El Nuevo Diario, Jueves 26 de Julio de 2001 | Managua, Nicaragua

Las nuevas rebeliones

Gioconda Belli


 

Pocos serán los lectores de esta página que no se hayan enterado de la enorme movilización policial que el gobierno italiano desplegó alrededor de Génova, para impedir las protestas del Movimiento Anti-Globalista contra la reunión, en esa ciudad, de los G-8, los ocho países más ricos en la economía mundial. Los genoveses huyeron de su ciudad, dijo el periódico El País, pero llegaron jóvenes de todas partes a las protestas. La policía construyó hasta muros con alambradas alrededor del área de la reunión.

Finalmente, los manifestantes y la policía se enfrentaron. Un joven perdió la vida cuando un carabinieri, aparentemente acosado en medio de la revuelta callejera, le disparó a quemarropa. Así, trágicamente, culminó esta nueva protesta anti-globalista. Por los hechos se deduce que no falta mucho para que los nominales dueños de todo el capital financiero del mundo tengan que pasar a la clandestinidad y reunirse en secreto en cuevas blindadas, ocultándose de miles de modernos Alí Babás. Sin más poder que sus disfraces, sus ruidos, y su beligerancia, cada vez más jóvenes y adultos en todo el mundo se manifiestan contra las políticas monetarias y ambientales que quieren explotar nuestro planeta y la humanidad, inmisericorde e irresponsablemente, para beneficio de las minorías privilegiadas. Estas protestas «portátiles» no están organizadas por partidos políticos, ni persiguen la toma del poder. Agrupan a centenares de grupos con intereses diversos y se mueven no por los intereses particulares de cada quien, sino por grandes sueños humanitarios: la lucha contra la injusticia, la pobreza y la desigualdad; la necesidad de preservar un planeta que nos pertenece a todos.

La historia no cesa de sorprendernos. Cuando parecía que el aliento utópico y las luchas populares desaparecerían neutralizadas por un capitalismo que se validaba a sí mismo como el único sistema viable en el mundo moderno, surge desde el mismo capitalismo, una posición crítica humanista que se globaliza, trasciende fronteras y, espontáneamente, utilizando la nueva tecnología, se expande como una mancha de aceite. Hasta ahora, este movimiento auto-convocado, que se coordina por correo electrónico, sólo se ha planteado acumular fuerza moral y actuar de conciencia crítica, pero si de problemas globales se trata, no sería iluso pensar que, eventualmente, los partidos locales -desgastados por la corrupción y la mezquindad- serán sustituidos por movimientos, partidos u organizaciones en que los ciudadanos del mundo actuemos de manera transnacional en defensa de los derechos humanos esenciales del ser humano en cualquier parte que sea. Llegará el momento de reconocer que la vida del planeta mismo y la supervivencia de todos, depende también de la justicia social. Si no se hace algo para terminar las hambrunas, para controlar la natalidad, para mejorar la salud de los pobres del mundo, más temprano que tarde -y ya ha empezado a suceder- los países ricos verán tambalearse su bienestar con enfermedades exóticas, migraciones incontrolables, violencia étnica, social y quién sabe cuántos problemas más. No habrá manera de globalizar únicamente el mercado. La globalización es interdependencia y, nos guste o no, pobres y ricos somos interdependientes, compartimos la misma atmósfera, respiramos el mismo aire. A la par del altruismo, hay pues un interés propio, casi intuitivo, de supervivencia, en estos jóvenes manifestantes.

Traigo a colación este asunto aquí, en Managua, porque creo que, a menudo, hastiado y asqueados de los rumbos de la política nacional, los nicaragüenses cedemos terreno a la desesperanza y perdemos la visión de futuro. Tenemos la tendencia -que le criticamos a otros-de no ver más allá de lo que pasa en nuestro país, de no tener ojos más que para los avatares de la politiquería criolla, sus vaivenes y veleidades. Es impactante comprobar lo poco que cuenta el resto del mundo y en los medios nacionales. Cualquiera diría que somos una isla y que el mundo empieza y termina con la corrupción del PLC o los sermones de Ortega. No hay duda que nuestro teatro político es apasionante. Conocemos sus Calígulas, sus Nerones, sus muertes y daños, pero ese circo nos quita energías, nos hace la ilusión de que participamos cuando nos somos más que espectadores, cuando ahora más que nunca, a pesar de que nos las damos de vivos, un par de caudillos mediocres nos dejaron como venadito entre tu huerta. Como en aquel juego de O-A, no podemos ni movernos, ni reírnos más que para donde ellos disponen.

¡¡¡Pero hay un mundo allá afuera!!! Están pasando cosas. No somos el primer país, ni el último al que sus políticos le han jugado sucio. Más bien, como apuntaba al inicio de este artículo, las masas despojadas de poder del mundo están buscando alternativas en otras formas de lucha, en otras maneras creativas de manifestarse y hacerse oír... y sus voces van poco a poco creciendo, van poco a poco alcanzando ecos más remotos. Esas manifestaciones de nuevo tipo están demostrando que la política tradicional está en crisis. Como el intento de transformarla desde adentro es un campo minado, la gente está optando por inventar su propio espacio de acción autónomo a partir de revivir un idealismo romántico, con banderas humanitarias que contienen pero no se rigen por signos ideológicos, ni siquiera por intereses inmediatos. La gente se está reuniendo a partir de sus sensibilidades, de sus dolores, de su percepción de las necesidades y del futuro del mismo planeta. Auto-convocados, auto-financiados, sin personería jurídicas, sin aliarse con grandes partidos, los jóvenes del primer mundo, se tiran a las calles a gritar por los que no tienen comida, ni manera de hacerse oír en los foros donde se discuten sus vidas o muertes.

Aquí en Nicaragua, quizás tardaremos un poco más en ver clara la necesidad de crear nuevos fenómenos políticos de participación amplia. Teníamos esperanzas en construir partidos que funcionaran y para la mayoría, me parece, es difícil, aun ahora con las opciones tan reducidas, descartar esa vía de organización cívica. Habrá muchos que apostarán a consolidar a regañadientes, un sistema bi-partidista. Basada simplemente en las premisas sobre las que se pretende construir ese tinglado, pienso que algo que nació tan viciado y amañado, no puede devenir en santo digno de devoción. Habrá nuevas crisis y será entonces la hora de pensar en cómo conectarse con los vasos comunicantes de las energías que se mueven actualmente en el mundo. En tanto hay que mantenerse al día, seguir estos fenómenos, darse cuenta de que la imaginación política sigue andando, de que hay signos nuevos en el horizonte; signos que hay que aprender a leer.


Encontrado en: http://www.elnuevodiario.com.ni/archivo/2001/julio/26-julio-2001/opinion/opinion3.html