21 de Julio del 2002 , El mostardor.cl

Una mirada desde fuera de la isla
Jóvenes escritores cubanos: conversación con Jesús Jambrina

por  Javier Campos
 

“Yo diría que la gran mayoría de los escritores cubanos de hoy residentes en la isla narran la tragedia existencial del país, unos más directamente, otros de forma más sofisticada, pero todos la representan con sinceridad”, dice Jesús Jambrina

 
 Fue una sorpresa encontrarme recientemente en un congreso de literatura en la Universidad de Iowa, Estados Unidos, frente a frente, con intelectuales, poetas y escritores cubanos jóvenes. Dos residiendo aquí y otros dos que venían directamente de Cuba y luego del encuentro regresaban a su país.

Conversé mucho más con el investigador y poeta Jesús Jambrina, quien hace dos años vive en Estados Unidos. Jambrina tiene 37 años. Es periodista graduado en la Universidad de la Habana. Trabajó en varias revistas importantes en Cuba como el periódico “El Habanero” y luego en la revista “Revolución y Cultura”. Publicó poesía en diversas revistas cubanas, incluida “Casa de las Américas”. Actualmente es estudiante graduado en la Universidad de Iowa.

El lector de esta entrevista, ya sea el joven escritor, el no tan joven, el intelectual o el político, podrá sacar sus propias conclusiones, pero una cosa me pareció muy cierta dialogar con Jambrina: no estamos ante una situación cubana parecida a 1959, ni a los '60, '70 u '80.

Las nuevas generaciones de escritores, intelectuales jóvenes, analizan de otra manera su propio país, especialmente después de la caída del campo socialista y la acelerada globalización del mundo. Ciertamente con una crítica mucho más fuerte, mirando de otra manera la revolución. O como dice Jambrina directamente: “Una de las grandes paradojas de la revolución cubana es que prepara a los ciudadanos para vivir en un mundo que no es el que su sistema político promueve”.

También a ellos le debemos la muerte,
a sus largos cantos y desgarramientos,
a sus amores y sueños;
también a ellos que pretendieron
endulzar los temores
y noche a noche encendieron la bujía.
A ellos, vampiros, asesinos, voyeuristas espirituales,
Premios y Galardones, poetas.
 

(“Poética”, Jesús Jambrina)
 
 

- ¿Por qué motivo decidió no regresar a Cuba?

- Me quedé en Estados Unidos porque para dejarme venir a una conferencia a la cual estaba invitado en el 2000 -por la “Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA)- se me exigió renunciar a mi puesto en la revista “Revolución y Cultura”. La directora de dicha publicación, en una maniobra al estilo de los años '70 me prohibió viajar. Me quejé a las autoridades correspondientes del Ministerio de Cultura y éstas, inicialmente, apoyaron la decisión de la jefa de la publicación. Incluso manipularon durante un tiempo mi solicitud de visa avalada por la Asociación Hermanos Saíz (AHS) a la cual pertenecía. Afortunadamente, no sin esfuerzos personales y de otros amigos, todo se aclaró y pude participar en el evento. Ya en él supe que se podía postular a la Universidad de Iowa y fui aceptado. Como vez fueron muchas cosas las que influyeron en que tomara la decisión.

- ¿Entonces, no te consideras propiamente un exiliado cubano en Estados Unidos?

- No, puesto que mis razones básicas para vivir afuera no fueron políticas. Tengo desacuerdos con el gobierno cubano, pero frente a la imposibilidad cívica y la desconfianza hacia las diferencias ideológica, en Cuba, aprendemos a proyectar dichos desacuerdos y convertirlos en gestos más o menos simulados, lo cual es todo un modo de vida en el que las personas se apoyan unas a otras secretamente.

- ¿Cómo se desarrolla esto que describes?

- Es una articulación sociocultural compleja que enseña a vivir dentro del discurso hegemónico, pero sólo nominalmente, sin tomarlo al pie de la letra y evadiéndolo cada vez que se puede. Me considero un emigrante cubano como cualquiera, con toda la carga económica y política que esto conlleva y también con las muchas ventajas, especialmente en el campo de la educación. En el mundo de hoy tener educación es un privilegio y los cubanos llegamos a cualquier parte con ese tema adelantado.  Una de las grandes paradojas de la revolución cubana es que prepara a los ciudadanos para vivir en un mundo que no es el que su sistema político promueve. No sé cómo se va a resolver eso. En todo caso, soy uno más de los muchos que le está sacando ventajas a dicha contradicción", agrega.
 
 

- ¿Cómo es tu relación, después de haber dejado la isla, con aquellos dos cubanos que vienen de Cuba al hablar de literatura? Me refiero a Roberto Zurbano y el poeta Juan Carlos Valls.

