3 de Agosto del 2002 , El Mostrador.cl
Breve entrevista virtual con el escritor
Bolaño: ''Son muy pocos los escritores que se la juegan a todo o nada''por Javier Campos
Se puede saber sobre la trayectoria de Roberto Bolaño a través de muchas entrevistas que ha concedido y que se encuentran en el ciberespacio. Es cierto también que han aparecido muchos artículos sobre su obra, pero preferentemente breves y publicados en periódicos de América Latina y Europa.
Como anunció El Mostrador.cl el 15 de julio, por primera vez se prepara en Chile un volumen de estudios académicos sobre su obra -que incluye su poesía, cuentos y novelas- a cargo de la académica de la Universidad de Chile y Católica, Patricia Espinoza.
Realmente será -y con toda justicia- el primer conjunto de estudios sobre la obra de Bolaño. Conversando con algunos académicos y escritores por email me confirmaban lo siguiente: hasta ahora no se ha organizado ningún panel ni se ha dictado ninguna ponencia sobre la obra de Bolaño en los recientes congresos de los últimos años de literatura latinoamericana en Estados Unidos, Europa o América Latina.
Incluso consulté recién –hasta el 2002- la completísima bibliografía internacional del MLA (Modern Language Association). Nada, ningún trabajo académico sobre la obra de Bolaño. Ni siquiera la importante novela Los detectives salvajes (premios Herralde de novela 1998, y Rómulo Gallegos en 2000) ha sido motivo de una atención crítica-académica más rigurosa por revistas especializadas sobre literatura latinoamericana a partir de esos premios.
Nada, excepto el buen artículo de Enrique Vila-Matas en www.letraslibres.com, en abril de 1999 donde, a propósisto de Los detectives salvajes se señalaba de Bolaño, en relación a la diversidad textual de su narrativa, que “es muy probable, por tanto, que Bolaño pertenezca a la familia literaria que reúne Italo Calvino en torno a una de sus propuestas para el próximo milenio: la de la multiplicidad”.
Pero la ausencia crítica a la obra del chileno no quiere decir que en cursos graduados en universidades latinoamericanas, norteamericanas o europeas, o en los liceos, no se estén leyendo y estudiando algunas de sus obras. ¿Ocurrirá eso en Chile en sus liceos o universidades realmente?
Roberto Bolaño, muy amablemente, aceptó por correo electrónico responder algunas preguntas. Pensé que no tendría el tiempo para contestarme porque está terminando una novela de mil páginas y porque siempre respeto la tranquilidad y la privacidad de los artistas. Pero respondió muy rápido -y el mismo día- cuando le envié las preguntas a su email privado allá en Blanes, España.
- Los detectives salvajes puede ser leída como una novela del fracaso total de un aprendizaje político y poético de toda una generación (la de los ’60 y ’70) que al fin se estrellaría (irónicamente) con el Muro de Berlín y la caída del campo socialista. ¿Sería aquello una de las importantes temáticas de su producción narrativa a partir de los noventa?
- Yo no creo que Los detectives salvajes sea la novela del fracaso de una generación. La educación sentimental, de Flaubert, no es la novela del fracaso de una generación. Al menos, su lectura no puede, en modo alguno, agotarse allí. Tampoco creo que La guerra y la paz sea la novela del fracaso de una generación. Es una lección del siglo XIX que sólo ha quedado clara en el siglo XX, que toda generación, por el simple hecho de existir, está abocada al fracaso. Lo importante es otra cosa. William Carlos Williams tiene un poema magnífico sobre esto. Es un poema largo, algo poco usual en Williams, en donde habla de una mujer, una trabajadora y cuenta las vicisitudes de su vida, una vida más llena de desgracias que de alegrías, pero que esta mujer afronta con valor. Al final del poema, dice Williams: Si no puedes traer a esta tierra algo más que no sea tu propia mierda, lárgate de aquí. Por supuesto, lo dice con otras palabras, creo. Pero la idea es esa.
- Me parece que en su narrativa no se cuenta una historia principal sino que se “intercalan” otras alrededor de ella. Eso se nota, entre otras, en Los detectives salvajes o Nocturno de Chile. ¿Con esa “diversidad” narrativa ha querido romper un modelo lineal de la narrativa de los ’60 y ‘70, o la testimonial pura de los 80?
-A mí nunca me ha interesado eso que llamas literatura lineal. Toda novela, digamos, desde Stendhal, es 'un espejo que se pasea a lo largo de un camino', y todo camino, evidentemente, ofrece una diversidad de historias considerable. Toda historia, por otra parte, es siempre una historia en el tiempo, no fuera del tiempo, por lo tanto susceptible de cambios y metamorfosis. Y susceptible también de varias lecturas. El Quijote, sin duda, sigue siendo, al menos para los escritores de nuestra lengua, el centro del canon. Y sobre la 'diversidad', pues no sé qué decirte sino que a veces no es tal.
- Esas historias creo le dan otra dimensión a su narrativa. Por ejemplo, en Nocturno chileno hay varias “intercaladas” a la historia de Sebastián Lacroix. Una es la historia del pintor guatemalteco y el pintor Jünger; otra es la del zapatero, súbdito del emperador austro-húngaro que parecen nada tiene que ver con Lacroix; o la historia de las iglesias y los halcones; de María Canales, etc. ¿Qué dice sobre eso?
- Bueno, esas historias están allí principalmente en función del personaje principal, del cura Ibacache. Digamos que ellas funcionan como los abismos del cura. Ahora bien, una vez allí, esas historias también tienen que funcionar por sí mismas. Son ejemplos filosóficos, en el sentido volteriano, de una trayectoria moral. Y también son una cortesía del escritor al lector, claro.
