De sicarios y secuestros

Juan José Dalton


Robocop, un desmovilizado de las fuerzas especiales del ejército salvadoreño, se convierte en un sicario, protegido por un oscuro personaje que lo saca de la cárcel para que asesine a una mujer de la "alta sociedad" (Olga María). Laura Rivera, amiga de la víctima, sufre de paranoia al imaginarse que el criminal la encontrará para cocinarla a balazos.

Pero Robocop sigue su camino al mando de personajes siniestros del poder político y económico. Se envuelve en una suerte de orgía de la muerte: asesina a un ex jefe rebelde; se vincula a un clan narco en Guatemala; elimina a otros sicarios; regresa al clan mafioso salvadoreño y finalmente termina convertido en un agente encubierto de la DEA.

Tal historia está narrada en las dos últimas novelas de Horacio Castellanos Moya, La Diabla en el Espejo (2000) y El arma en el hombre (2001), publicadas, respectivamente, por Ediciones Linteo y Tusquets, de España.

La otra narración a la que quiero referirme está contenida en la novela del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, El cojo bueno (Alfaguara, 1996). La trama se desenvuelve a partir del secuestro de un joven acaudalado (Juan Luis Luna), a quien sus victimarios le cercenan un dedo y finalmente un pie para convencer a su desconfiado padre de que tiene que cancelar una cuantiosa suma de dinero para rescatar a su hijo con vida. La "suerte" hizo que Juan Luis saliera con vida del episodio, pero con una marca eterna.

Las tres novelas simbolizan la actualidad centroamericana y recogen la bajeza humana que intenta envolver a nuestras sociedades donde el único valor que se impone es el del dinero "fácilmente" conseguido a través del lavado y la corruptela.

Sin duda la literatura actual centroamericana está superando el "trauma de la "guerra política" de las pasadas guerras y ha comenzado la incursión en las nuevas temáticas, en las cuales la violencia del "crimen organizado" ocupa un lugar importante. Se ahonda además en otras miserias humanas: la deslealtad, la traición, la sed del dinero fácil, la doble moral, el poder altamente corrupto e insensible.

Castellanos Moya y Rey Rosa, nacidos en 1957 y 1958, respectivamente, se han convertido en punta de lanza de lo mejor de la actual literatura regional, que no da espacio para la contemplación ni para el cinismo positivista y cómplice que subyacen en sociedades gravemente divididas y agujereadas por la terrible injusticia social.

Y no es para menos porque al dar un vistazo por nuestra región nos encontramos con hechos que llegan al colmo de los colmos: secuestrar a un cura para cobrar un rescate monetario; asesinar a un joven para hacerlo pasar por otra persona, misma que sería dada por muerta y por cobrar un seguro para cancelar deudas.

Entre Guatemala y El Salvador hay 1.3 millones de armas ilegales; en ambos países se cometen entre 6 y 7 homicidios diarios. Hasta julio en ambas naciones sus cuestionadas policías registraron más de 60 secuestros.

La nueva literatura no es contestataria ni busca ilusiones para futuros mejores; los está diciendo simplemente lo "jodido" que estamos y que quizás ya no tengamos tiempo para cambios.

El Faro, 9 de marzo de 2001

 

Encontrado en: http://www.elfaro.net/anteriores/2001/090301/secciones/opinion/columnistas/jjd/jjd.asp