Horacio Castellanos Moya: "Todos somos criminales"
Por Enzia Verduchi
Horacio, tus novelas prácticamente son monólogos, ¿por qué éste recursos estilístico?
Ciertamente el monólogo es común en mi novelística. Pero Baile con serpientes no es un monólogo; tiene partes narradas en tercera persona. Mi primera novela, La diáspora, está escrita la mayor parte en tercera persona. Creo que mi relación con el monólogo es fundamentalmente por el oído; el monólogo permite una voz narrativa que se me facilita más.
En tus narraciones se define muy bien el tono de los personajes, en especial en La diabla en el espejo, debe haber sido trabajo difícil no sólo recrear el mundo de la burguesía salvadoreña donde transita Laura Rivera, sino además su universo semántico, ¿cómo realizaste este ejercicio?
Lo primero es ponerse "una faldita", después de ponerse "la faldita" -sin verse las piernas en el espejo para evitar la depresión (risas)- se comienza a recordar las voces femeninas... Una vez que logré el tono, el impulso fue más fácil. Quizá eso está relacionado con el hecho de que en mi vida ha habido mujeres con voces dominantes -como mi madre y mi abuela-, voces femeninas muy fuertes. Tengo mucho oído para ese tono femenino, gracias a que me fue común en mi infancia y mi adolescencia.
¿Y cómo armaste las referencias entorno a la sociedad en la que se desenvuelve Laura Rivera?
El mundo de Laura lo fui armando de los mundos a los que pertenecí en San Salvador, el mundo de mis amigas, de gente conocida, etcétera; no se me hizo tan complicado. Confieso que ese personaje me causó estupor, entre conmiseración y repulsión, me representó la parte más oscura de las clases altas centroamericanas...
No sé sí la más oscura, pero sí la más desagradable.
En la descripción de los personajes femeninos percibo cierta misoginia...
Creo que muchos personajes masculinos son misóginos y las personajes femeninas justifican que los personajes masculinos sean misóginos. Encuentro en tus novelas la ausencia de la figura paterna.
Probablemente eso tiene que ver conmigo. Mi padre murió cuando yo era muy pequeño, por eso casi no tengo imágenes paternas, entonces no las reproduzco en la literatura.
Me remito a Robocop de El arma en el hombre, cuando dice "las Fuerzas Armadas habían sido mi padre y el batallón Acahuapa mi madre".
No había reparado en esto, aunque recuerda que la madre de Robocop después lo intenta contratar para ir a matar a su padre. Y la relación de Laura con su padre es muy cercana.
Aunque el padre de Laura puede ser tan ridículo como ella....
Puede que no. El padre de Laura es un personaje que me causa mucha curiosidad, me gusta; nunca lo desarrollé porque me da un poco de miedo meterme en ese personaje: hombre duro, propietario, terrateniente, cafetalero, finquero, con mucha claridad, muy directo, malo, pero al mismo tiempo muy realista. Expresa una mentalidad de terrateniente muy particular: le molestan los curas, le molesta la religión, le molestan los comunistas, es contrario a la especulación financiera, le gusta ir a apostar al hipódromo y a Las Vegas, es un personaje muy complejo…
Aunque cada novela tiene su propia historia, el personaje de Robocop de El arma en el hombre, por ejemplo, aparece también en La diabla en el espejo y el asesinato de Olga María se menciona en El Asco y la periodista Rita Mena, está presente en Baile con serpientes y en las otras tres narraciones. ¿Por qué este juego con los personajes entre novelas?
Eso se fue dando naturalmente. Algunos de los personajes vienen de libros de cuentos que sólo se encuentran en el mercado salvadoreño. El Viejo, por ejemplo, y todo el grupo de tipos con los que está Robocop en las montañas entre Guatemala y México, aparecen en un libro de relatos que se llama El gran masturbador. Hay un cuento sobre ellos, titulado "Némesis", sobre cómo llegó el Viejo a ese campamento -entonces eran guerrilleros-, donde ya estaban todos juntos: la alemana, el teniente Pedro, Rita, Rudy, los que están en las alturas, eso lo escribí a principios de los noventa. Siete años después, cuando estaba escribiendo El arma en el hombre, iba por la mitad de la historia y no se me había ocurrido que aparecieran estos personajes y de pronto cuando Robocop comienza a subir la montaña, en su faceta de súper hombre nietzscheano -que va para arriba y sobrevive y demuestra que la voluntad está por encima de todo-, y llega a las plantaciones de amapolas, entonces me pregunté: "¿a quiénes se encuentra ahí?". En ese momento, una serie de asociaciones me llevó a esos personajes que estaban en aquel campamento, en una montaña, en el norte de El Salvador, retratados en el cuento de El gran masturbador. Otros personajes también vienen de atrás: Pepe Pindonga aparece por primera vez en el libro de relatos Con la congoja de la pasada tormenta, aparece después en La diabla en el espejo y en Donde no estén ustedes -mi novela recién terminada- es uno de los personajes principales...
