El Nuevo Diario, Sábado 28 de Abril de 2001 | Managua, Nicaragua 

El ojo en la pluma

Saudade. Claribel Alegría

Colección Visor de Poesía 1999. 66 págs.


 

Pido disculpas a los lectores por haberme ausentado el mes de Marzo. Estuve viajando por Europa con mi libro “El País bajo mi piel” que apareció en España, Italia, Holanda y Alemania. Fue un viaje agotador pero muy fructífero. Me impresionó comprobar que sigue existiendo gran interés por la creación nicaragüense, especialmente la literatura.

Para aportar al conocimiento de una de las más importantes mujeres escritoras que tenemos hoy en Nicaragua, decidí dedicar la columna a Claribel Alegría, cuyo libro más reciente “Saudade”, ha sido recibido con grandes elogios por la crítica internacional.

 

FotoPocas veces se nos presenta a los lectores de poesía, la experiencia de un libro de poemas cuya estructura total tiene la redondez y contundencia de un poema perfecto. Los que nos dedicamos al oficio de la poesía sabemos que, por lo general, los libros de poemas son como armarios en los que se acomoda más ropa de la que alcanza. Es raro que una, o un poeta demuestre el auto-control que se requiere para hacer la feroz y necesaria selección y exigirle al libro de poemas la misma envoltura apretada que se busca de cada poema en particular. “Saudade” de Claribel Alegría tiene esta rara cualidad. Las sobrias cubiertas negras de la edición de Visor, encierran en sesentiseis páginas, cuarentisiete poemas que se asoman al pozo profundo de la muerte del amado y registran con versos de una mesura asombrosa un dolor imposible de cuantificar. Ser capaz de decir la ausencia y el desgarro con la absoluta y rotunda eficacia con que lo hace Claribel, requiere de un dominio extraordinario del oficio poético. El poema del que el libro toma su nombre, “Saudade”, termina, por ejemplo, con estos dos versos:

 

No volverá a repetirse

nuestro amor.

La poeta lo dice con la absoluta convicción del desconsuelo de la muerte. Pocas palabras y, sin embargo, al leer el poema, uno siente el vacío, la impotencia, la experiencia directa de una nostalgia que sólo puede comprender quien la ha vivido. Este libro, curiosamente, no es, sin embargo, una lamentación desesperada. Como si el sol se asomara por las ranuras de una habitación cerrada, la fuerza vital de Claribel se impone a la desolación en un proceso que la poesía registra con una sutileza exquisita. En el transcurso de este viaje

hacia el abismo, vemos a la vida y a la poesía conquistar la muerte y, al final, es la alegría que Claribel admite casi a regañadientes, la que saca al amado de las sombras y lo hace vivir otra vez transmutado en númen. Leyendo este libro pensé que es como si Claribel tuviera al fin que admitir que desde que se llamó Claribel Alegría, la luminosidad y el gozo la habitaran como un viento que para siempre le hinchará sus alas de pájara cantora.

 

Una y otra vez en el libro, se repiten estas perfectas equivalencias poéticas de algunos de los más díficiles sentimientos humanos: la incapacidad de aceptar la muerte,

la humillación de la impotencia humana frente al tiempo, la falta de control de la duración de nuestra existencia, la culpa de darnos cuenta que, a pesar de la perdida del amado, nos aferramos a la vida y podemos volver a ser felices. Una y otra vez, Claribel Alegría nos deslumbra con el perfecto modo con el que fija en el papel tanto su desamparo, como su reticencia a abandonarse a la tristeza.

Dos ejemplos: En “Insomnio”:

 

Digo amor

y lacera mi cuerpo

el desamparo

 

 

Y en “No puede”:

 

No puede conmigo

la tristeza

la arrastro hacia la vida

y se evapora.

Realmente estos poemas alcanzan una perfección pocas veces vista en la poesía centroamericana. Con una brevedad que los acerca al haiku –otra característica poco usual en nuestra región- esta poeta, en total dominio de su oficio, somete a su palabra y al papel, el conflicto de quien debe seguir viviendo con la mitad del alma silenciada.

 

Es interesante notar la falta de artificios de este libro de Claribel. El duelo se expresa, no sólo en lo que el poema dice, sino en la sobriedad de los recursos empleados para decirlo, de tal manera que uno capta en ese lenguaje escueto y minimalista, un mensaje soterrado que admite que las palabras son insuficientes para expresar un dolor de esa magnitud.

 

El único juego de sombras que se permite Claribel no es por la vía del lenguaje abundante o simbólico, sino volviendo a visitar los personajes mitológicos que de vez en cuando aparecen en su poesía. Existe en el lenguaje poético de esta autora un sentido de sí misma como sacerdotisa de la palabra. Ella es una poeta que reconoce el carácter mítico, sagrado de su oficio y que se siente responsable no sólo de la efectividad, sino de la excelencia del ritual que ejerce cada vez que escribe un poema. Como pocos poetas, Claribel tuvo la suerte de tener como mentor, cuando apenas se iniciaba en la poesía, al gran poeta español, Juan Ramón Jimenez. Me ha contado lo estricto que Jimenez era con ella, cómo

la hacía trabajar y volver a trabajar un poema hasta decantarlo como si se tratara de un diamante.

Ese sentido de la poesía como un arte que, a la vez que responsabilidad, es legado de los Dioses y númen que nos permite trascender el tiempo, le permite asumir la personalidad mítica de los clásicos helénicos e identificarse con Ariadna, Circe, Artemisa, Sísifo, Hermes, Icaro, Prometeo, y, en un golpe de mano magistral, sustituír a Orfeo para irse ella a busca r a su amado al inframundo.

 

Dame tu canto

Orfeo

tu palabra

una lira forjada

con las cuerdas

de mi ser.

Debo descender

al reino de los muertos

despertar a mi amado

y hechizarlo.

 

Pienso que “Saudade” está sin duda llamado a ser una de las obras maestras de la literatura centroamericana. Todos los poetas –y se los recomiendo especialmente a quienes se inician en el oficio- debemos leerlo para reevaluar la esencia de lo que es una poesía llevada a su expresión más acabada.

 

No en balde “Saudade” ganó el Premio de Poesía de los Editores Independientes del año 2000 en Estados Unidos y ha recibido con grandes elogios por la crítica internacional. Esperamos que pronto haya una edición nicaragüense.

Los Angeles, Abril 23, 2001


Encontrado en: http://www.elnuevodiario.com.ni/archivo/2001/abril/28-abril-2001/cultural/cultural10.html