El Nuevo Diario, Lunes 13 de Marzo de 2000 | Managua, Nicaragua

La tercera vía en el mundo y la que podemos construir

Gioconda Belli


 

Sucede a menudo en Nicaragua que empezamos a utilizar términos —y me quiero referir al caso del uso de «Tercera Vía»— limitándolos a las significaciones más obvias, pero sin profundizar en lo que el término implica en un sentido político más profundo. En este sentido quisiera aportar a la gestación y discusión sobre lo que significa esta Tercera Vía que el Movimiento Democrático está abanderando, pues creo que su éxito será el éxito de todos los nicaragüenses que deseamos una alternativa al bi-partidismo libero-sandinista que se nos pretende imponer.

Hablar de una Tercera Vía es no sólo oponerse o al liberalismo como doctrina social y económica, encarnada en el PLC; o al populismo maquiavélico en que degeneró, a manos de los hermanos Ortega, la propuesta de revolución social que hiciera el sandinismo. Hablar de Tercera Vía es hacer una propuesta política distinta y por lo mismo creo que es importante hacer un poco de historia y empezar a reflexionar sobre lo que se requiere para construirla en Nicaragua.

A raíz del fin de la guerra fría, se empezó a hablar de Tercera Vía en los países desarrollados como una propuesta alternativa que aspiraba a sintetizar, tomando en cuenta las experiencias de los sistemas socialistas y capitalistas, algunos de los predicados fundamentales de ambos planteamientos. La Tercera Vía que se discute actualmente en el mundo, por ejemplo, si bien acepta que el libre mercado es necesario para organizar la economía, se plantea la necesidad de que cada persona pueda contribuir al conjunto de la riqueza social mientras ejerce su libertad de iniciativa responsablemente.

A diferencia del liberalismo económico o del neo-liberalismo, a la propuesta de la Tercera Vía se le atribuye la idea de un «capitalismo con rostro humano». Es decir, un capitalismo regulado, donde el gobierno juegue el papel de balance entre los intereses individuales y los intereses de la sociedad —especialmente de los más pobres dentro de ésta. Es así que la Tercera Vía aboga por una gestión estatal más eficiente para resolver problemáticas sociales agudas como la pobreza, el acceso de los ciudadanos a un sistema de salud de calidad y a una educación que a la par del desarrollo técnico de las fuerzas productivas de las naciones, aspire al desarrollo de la potencialidad humana de manera integral.

Las dos personalidades políticas que han encarnado en el mundo la propuesta de la Tercera Vía han sido hasta el momento, el presidente norteamericano Bill Clinton y el Primer Ministro inglés, Tony Blair. Ambos han cosechado éxitos muy grandes en su gestión administrativa, pero también se han encontrado con grandes obstáculos. Bill Clinton, por ejemplo, no pudo llevar a cabo el más ambicioso proyecto de su campaña electoral: la reforma del sistema de salud, porque los republicanos —que abogan por un estado que tenga en la política interna del país cada vez menos ingerencia, dejando al mercado en absoluta libertad y descentralizando la administración— se opusieron a que el estado interviniera en regular las ganancias de hospitales, compañías de seguros y compañías farmaceúticas. Clinton, por otra parte, ha visto coartadas muchas de sus iniciativas y ha tenido que hacer grandes concesiones a la derecha de su país. Esto se ha debido, en parte, a que la mayoría republicana domina el congreso que debía de aprobar las iniciativas del presidente y a que los republicanos se propusieron, desde el principio, sabotear sus propuestas.

A Blair se le hacen otra serie de críticas, pero, en general se reconoce que su llegada al poder en Gran Bretaña, significó al menos un cambio de rumbo en la derechización impulsada por los «torys» con Margaret Thatcher a la cabeza. Desde la izquierda, por otro lado, el primer ministro francés, el socialista, Lionel Jospin ha trabajado la propuesta de la Tercera Vía enfatizando la defensa de los trabajadores y de la identidad cultural nacional, entre otras cosas, promoviendo en Francia el proteccionismo que aspira a salvaguardar la integridad de la vida francesa frente a las fuerzas de la globalización.

La Tercera Vía no es aún, en ninguna parte, un concepto acabado, rígido o a prueba de errores, pero refleja la búsqueda creativa de hombres y mujeres por encontrar una alternativa que sintetice las experiencias económicas y políticas de la humanidad en el siglo XX y perfile una nueva visión social que devuelva al ser humano la posibilidad de mejorar su vida personal y colectivamente, aprendiendo de los errores del pasado y valorando si el rumbo actual del desarrollo conduce a la felicidad o a la monetización implacable de todas las esferas de la vida. Para hacer la síntesis que puede conducirnos en Nicaragua a la consolidación de una Tercera Vía nuestra, es necesario que hagamos una valoración seria de los errores de los últimos veinte años; es necesario que los dirigentes del Movimiento Democrático involucren a los nicaragüenses en el proceso de encontrar las soluciones.

Construir un norte hacia dónde apuntar nuestros sueños es fundamental para superar el estado de descomposición moral y de desaliento en que nos encontramos. Es fundamental para desatar la energía del pueblo, para que nos entusiasmemos todos en participar en la construcción de una nueva alternativa que, de una vez por todas, le dé el golpe de gracia al cinismo, a la corrupción, al personalismo de los caudillos que no tienen más propuestas que las que les dicta su oportunismo y su afán de poder.

Yo saludo como un hecho de enorme trascendencia que marca la madurez de importantes fuerzas políticas en Nicaragua el que un grupo de partidos hayan optado por dejar de existir de manera individual para constituir, no una alianza, sino un movimiento nuevo. Que éstos partidos que hoy constituyen el Movimiento Democrático hayan accedido a morir para dar a luz a la Tercera Vía como un proyecto unitario, es por sí solo un gesto sin precedentes en el país, que debe llenarnos de esperanza.

Creo que es hora de que se aproveche ahora el trabajo que han hecho grupos de la sociedad civil, ONGs, centros de investigación, para hacer encuestas e investigaciones que contienen datos imprescindibles para hacer una valoración correcta de los errores pasados y las aspiraciones más profundas de los nicaragüenses. Hay que unir tantos vigores dispersos en la elaboración de una nueva visión de lo que puede llegar a ser nuestro país.

Creo que es hora de que los nicaragüenses hagamos el duelo por lo perdido, enterremos lo que ha muerto y saquemos otra vez del desván los sueños maltrechos y polvosos para ver cuáles pueden volver a brillar y cuáles ya no tienen nada que ver con nuestra realidad. Es hora de que sumemos energías e inteligencias y lanza en ristre salgamos por los caminos a luchar por la esperanza, sin dejar que los ladridos de los perros o el escarnio de los cínicos nos detenga.


Encontrado en: http://www.elnuevodiario.com.ni/archivo/2000/marzo/13-marzo-2000/opinion/opinion6.html