Creo que la única novela que tuvo un plan fue El asco, Thomas Bernhard en San Salvador.
No, eso fue muy extraño, cuando yo comencé a escribir esa novela, acababa de terminar Baile con serpientes, que escribí de manera compulsiva entre septiembre y octubre del 95; por otra parte acababa de tener un gran fracaso al cerrar un semanario en El Salvador en julio-agosto, con muchas deudas y problemas. Me vine a México, sólo me dedicaba a escribir y en noviembre quedé seco después de terminar Baile con serpientes. Recuerdo muy bien que entre el 20 y el 24 de diciembre empecé a escribir lo que después sería el primer capítulo de La diabla en el espejo; pasó la Navidad y comencé el segundo capítulo el 27 ó 28 de diciembre. Pero el 31 de diciembre -lo tengo muy presente-, alrededor de las 6 ó 7 de la noche, teniendo dos capítulos de La diabla -ya contaba con el crimen de Olga María a manos de Robocop- comencé a escribir El asco. No tenía nada qué ver con la otra historia, no existía un plan, ¡no existía absolutamente nada! Sabía que quería imitar a Bernhard, eso es todo. Y me dije: "Éste me va a servir para sacar la mierda que tengo que sacar. Éste es el tono que requiero".
¿Por qué Thomas Bernhard y por qué canadiense?
En un período me intoxiqué de lecturas de Bernhard. Me gustó muchísimo y creí que lo que tenía qué decir, lo tenía que decir con ese estilo; también se me hizo más fácil que el personaje fuera un salvadoreño de Canadá, un lugar donde hay muchísimos salvadoreños. Esto me permitía, además, que el personaje se burlara de los que venían de Estados Unidos… El salvadoreño de Canadá es distinto al salvadoreño que viene de Los Ángeles o Washington.
En el Bernhard de El Asco hay varios rasgos que coinciden con la biografía de Thomas Bernhard escrita por Miguel Sáenz, no sólo el estilo narrativo bernhardiano ¿lo hiciste deliberadamente?
Claro, le molestan los niños, le molesta la prensa, entre otros rasgos... No un hubo un plan, en el sentido de hacer un análisis y un ordenamiento que me permitiera eso, no, lo que hubo fue una gran interiorización a partir de la lectura.
Durante toda una tarde Bernhard le habla a Moya, supongo que Moya eres tú y fuiste a una escuela de maristas...
Claro, Moya soy yo y fui a una escuela de maristas donde me decían precisamente "Moya", mi apellido materno, porque Castellanos es muy largo. Allá nos llamamos por los apellidos, no por los nombres. Hoy llego a San Salvador y me encuentro a un ex compañero de hace veinticinco o treinta años en una barra y me dice: "¿qué pasó, Moya?". Supongo que es una tradición militar o eclesiástica.
Al principio del libro aclaras que el personaje Vega-Bernhard existe, ¿fue otro recurso literario o existe como tal?
Es otro recurso... A esta altura ya no recuerdo por qué lo hice, seguramente era para curarme en salud de los que después me dijeron que me iban a matar por ese libro, porque dice cosas muy feas, cosas que no se acostumbran decir en El Salvador, sobre tipos que son próceres para la izquierda o para la derecha… En la novela hay claves para las elites políticas locales.
Has sido crítico con la izquierda salvadoreña...
Un poco... La novela más crítica sobre la izquierda quizá no sea El asco sino La diáspora, mi primera novela, que se publicó hace 15 años y ahora se reeditará en El Salvador; aborda precisamente los crímenes dentro de la izquierda, es una especie de Los errores de Revueltas... No siento que la izquierda haya traicionado. Mucha gente entró a la militancia pensando realmente que la izquierda tenía una superioridad ética y moral con relación a la derecha. ¿Por qué? Porque la guerra comenzó porque la derecha mataba y la izquierda se defendía, pero al paso de los años las cosas cambiaron. Hay una ley en la historia según la cual los enemigos comienzan a parecerse. Mientras más se prolonga un conflicto más te pareces a tu enemigo; mientras más dura una guerra más conoce cada quien las tácticas de combate de su enemigo; más comienzan a asemejarse en su forma de pensar, porque piensan en función del otro y en la medida en que vives en función del otro, comienzas a ser como el otro. Entonces: todos somos criminales. Ese es el problema, nadie tiene la bondad ética de su lado.
