Gioconda Belli. De la costilla de Eva (1986)

 

IN MEMORIAM

Como una inmensa catedral,

ahumada de tiempo y peregrinos,

abierta de vitrales,

cobijada de musgo y pequeñas violetas olorosas,

esta noche oficio para vos

un In Memoriam cálido,

una lámpara ardiendo.

Por los más oscuros pasadizos de mis muros internos,

a través de intrincados laberintos,

de puertas canceladas,

de candados y rejas,

camino hacia el encuentro de tu sombra.

Tu efigie de largas vestiduras monacales

me espera en el atrio del recuerdo

junto a la fuente silenciada.

Arrastro las largas vestiduras del encierro.

No sé si notarás,

cuando callada te me acerque,

como mi corazón semeja un cirio

y como se me amontonan en los ojos

todas las mieles espesas de la sangre.

En el redondo espacio temporal

de esta noche en que invoco tu nombre,

alzo el manto que oculta quedamente el secreto,

te muestro el altar de los suspiros,

la caja cincelada donde guardo tus gestos,

el conjuro de rosas que perfuma mis huesos.

Mi cuerpo tu perenne habitación.

Tu morada de las suaves paredes.

Quizás ya no recuerdes

como ocupabas sus entrañas,

sus celdas enrejadas,

pero ellas conocen los murmullos, los cánticos.

Basta una chispa y lo muerto revive,

lo que pensábase dormido, despierta.

Oficio así esta resurrección,

este rito de invierno,

abierta, florecida como las limonarias.

Te enrostro mi amor enclaustrado,

sepultado tras días y barrotes de acero,

este amor sumergido tras pétalos de agua,

conservado en archivos subterráneos

lapidado, proscrito, negado miles de veces,

intacto zarzal sin consumirse,

delicado reducto que la sangre preserva.

Lo pongo de nuevo en su lugar,

en su jaula del jardín de maduras manzanas,

lo condeno otra vez a la ceguera, lo silencio.

Ya mañana

trataré de olvidar

que, de luto, esta noche

me habitaste de nuevo

y fui aquella mujer que te llamaba

sin que jamás tu voz le respondiera.