Cuentista, novelista
y autor teatral, participó desde joven en
revistas de tono polémico. Entre 1963 y 1975
publicó "Un señor alto, rubio, de
bigotes", "Tres monólogos",
"Más cuestiones con la vida", "Una
vieja historia de caminantes",
"Háblenme de Funes", "Los héroes
de Trelew", y "Bandeo". En
1976 se exilia en México.
Regresa al país en enero de 1984. Su novela
"De dioses, hombrecitos y policías"
(Premio Casa de las Américas 1979), fue traducida
al inglés, alemán, hebreo y búlgaro. Dejó
inconclusa su novela "Rapsodia de Raquel
Liberman". Falleció el 7 de junio de 1987.
Algebra
Trataré de demostrar
que los autos por la avenida Cabildo
ejecutan exactamente
la música de la soledad.
Admitamos
un aséptico bar,
con fórmicas, ventanas,
chaquetas, música ambiental,
tickets, etcétera.
En frente, un cine o un garage,
o un cartel luminoso,
o simplemente el tiempo T
(él es lento, sombrío, fatigado,
viscoso y previsible).
Ahora bien,
en el caso de que el cartel luminoso
golpee insistentemente hasta la náusea,
y si eliminamos por simplificación
(y por razones obvias) el garage y el cine,
nos quedan agrupados los siguientes recuerdos :
una calle de tierra,
una magnolia,
un perro al que uno amaba,
una zanja con yuyos donde estaba el asombro,
los huevitos de gallo
y la siesta.
Descomponiendo entonces siesta en sus usuales términos
:
palomas, aguaciles, pereza
y patio con frescura,
podemos fácilmente admitir la existencia
de otro tiempo T'
particularmente azul
e idéntico al prodigio.
Pero como por definición
están los autos en la avenida Cabildo,
sumados al smog,
a la nostalgia,
al correr despiadado de los años,
y a lo que llamaremos provisoriamente X,
multiplicamos por neurosis,
dividimos por la constante 1954,
y queda por lo tanto :
X igual a miedo, igual a impenetrable cáscara,
igual a envenenada y perra soledad.
Que es justamente
lo que queríamos demostrar.
Ellos
Son tan bien,
tan irónicos,
tan finamente sabios,
que uno es un hotentote,
un perdonable bruto
innoblemente vivo todavía.
Ellos esperan,
ellos miran y esperan,
sencillamente esperan.
Tienen un aire dulce de bohemia,
un no sé qué elegante,
una sonrisa tía
(una vez escribieron doce versos
pero bah quién se acuerda),
un gesto roberteilor para ciertos asuntos,
te toleran.
(Te toleran creer, desgañitarte,
andar despellejado por el mundo,
te toleran hundirte hasta el no entiendo,
hasta el no puedo más,
o hasta las lágrimas.
Te toleran nacerte una mañana,
y asombrarte y reirte como loco
y seguirte y seguir
y adónde está esa vida y vengan cartas.
Te toleran tu angina, tus horarios,
tus deudas,
tu vino peligroso en ciertas noches,
tus camisas, tus ganas.
Te toleran morir cuarenta veces,
te toleran salir y enamorarte,
te toleran vivir loco de vida.)
Claro, tienen paciencia,
tienden redes,
dicen como diciendo todavía,
te ofrecen su fraterno aburrimiento,
te ofrecen lindos nichos,
te convidan.
A veces se insinúan sonrientes como putas,
tiran viejas carnadas,
te dicen que los otros,
que fulano,
es así
que vos en cambio...
Luego esperan,
te sonríen y esperan,
sencillamente esperan.
Yo no les tengo lástima,
quisiera
verlos chisporrotear en el infierno,
dando vuelta el manubrio de sus nadas,
bebiéndose sus muertes venenosas
como un aperitivo.
Gardel
Para mí lo inventamos.
Seguramente fue una tarde de domingo,
con mate, con recuerdos, con tristeza,
con bailables bajitos, en la radio,
después de los partidos.
Entonces, qué se yo,
nos pasó algo rarísimo.
Nos vino como un ángel desde adentro,
nos pusimos proféticos.
Nos despertamos bíblicos.
Miramos hacia las telarañas del techo,
nos dijimos:
"Hagamos, pues, un Dios a semejanza
de lo que quisimos ser y no pudimos.
Démosle lo mejor,
lo más sueño y más pájaro
de nosotros mismos.
Inventémosle un nombre, una sonrisa
una voz que perdure por siglos,
un plantarse en el mundo, lindo, fácil
como pasándole ases al destino."
Y claro, lo deseamos y vino.
Y nos salió glorioso, engominado,
eterno como un Dios o como un disco.
Se entreabrieron los cielos de costado
y su voz nos cantaba:
"Mi Buenos Aires querido..."
Eran como las seis,
esa hora en que empiezan los bailables
y ya acabaron los partidos.