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SOBRE
LOS RELATOS DE GUSTAVO DI PACE
"Un pasado, un presente y un futuro
hechos de la misma sustancia...". La
frase, que asalta al lector desde un pasaje
de «Don Orlando», de Gustavo Di Pace,
brinda una aproximación posible al clima
espiritual de este narrador. A su universo
personal.
Se sabe: cada escritor mastica unas cuantas
obsesiones que se traducen -en el mejor de
los casos- en voz propia, intransferible. Di
Pace sorprende por la riqueza imaginativa,
la eficacia de
las imágenes, la precisión de un lenguaje
que sabe dar cuenta de la extrañeza de
todo, de lo fantasmal que acecha al dorso
del cotidiano vivir; en el revés de la mal
llamada "realidad". Porque, lo ha
señalado el poeta Vicente Huidobro, la
realidad es también lo que no es, lo que no
fue pero acaso habrá de ser. Un espacio de
ensueños, pesadillas, metamorfosis; lo más
corriente volviéndose lo-Otro.
Estos relatos, muchos de ellos muy breves,
vuelan por sobre cualquier anécdota fácil:
lo de Di Pace es la elipsis, lo no dicho, lo
invisible. Lo extraño que habita del otro
lado del espejo y que otorga verosimilitud,
por ejemplo, al curioso estado de Blas
Mazzone, en constante y opresiva vigilia
tras haber aprendido -¿privilegio o
condena?- a no dormir; a no ser como los demás.
En otro tramo del libro, quizás la congoja
se manifieste en un llanto que deviene olas,
amarillo jugo de limón; congoja redimible
por un par de bellos pies femeninos,
"dos pequeñas formas de la
naturaleza." Como sea, en tan notable
galaxia narrativa uno de los textos que más
llegó a quien esto firma, es «Los patios
interiores»: esa "conciencia
tubular" del protagonista, esas
"alas de alquimia" exacerbadas por
un episodio trágico. Una angustia que halla
su par, su alucinante réplica en cierta señora
que, como el personaje del cuento, también
combate a los patios interiores inundando su
vivienda con lámparas. Clima exasperado que
recuerda, ¿por qué no?, al del gran
uruguayo universal Felisberto Hernández.
Jorge Ariel Madrazo
(poeta y narrador)
E-mailiando
con... Gustavo Di Piace
Sección
a cargo de Viviana Rosenzwit
Viví
Libros.com
¿Cómo
cree que influyó el psicoanálisis en
relación a su escritura?
Las
relaciones (no sé si su influencia) son
variadas, tal vez puedo arriesgar aquí
algunas de ellas.
El hecho de re-pensar mi propia oralidad en
el psicoanálisis y conocer un poco más de
mí, podría relacionarse con el hecho de cómo
leo luego algunas anécdotas que ocurren en
las historias, pero la información que aquí
recojo tampoco es decisiva, ya que muchas
veces son psicologías propias de aquellos
seres que uno crea, son pensamientos comunes
al contexto, etc.
Entonces
llego a la idea de Roland Barthes ("el
lenguaje escrito es la destrucción de toda
voz") sobre la muerte del autor. Si el
lenguaje escrito vive por sí mismo
independientemente de mí, me pregunto si en
el análisis yo mismo no soy en torno a los
otros y a lo otro que ha influido sobre mí...
una especie de esponja que se nutre del
contexto.
Lo
importante para mí es no pensar estas
cuestiones antes del acto creativo, ya que
sinceramente creo que no aportan más que un
espíritu crítico que coarta el hecho
creativo, tal vez no sea este un pensamiento
simpático, pero en cuestiones artísticas
se manejan otros códigos. Luego de
consumada la obra viene el cincel de la razón,
antes, jamás.
Otra
relación es el análisis del lenguaje,
aunque en el psicoanálisis la materia a
dilucidar es la oralidad, sus modos, sus
idas y vueltas, sus espontáneos devenires,
equívocos, etc., en la literatura el
estudio se hace sobre la palabra pulida,
trabajada.
Este
hacer y re-hacer constante con la palabra y
ese oírse hablando me acercan al lenguaje,
me comunican con él de una manera inédita
que me ayuda a utilizarlo de manera más
eficaz de lo que lo hacía cuando no me
psicoanalizaba.
¿Se
podría pensar que existe un estilo de
escritura que engloba a los de su generación?
o el estilo es siempre singular de cada
autor?
Supongo
que sí, creo que uno está siempre dentro
de una ideología y un contexto, es muy
probable que haya puntos en común entre
todos nosotros, por otro lado, pienso que
sería valioso que más allá de estas
coincidencias lógicas, uno como autor debería
buscar un lenguaje propio, es decir, la
originalidad que nos caracteriza, y eso se
logra mirando para adentro.
¿Cómo
definiría su estilo literario?
Si
usted se refiere a estéticas o corrientes
literarias, le diría que me interesa jugar
con lo no dicho, la elipsis, pero no sé
sinceramente qué etiqueta ponerle a lo que
hago porque no me interesa buscarle un
nombre. Si alguien afirmase que practico el
minimalismo o un nuevo tipo de
neo-surrealismo postmoderno, no podría
menos que asombrarme...
En
lo que respecta al estilo, para mí este es
un modo de escribir, una mirada del mundo,
cuando más se trabaja y más se observa
(todo escritor es un gran observador), más
se enriquecerá la mirada, volviéndose
particular. En consecuencia, este punto de
vista distinto y original definirá nuestro
estilo. Y ese estilo será único e
irrepetible.
¿Usted
tomó una frase de ¿Qué es la filosofía?
para abrir su primer libro: "El arte
lucha con el caos, pero para hacerlo
sensible...". Qué nos puede decir, a
su parecer, de la relación entre la
escritura y el caos?
Me
gustó esta cita porque este filósofo pudo
poner en palabras algo que yo intuía.
Según
Deleuze, el caos es aquello que no tiene
forma, y uno, desde una metáfora, vislumbra
el caos y le pone forma, convirtiéndolo en
otra cosa, en poesía, en un hecho estético.
La tarea del artista sería, según este filósofo,
componer una imagen del caos, crear un
"caosmos".
Y
luego de conocer esta frase, me sentí
identificado como autor ya que plasmaba
también las búsquedas internas de los
personajes de Los Patios Interiores.
Entiendo
que cuando un escritor escribe ficción
habla con el personaje. ¿Cuál es la relación
entre usted, como autor y los personajes de
sus cuentos?
En
mi caso no sé si hablo con el personaje, yo
aseveraría que a veces soy el personaje, y
también ocurre que a veces los personajes
son otras personas, pero vistas desde la
construcción que yo como autor hice de
ellas, y aún así luego estos seres imponen
sus propias reglas y poseen personalidades
diferentes que yo no había imaginado.
Al
principio yo no creía que estas cosas
pudiesen suceder, suponía que no eran más
que grandilocuencias de artista... pero,
cuando tuve por primera vez una historia
interesante y un personaje fuera de lo común
en mis manos, le aseguro que no solo sucede
sino que mi yo se multiplica.
¡Y
la sensación de mi yo multiplicado es
vertiginosa! |