hiciera viable una opción alternativa a la liberal o sandinista, animó súbitamente el ambiente político. En la historia reciente de nuestro país, nunca como ahora se le había presentado a un partido político una posibilidad tan clara de ampliar dramáticamente su base social y de convertirse en el eje de un movimiento de oposición acogiendo a los sectores que el pacto excluyó de la competencia electoral.

Si la misma visión amplia que albergó la candidatura de Carlos Tünnermann como vicepresidente del PC, lograra prevalecer en la conformación de sus listas de candidatos para diputados nacionales, departamentales y para el Parlacen, estaríamos frente a una calidad nueva en la política nacional. Esta calidad nueva signaría la posibilidad de que un partido como el Conservador, cuyo desarrollo ha estado estancado por un buen tiempo, se reinventara a sí mismo ajustándose a la coyuntura del país, para asumir un liderazgo que le permitiera convertirse en el partido de la diferencia, de la dignidad, de la democracia.

Con un partido así dispuesto, sería posible plantearse una batalla menos desigual con las dos fuerzas predominantes: el PLC y el FSLN. Aunque no se ganara la presidencia del país, habría sin duda un buen chance de construir un tercer bloque en la Asamblea Nacional, que rompiera con el bipartidismo del pacto, al menos en términos legislativos. Es esta posibilidad, sin embargo —la de un buen número de diputaciones— la que, por la miopía del oportunismo político, ha convertido lo que debió haber sido un salto de calidad en una triste disputa interna para curules.

En vez de ver la posibilidad de crecer, incorporando las disidencias del PLC y del FSLN y presentando al pueblo nicaragüense una lista de diputados diversa y de calidad, quienes se resisten a la apertura dentro del PC se han aferrado a no ceder las diputaciones de unos cuantos dentro de su jerarquía. En vez de apuntar a un proyeto de nación diferente, mediante la conformación de una alianza verdaderamente audaz y multifacética, la burocracia del PC está optando por mantener su lastimosa tradición de furgón de cola, o nubecita zancuda.

En las actuales condiciones del país y las que han sido impuestas por el pacto, esto no sólo equivale a un suicidio del partido como tal, sino al descabezamiento de cualquier intento de alterar el equilibrio de fuerzas propiciado por el pacto, cuyas consecuencias negativas ya se empezaron a sentir en la vida nacional.

Si son capaces de pensar más allá de pequeñeces e interses personales, los del PC tienen efectivamente la posibilidad de renovar la vigencia de su partido, asumiendo bajo su insignia al importante porcentaje de nicaragüenses que, en estas elecciones, no se sienten atraídos por los dos polos del pacto. Si bien ya es tarde para augurar gran éxito a una fuerza que se proponga como la alternativa (la oportunidad se perdió cuando el mismo Partido Conservador hizo fracasar, hace un año, el proyecto de la Tercera Vía), el PC puede hacer honor a su color y convertirse en la casilla que marque la diferencia y exprese la rebeldía popular frente al pacto. De lo contrario, serán pasto de las ambiciones personales y se continuarán dividiendo y debilitando hasta desaparecer como bien se lo habrán merecido.


Encontrado en: http://www.elnuevodiario.com.ni/archivo/2001/julio/11-julio-2001/opinion/opinion1.html