Nicaragua
No votaremos
Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y Sergio Ramírez
El Nuevo Diario. Nicaragua, 10 de octubre.
La posibilidad de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) gane las elecciones de este año, ha vuelto a generar interés entre quienes vieron en la revolución triunfante de 1979 una esperanza cuyas promesas frustró la guerra y la intervención extranjera, así como muchos errores manifiestos de sus dirigentes, que se alejaron de los ideales éticos de Sandino. Esos ideales siguen representando la dignidad nacional, la democracia plena y la justa distribución de la riqueza.
A partir de entonces la miseria se ha agravado, la riqueza se concentra cada vez en menos manos, y los escándalos de corrupción se suceden uno tras otro. La responsabilidad moral que debe obligar a los gobernantes en una sociedad democrática ha sido sustituida por el engaño y el cinismo, y la sociedad se ve presa del desencanto y de la desesperanza.
Del FSLN no quedan más que las apariencias, los colores y la retórica, aunque no hay duda que cuenta con numerosos seguidores fieles a las viejas banderas revolucionarias. Pero su dirigencia ha abandonado los presupuestos éticos que un día inspiraron nuevas esperanzas para Nicaragua. Ha recurrido a pactos y maniobras amañadas, y no ha vacilado en descabezar otras alternativas políticas, o volverlas sus rehenes, con el solo objetivo de que Daniel Ortega retorne a la presidencia del país en su tercer intento.
La democracia se encuentra secuestrada hoy en día en Nicaragua por la voluntad arbitraria de dos caudillos, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, que a través de un pacto en la sombra han cercenado la pluralidad de opciones políticas, obligando a muchos a escoger lo que consideran un mal menor, o abstenerse de ejercer el voto.
No podemos votar por los responsables de este golpe de mano contra el futuro de la democracia y de las opciones cívicas en nuestro país. No podemos votar, ni por Enrique Bolaños, que como vicepresidente ha sido corresponsable de todos los abusos cometidos por el gobierno actual, ni por Daniel Ortega quien, en su ambición de recuperar el poder, ha irrespetado los principios democráticos. Ambos representan el pasado.
Nicaragua necesita una renovación moral, que pasa por enterrar la corrupción, y necesita gobernantes que tengan compasión por los más pobres y necesitados, convertidos hoy en carne de cañón electoral, y engañados con promesas que nunca podrán ser cumplidas. Nuestra esperanza es que una nueva generación de nicaragüenses asumirá ese reto.
La perspectiva democrática de Nicaragua no se cierra con las elecciones de este año. El pueblo nicaragüense no aceptará seguir de desilusión en desilusión. Más temprano que tarde el proceso electoral tendrá que recobrar su verdadero sentido, y las instituciones, hoy malversadas, llegarán a estar por encima de las ambiciones personales.
Mientras tanto, no podemos renunciar a nuestra conciencia crítica. Y por respeto a la democracia, no votaremos mientras no recuperemos la plena libertad de elegir.
Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y Sergio Ramírez
Octubre del 2001Encontrado en: http://www.lainsignia.org/2001/octubre/ibe_035.htm