11 de Mayo del 2002 , El Mostrador.cl
"De la vanguardia rusa a las Torres Gemelas"
por Javier Campos
Recientemente el diario español El País señalaba que Manhattan es la ciudad cultural más importante de occidente. Este juicio sería exageradamente nacionalista si viniera del mismo Washington Post o del New York Time, pero lo escribió uno de los más importantes periódicos de Europa.Nadie duda que la complejidad cultural de Nueva York es vasta y heterogénea. Aquello se expresa en forma permanente, directa e indirectamente, en una multiplicidad de productos culturales mediante continuas propuestas que abarcan todas las manifestaciones artísticas imaginables, incluyendo la neo-belleza de la publicidad actual, algo que exige el entretenimiento global de occidente.
Tampoco nadie parece negar que la revolución digital desarrollada a partir de los '80 contribuyó a la velocidad de las comunicaciones, pero también -y más que nunca en la historia- a que algunos productos culturales quedaran como reliquias arqueológicas en los museos, especialmente aquellas manifestaciones que nacieron junto a una ideología que deseaba una sociedad más justa para la humanidad.
Gerhard Richter
Hoy, el Museo de Arte Moderno (MOMA) en Manhattan está presentando tres interesantes exposiciones. En la primera sala hay una exposición del pintor alemán Gerhard Richter (1939). Si bien es bastante conocido en Europa, en Estados Unidos nunca antes se había dedicado una muestra completa a su obra. Se dice que su trabajo artístico es actualmente uno de los más influyentes en la pintura contemporánea.
Su exposición en el MOMA cubre 40 años de producción, especialmente desde 1962, cuando huyó de Alemania oriental hacia el sector occidental. La obre de Richter incluye abstracto, paisajes, retratos y pinturas basadas en fotografías.
Un artículo del MOMA señala que “su obra es una consistencia estilística para representar la evolución 'orgánica'” de su individual sensibilidad artística. Su quehacer incorpora, en expresiones y formas artísticas tradicionales, la relación de lo tecnológico con la imaginería de los medios masivos contemporáneos”.
La vanguardia rusa
En el segundo piso del MOMA, junto a la sala dedicada a Ritcher, hay otras dos exposiciones que en su totalidad constituyen mensajes subliminales, pero poderosos. Se sabe que no hay curador de museo importante que no piense hasta en los más mínimos detalles al instalar una muestra, especialmente si éstas son importantes y se ubican en un mismo piso, donde miles de visitantes irán pasando de una sala a otra.
La primera de estas -y segunda de la muestra global- no ha sido jamás expuesta antes en ningún museo del mundo: “El libro vanguardista ruso entre 1910-1934”. Este movimiento artístico, que en algún momento constituyó la forma en que se expresó la imaginación de muchos artistas rusos, está expuesta ahora allí -90 años después- en el MOMA, a través del rescate de los libros originales jamás antes exhibidos ni siquiera en la propia Rusia actual.
La mayoría fueron publicados en ediciones personales, limitadas y en papel barato. Vanguardia que luego sería marginada durante los comienzos de la revolución rusa porque se deseaba “un arte al servicio de la claridad proletaria”. El museo, sin duda, quiere que el visitante entienda muy bien eso. Cualquier bibliófico podría soltar lágrimas al recorrer aquella fabulosa colección rusa. Libros producidos cercanos y dentro del contexto donde se levantó el socialismo real que pretendió cambiar la percepción de la sociedad en el mundo, un sueño que terminaría en 1989, cuando desplomaron a martillazos el Muro de Berlín.
Es muy posible que a más de algún visitante aquella impresionante exposición, y dentro de cuidadas cajas de vidrio, como si fueran delicados trozos de alguna vieja cerámica prehistórica, le produzca nostalgia, desilusión y la certeza de que el mundo se ha ido definitivamente por otro camino.
Fotografías
La tercera exposición son fotografías y está dividida en tres partes bajo el título “Vida de la Ciudad de Nueva York”. La primera parte es una colección del propio museo sobre fotografías de la diversidad humana de la ciudad, principalmente del siglo XX. La segunda, una colección de fotografías con la misma idea de la primera, pero tomadas ahora por gente común con cámaras personales y otras por fotógrafos profesionales. El museo invitó a presentar cualquier imagen que expresara su relación con la ciudad y se recibieron miles.
La tercera parte se llama “Aquí está Nueva York: una democracia en fotografías”, e incluye cientos de imágenes que expresan el impacto humano que ha producido la ciudad en la gente que vive en ella. Las fotos fueron pegadas con alfileres en la pared de esa sala del museo, dando una dimensión “vanguardista” a la muestra.
En el centro de la sala, un proyector va mostrando lentamente en una pantalla gigante las fotografías. Hay asientos a los lados y el visitante puede quedarse allí contemplando esa cascada de imágenes diversas, de gente común, como expresión de una democracia sin censura de lo que para ellos representa Manhattan.
No hay espacio al azar en ningún museo de arte, especialmente en el MOMA. Todo el conjunto tiene denotaciones y connotaciones, más aún si las tres exposiciones, en tres salas distintas pero cercanas, tienen un orden cronológico-histórico. Las tres muestras son todo un símbolo en una ciudad como Nueva York, que es el ejemplo único del primer lugar donde se construyó todo el fabuloso desarrollo industrial y tecnológico del capitalismo occidental.
Así, hoy el visitante del MOMA podría comenzar por la obra del pintor alemán, quien realizó su mejor arte luego de escapar del socialismo real en Alemania oriental; seguir para ver los libros de la vanguardia rusa, con toda su carga emotiva, y terminar en la “democracia de las fotografías”, que revelan una ciudad donde cada cual puede ser lo que quiera, porque nadie lo meterá en un campo de concentración por ser homosexual, deforme o loco.
En esta sala de las fotografías, también como final definitivo, están las últimas fotografías que se tomaron durante y después del desplome de las Torres Gemelas. Es evidente que el museo ha dado, lo quiera o no, su perspectiva histórica de nuestro siglo XX y comienzos del XXI.