Hernán Zamora

 

Hernán Zamora nació en Caracas en 1964. Arquitecto, egresado de la Universidad Simón Bolívar en 1988.  Fue responsable del proyecto de recuperación del Antiguo Hospital de Caridad (Lutowsky,1870), ahora Centro de las Artes en Ciudad Bolívar. Se desempeña como docente en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela y es aspirante al doctorado en arquitectura de esa institución. Entre 1998 y 1999 participó en el Taller de Creación Literaria, mención poesía, del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Ha colaborado en distintas publicaciones periódicas, impresas y digitales. Recibió el XIII premio de poesía Fernando Paz Castillo, en junio de 2000, auspiciado por el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, con el poemario titulado Desde el espejo del baño, publicado por la editorial la liebre libre en octubre de 2002.

 

Ofrecemos una selección de su obra Desde el espejo de baño, Editorial La liebre libre, Maracay, 2002.

 

  

Presencio

una encarnizada batalla

 

 

quien-soy

contra

quién-soy

 

          sin treguas

 

          sin sangre

 

          sin cruce de espadas

 

         

Sólo

un silencio ensordecedor


Un día, de tanto verte, te vi.

Rafael Cadenas

 

 

 

 

De tanto ver

 

me

 

vi

 

 

 

nadie


 

 

 

 

 

 

Me hallo

          semejante

al que habita en el espejo

 

Temo

 

¿Habrá

          alguna diferencia?

 

¿Soy el reflejo de otro?

 

¿Soy sombra

                   en mí?


 

 

 

 

 

 

El cuchillo en una mano

garra la otra

       ambas

atenazadas con terror por las de él

 

Los gritos caían

como un millar de invisibles aguijones

sobre el niño

convertido en misérrima esfinge de sal

 

El cuchillo en la mesa es otro

y de hombre son sus manos ahora

Su boca está llena de noche

y sus ojos

       de más nunca

 


 

 

 

 

 

 

Hoy te levantaste

                    creyendo

 

en cualquier cosa

          (no exiges mucho)

sólo quieres

                    creer que crees

 

que la ciudad espera tus ojos

que la mañana refresca las razones para despertar

que no te deterioras

que no estás cansado

que tus manos no son pequeñas

que no estás tan gordo

que no sufres de eyaculación precoz

que no eres una eyaculación precoz

que a treinta y tres años no serás clavado

          por ladrón por iluso por amable

que embriagarte de alegría te hace bien

          y a nadie dañas

que sabes amar

          y decides ser amante

que puedes

que quieres

          y vivir no es la dificultad

          que todos predicen y comprueban

 

Hoy te levantaste

                    creyéndote

(inútil)

          una vez más


 

 

 

 

 

Autorretrato

 

Una línea dibuja el vacío

se curva frente al olvido

contiene los rasgos mortales de la memoria

 

Otra línea se sumerge hasta el fondo de los ojos

busca lo inasible

          lo que nunca ha estado

          lo perdido

se hunde en esa luminosa arena

de la que se hacen fuegos

          y lagartos

 

Fluye horizontal una tercera línea

          hasta aquella presencia azul de tan lejana

          escurridiza certeza entre las manos

fluye aún entre la piedras    rueda cantos

          moja tierra y pie  rostros          sombras

en su vientre un dragón sueña

          un puente que no alcanza las orillas

          una palabra presa en las telarañas de un antiguo corredor

 

La cuarta línea está de punta

parece inmóvil

          en torno a ella giran

          unos niños que juegan a la ere

comienza a ras del suelo y no sé su nombre

          nadie sabe de qué está hecha

          hacia dónde va.


 

 

 

 

 

 

La luz se fractura cuando atraviesa la celosía

y se dispone sobre el suelo según

el riguroso designio de la madera

 

Sobre el mismo suelo se halla mi cuerpo

horizontal

extendido

un ojo en luz

el otro en sombra

y mi boca en cuenco

esperando que lluevan

palabras


 

 

 

 

 

 

Todo continúa igual

       otra mañana se alboroza cuando trepa entre las ramas

       los mismos obreros vuelven a desmontar

          el mismo encofrado

       ruedas piernas y motores

          se cruzan diariamente por las calles

 

Todo parece continuar igual

       los despojos de aquella noche interrumpida

          se han desdibujado

       y el eco de promesas fracturadas

          no ha dejado rastros visibles en el aire

 

Todo se anuncia igual

pero nada permanece

en su sitio   es decir   dentro de mí

o dentro de ti       tal vez

aunque en ti todo es adentro y todo es afuera

todo es luz y sombra    sólido    permeable

ausencia    memoria    resguardo y olvido

 

Todo eres tú

y yo

       oculto en las aceras

soy la sombra avergonzada

de un errante

       tránsfuga del tiempo que me muerde

incapaz de mencionar tu nombre

sucio como estoy de toda culpa

cubierto con andrajos de mentiras

y adicto al miedo

       ese miedo áspero de forma

que sostiene todo igual

       igual

       como si nadie nunca hubiese despertado

       agazapado en las retinas

Pantera herida tras las rejas

       de mis propios sentimientos

Bestia ululante hecha de furia y ruego

       sigilos   torpezas

       orgullo y terror

 

Quizás nada permanezca    sólo yo

       ciego de tanta certeza

inútil de comprender que todo continúa

       igual día tras día

para que reconozca tu aliento breve e infinito

como tu nombre

      

       Dios

 

Temo que no pueda soportar tu compasión y me deshaga

después de todo    sigo apegado a esta vida que me diste

       por eso tengo miedo de tus ojos

por eso temo que al buscar

un rostro limpio

sólo halles en mí la cicatriz

que tu palabra

       bendita

me dejó

       en las comisuras de los labios

 

 

 

 

 

 

 

Llegará tu nombre

          a la vanguardia

conjurado entre fuegos de medianoche

 

Traerá

          trozos de sombra por bastimento

empuñará silencios

 

Habrá de buscar

          una casa desolada

algún umbral que arroje

          su figura a contraluz

así podrá conquistar

          cuanto aún perdure del presente

 

Escuchará un llanto

hallará

          polvo telarañas

          un nombre de manos desnudas

          una oscura voz

          un rincón

 

Antiguas ventanas serán abiertas

 

De tu vientre

          otra voz

          lejana

          por venir

será grito  alas  blanquísima arena

          cayendo sobre el cuenco sediento de la mañana

 

Tu nombre   y   las manos desnudas

          abrasarán palabras

          para condenar toda soledumbre

 

Tu cuerpo seguro

          habrá de llegar varios días después

 


 

 

 

 

 

Todas las mañanas me asomo a la ciudad

          desde el espejo del baño

extiendo mi mano buscando algún rastro de lluvia

          extraviado en la madrugada

algún resto de sueño

          negado a despertar

 

Aunque todo parece permanecer

          siempre algo revela

          una diferencia

          un mínimo despojo

          un imperceptible amago de renuncia

después de todo

          el rito matutino consiste

          en desvestirnos la noche

 

La inexplicable insistencia

          de caminar descalzo

          sobre un suelo silencioso

          cuando el día despierta

          requiere de una bizarra disposición

que al llegar a esa íntima ventana

          hallaré

          sobre la vista que contemplo

          otro surco que presagia

          el advenimiento

          de una noche inexorable