- Su pasado, antes de narrador, fue la poesía y lo sigue siendo. Tengo en mis manos la antología aquella que hizo Soledad Bianchi en 1984 Entre la lluvia y el arcoiris: jóvenes poetas chilenos y ahí usted mismo proyecta la creencia en una poesía redentora en ese entonces: el poeta que hablara por los caídos, por los desaparecidos, por las masas. Cuando escribe poesía hoy, ¿cómo es ese nuevo hablante poético llamado Roberto Bolaño?
- Yo siempre estuve contra la poesía dirigida, la del pueblo, la de consignas, la del partido. No he llegado a esa conclusión al cabo del tiempo. Siempre estuve en contra. Ahora bien: también creo que de alguna manera la belleza, la belleza inútil, siempre está, y esa es precisamente su soberanía, su elegancia extrema, con los desposeídos, con los enfermos, con los perdedores o que, al cabo de un periplo no siempre mensurable, vuelve a ellos, vuelve a esa zona misteriosa y cotidiana que, para entendernos (pero únicamente para entendernos) llamamos el pueblo, los ciudadanos, los trabajadores. Y también, cómo no, los vagos intrabajables.
- La línea de los McOndistas (Fuguet, Paz Soldan, etc.) señala en su manifiesto que su literatura es semejante a las propuestas de películas mexicanas como Y tu mamá también o Amores perros. ¿Estaría de acuerdo con eso? ¿Cree que su propuesta narrativa es igualmente válida aunque les interesa celebrar extasiados la “globalización de la ciudad latinoamericana”, asunto que objetivamente una cantidad grande de gente lo hace y seguirá haciendo?
- No he leído el manifiesto de Fuguet, pero hasta donde sabía el propio Fuguet ya le dio la espalda hace tiempo. No he visto las películas mexicanas que mencionas. Voy, desde que nació mi hijo, hace doce años, muy poco al cine, casi nunca, y esa situación no ha hecho sino agravarse desde el nacimiento de mi hija hace un año y cuatro meses. Digamos que las películas que veo son los videos que alquila mi hijo. Sobre la globalización de la ciudad latinoamericana, bueno, supongo que es una broma: las grandes ciudades latinoamericanas boquean como peces fuera del agua. Es un tema muy complejo y resultaría irresponsable de mi parte hablar de ello aquí.
- He leído en algunas entrevistas que desconfía de los académicos (latinoamericanos) que enseñan literatura latinoamericana en los “campus” de universidades de EE.UU. ¿Por qué?
- No, no creo que desconfíe. En realidad no tengo una idea formada de ese conglomerado que probablemente debe de ser muy variado. La verdad es que tampoco tiene una imagen muy buena. Aquí en Europa se les suele ver como ratas. O como parte de una picaresca muy latinoamericana. Pero recuerdo excelentes profesores, como Vázquez Amaral, por ejemplo, que tradujo los Cantos de Pound y que era una persona muy atenta, muy amable. Piglia, que también enseña en Estados Unidos, es un escritor que me interesa. Supongo que ocurre lo que en otros ámbitos del quehacer humano: por uno bueno hay cien nefastos. Harold Bloom tiene algunas opiniones formadas al respecto, porque es un terreno que le atañe, digamos, personalmente. A mí, francamente, me da lo mismo.
- Por otro lado, ¿viajaría y viviría en Estados Unidos como escritor invitado a un “campus” norteamericano?
- No, yo no tengo entre mis planes viajar a Estados Unidos. Menos aún a un “campus”. A una cierta edad puede ser aleccionador hacer un viaje o vivir una temporada allí. Pero yo ya tengo más de cuarenta años, de hecho el 2003 cumpliré cincuenta, y me es muy grato vivir en Europa. De joven tal vez hubiera sido interesante vivir en Arizona o en California o en Nueva York, que supongo son lugares llenos de energía. Por supuesto, en ningún caso hubiera vivido en un “campus” ni creo, por otra parte, que me hubieran invitado a pasar allí ni siquiera un fin de semana. Sinceramente no creo que cuando joven me hubiesen concedido visado para entrar a Estados Unidos. Allí sólo conceden visados a los ricos y a los terroristas. Claro, hubiese podido entrar como espalda mojada, pero es que yo en México ya vivía como espalda mojada, así que en Estados Unidos hubiera sido doblemente espalda mojada. O espalda y pecho mojado, lo que hubiera sido el colmo. En realidad, al contrario de muchos escritores chilenos, nunca sentí la llamada del tío Sam. En América me interesaba muchísimo más México y Argentina. De hecho, podría decir que me interesaba mucho más Perú, la riquísima poesía peruana de los años setenta, que Estados Unidos. Y ahora, pues no sé, no cambio el vivir junto al Mediterráneo por nada”.
- La novela que termina, titu;lada "2666" , de casi de mil páginas, ¿qué es?
- Es una apuesta. Dado el número de sus páginas, la apuesta necesariamente ha de ser fuerte. Aunque en realidad toda obra literaria tendría que enfocarse así: un trabajo de artesanía, humildad y paciencia, pero también una apuesta salvaje, el instante en que el escritor se la juega a todo o nada. Ese es uno de los males, por otra parte, de la literatura actual. Son muy pocos los escritores que se la juegan a todo o nada. Casi todos prefieren situarse en un término medio, contentar a una entelequia a la que llaman público lector, y asegurar su sueldo. Que a final de cuentas no es más que un sueldito miserable.