Siguiendo esta reflexión, hablemos del asunto de la identidad: el Bernhard pseudocanadiense se parapeta detrás de una nacionalidad ajena y un nombre falso; en el caso de Robocop es un mercenario que pierde la identidad al cambiar de bando; por su parte Laura Rivera vive en función de Olga María, es su sombra; y Eduardo Sosa, el protagonista de Baile con serpientes, mata al pordiosero y adquiere una personalidad completamente distinta a la suya.
Realmente no había pensado en eso, no había reflexionado sobre esa constante... No puedo responder eso.
Tengo entendido que tu primer trabajo periodístico lo realizaste a los 20 años y escribías poemas...
Claro, escribía poemas, pero por suerte los quemé todos. Yo leía mucha poesía en ese entonces, me encantaba, tuve la suerte de poder encontrar unas grandes traducciones argentinas de poesía tanto de Fabril como de la Librería Fausto que llegaban a San Salvador desde que yo era muy joven, así pude leer a poetas muy buenos como Saint John Perse, Michaux, Ungaretti, Montale, Quasimodo, Pavese, Pessoa, Lubisz Milosz, hasta los veinte años; después fui equilibrando con lecturas de narrativa. Eso me generó un criterio de calidad bastante exigente. Por eso puse en una tina todos mis poemas y les di fuego.
Sé que la novela Baile con Serpientes surge de un sueño, cuando vivías en San Pedro de los Pinos, en la ciudad de México, ¿es así?
Fue una pesadilla... Ya iba avanzado en el relato, había llegado hasta la parte en que Eduardo Sosa trata de averiguar qué hay dentro del auto del teporocho... No me gusta contar esta anécdota, porque parece una mamada, pues existe una canción de Silvio Rodríguez sobre lo mismo: sueño con serpientes… Pero en realidad sí tuve una pesadilla donde me desperté sudando, después de sentir que las culebras se deslizaban alrededor de mi cuerpo, sin ningún sentido lúdico ni sexual, sino horrible, feo, baboso. Y un chispazo me hizo descubrir que eso es lo que había dentro del coche del teporocho: serpientes. A veces los libros son un descubrimiento, como decía el compañerito Sócrates, uno nada más tiene que recordar lo que ya está allí, esa es la sensación que tuve, como si la historia ya hubiera estado ahí y nada más la descubrí.
Considero que con ningún otro personaje femenino has logrado el erotismo y la sensualidad como en el pasaje de la orgía de las tres serpientes con el protagonista. Me parece excelsa por su finura, por la forma de expresar el deseo, ¿cómo surgió?
Es una transposición, creo.
Baile con serpientes es una novela fantástica a diferencia de las otras novelas que son realistas, lo que me orilla a pensar que para el autor el sexo en la fantasía es mejor que en la realidad.
Puede ser, no lo había pensado. Pero me gusta mucho esa escena de la orgía de las serpientes y Sosa; hubo gente que me la criticó porque pensaban que la novela iba a culminar en un asunto esotérico o en una cosa simbólica...
Por el contrario, pienso que Eduardo Sosa es como un Ulises, es un viaje.
Precisamente es eso, Sosa es un Ulises, exactamente ése es el sentido, él regresa de un viaje. Además, la idea era que no hay más símbolo que el que se da en la realidad. Creo que por eso la novela es una novela-tabú: el hecho de que el protagonista coja con tres serpientes, que hable con ellas, como que a la gente le produce escozor.
A estas serpientes les das nombres de mujeres y son muy solidarias con el protagonista, a diferencia de tus otros personajes femeninos que se pueden definir como traicioneras.
Estas serpientes son grandes chicas, son un equipo, buena onda, no sienten celos entre ellas...
Entonces por qué en tu narrativa realista las mujeres traicionan, mueven intereses...
Porque en la narrativa realista las mujeres son más cercanas a como son y en la narrativa fantástica pues son eso: ¡fantásticas!... Si recuerdas, Sosa le dice por teléfono a Rita Mena, la periodista, "algo me dice que usted no es sincera conmigo" y es porque lo está traicionando en ese instante. Ahí se marca la diferencia entre lo fantástico y lo realista.
Encontrado en: http://www.literateworld.com/spanish/2002/escritormes/oct/w01/box1.html