El Nuevo Diario, Miércoles
1 de Noviembre de 2000 | Managua,
Nicaragua
| ¿Quién se enfrentará al fantasma de la guerra? |
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Gioconda Belli
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El Partido Liberal y el Frente Sandinista de Daniel Ortega, al reclamar para sí la herencia bi-partidista de nuestro país y querer constituirse en las nuevas «paralelas históricas», están cometiendo un grave error. Este error eventualmente no sólo les costará a ellos la vigencia de sus opciones políticas, sino que le costará sangre y guerra nuevamente al pueblo nicaragüense.
En estos últimos meses, como en una pesadilla, los fantasmas de nuestra historia han vuelto a salir de sus tumbas. Maniobras, argucias legales, zancadillas han caído como una red de cazar tigres sobre la democracia nicaragüense. Un consejo electoral bi-partidista cuyos miembros, sin excepción, tienen claras alianzas y lealtades políticas con los partidos que los destacaron a esos cargos, se encargan de sofocar y descabezar de cuajo los intentos de otros partidos o emergentes fuerzas políticas, por competir con sus autoridades: los liberales y los orteguistas.
Los argumentos para sacar del juego a la competencia son de todo tipo. En el caso del Movimiento de Unidad Nacional -puesto que esta fuerza no les ha dejado abierto ningún flanco- las razones llegan al ridículo. Primero como el MUN dijo retóricamente que les revisarán las firmas una por una, los magistrados alegaron que les estaban «dando gusto» retardando la verificación de las firmas, queriendo con esto lograr que el MUN no pudiera cumplir con el calendario electoral. Como esto no funcionó, ahora les dicen que las personas que obtuvieron su cédula después de 1996, no pueden considerarse firmas válidas para proponer al Consejo la formación de este partido. ¡Habrase visto! ¡Que les revisen las firmas al Partido Liberal con este criterio, por demás completamente absurdo!
¿Cómo se le va a negar a cualquier persona en edad de votar la expresión de su voluntad de conformar un partido político, con el argumento de que su cédula es nueva y no data de 1996? ¿O sea que hay «cedulados históricos» y otros «aspirantes» a cedulados con plenas facultades? Eso parece sacado íntegro de los estatutos del FSLN donde había un estatus para los militantes históricos de la segunda promoción, y otro para todos los demás.
Pero, claro, lo grave de todo este asunto es que ante estas arbitrariedades, YA NO HAY A QUIEN RECURRIR. La Corte Suprema de Justicia, ante quien se podría apelar una decisión de esta naturaleza es ahora, igual que el Consejo Supremo Electoral, un organismo bi-partidista. Sus designados no obedecen a la imparcialidad que se requiere en esta magistratura. Son parciales en favor de sus partidos. Como la línea del partido es que no exista el MUN, el MUN no existirá. No existirá nada, ni nadie que ellos no quieran que exista. El Partido Conservador se salvó por la presión internacional, porque la comunidad internacional amenazó con retirar la ayuda, pero eso no impidió que le pusieran zancadillas a Pedro Solórzano. Seguramente le seguirán poniendo obstáculos en su ruta hacia la candidatura presidencial. El Partido Conservador pagará un enorme costo en esas elecciones porque desde sus oficinas los dos partidos del pacto NO TENDRAN NINGUN ESCRUPULO para desacreditarlos y neutralizarlos como fuerza política.
¿Qué pasa entonces cuando se cierran los cauces democráticos, los endebles derechos que aún estamos aprendiendo a ejercer y que le costaron a Nicaragua CINCUENTA MIL MUERTOS? Queda la rebelión. Los pobres se vuelven a morir. Ya empezaron a morirse por esta razón y no otra en la Costa Atlántica.
Que estos nuevos reyecillos que intentan dejarnos sin más alternativa que la lucha pongan su barba en remojo. Allí están Serbia y Costa del Marfil. La gente salió a las calles en masa. Un millón de personas en la calle son un montón de gente. No es necesario morir, pero sí es necesario unirse, decidirse a salvaguardar la democracia. El costo de no hacerlo, que no lo dude nadie, será, tarde o temprano, la guerra.
viembre/01-noviembre-2000/opinion/opinion7.html