- Mis relaciones con ambos son excelentes, pues los conocía y tenía relativo contacto. Después que me gradué de periodismo en la Universidad de La Habana, en 1994, trabajé en un periódico que se llama El Habanero y viajaba con frecuencia a Guines, el pueblo de Valls. A Zurbano lo conocía porque él era el presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la provincia de la Habana. En 1998 pasé a trabajar a la revista Revolución y Cultura, pero seguí en comunicación con ellos, especialmente con Zurbano quien entonces ya era el vicepresidente de la UNEAC.

- ¿Pero no han surgido dificultades?

- En general, no he tenido mayores problemas con los antiguos conocidos, aunque siempre te encuentras con personas que no te tratan igual por haber decidido vivir fuera de Cuba, y particularmente en Estados Unidos. Personas oportunistas casi siempre que ocupan o aspiran a ocupar posiciones de poder dentro del sistema institucional y prefieren cortar la comunicación. La verdad es que no las culpo.  "Mi tesis en la escuela de periodismo fue acerca de la simulación en la vida nacional y haciéndola aprendí que bajo determinadas circunstancias esta característica es un mecanismo psico-social de defensa tan válido como cualquier otro. Este tipo de personas hay que entenderlas como parte de un contexto específico donde se penalizan ciertas posiciones sociales. Yo las perdono", añade.

- ¿Sigues en diálogo con gente en Cuba o esto se cortó para siempre?

- He seguido el mismo diálogo con los amigos y no creo que mi lugar de residencia cambie mucho las cosas, especialmente en el mundo contemporáneo donde la comunicación y el movimiento de personas, incluso desde Cuba, es mucho más fluido que hace 10 o 20 años. En Estados Unidos es ya muy normal la visita de escritores y artistas cubanos, lo cual permite que la distancia entre ambos países sea muy relativa.

Y ejemplifica: "Desde hace 2 años y medio que llevo en Iowa no han dejado de pasar por la ciudad poetas y escritores residentes en Cuba como Antón Arrufat, premio Nacional de Literatura; Maggie Mateo; Reina María Rodríguez, tal vez la poeta más premiada de la literatura cubana contemporánea; Pedro de Jesús López, uno de los escritores jóvenes más transgresores dentro de su generación. Eso hace que los emigrantes no nos sintamos absolutamente desconectados de nuestra matria para decirlo con la palabra que usa Rolando Sánchez Mejías, otro poeta cubano, pero residente en Barcelona".

- ¿Por qué crees que puede quedarse en Cuba un escritor como Pedro Juan Gutiérrez, cuando el mundo narrado por él muestra una Habana casi en ruinas, que además no es publicado en su país, pero sí en España?

- Cada cual tiene sus razones, tanto para quedarse como para irse, tan diversas como los seres humanos mismos. No creo que sea el único autor que cuenta un paisaje de la crisis. Diría que la gran mayoría hoy residentes en la isla narran la tragedia existencial del país, unos más directamente, otros de forma más sofisticada, pero todos la representan con sinceridad.

- ¿No encuentras que su caso es particular?

- Pedro Juan tuvo la suerte de encontrar un editor en el momento justo que, además, lo descubrió como autor literario puesto que él era conocido como periodista de la revista Bohemia, pero su trabajo de ficción y su poesía se conocían poco. Tengo entendido que en Cuba, luego de su éxito internacional, se le publicó un libro de cuentos, pero todavía no sus novelas. ¿Por qué?, no sé. Mucha de lo se publica hoy allá se refiere a la crisis, aunque quizá, no tan crudamente como lo hace Pedro Juan. El practica lo que se ha dado en llamar "realismo sucio" y como Zoe Valdés, tiene descripciones consideradas espurias y soeces.

- ¿Censura?

- No creo que ni las editoriales ni las instituciones culturales estén preparadas todavía para permitir ciertas crudezas literarias. Cada vez más la censura ideológica en sí tiene menos espacio, pero todavía resurge en la defensa de la moral ciudadana, las tradiciones culturales y la historia del país, aspectos todos que en tiempos de crisis son, precisamente, los más cuestionados.
 
 

- Cintio Vitier ganó recién el Premio "Juan Rulfo" 2002 en México, ¿qué te a él como generación de jóvenes escritores cubanos?

- Me une su pasión poética, su respeto por el acto poético, la dedicación a la literatura. Pero me separan algunas de sus posturas críticas, cierta concepción maniquea acerca del deber ser, el espíritu y la carne, el bien y el mal, la poesía y la historia. Es defensor de una idea de la cultura donde sólo tiene completa cabida lo que él considera afirmativo para el sujeto. Es un representante cubano de ciertas zonas del discurso hegemónico occidental donde el deber ser implica la anulación de los conflictos de sexo, raza y religión, donde el sujeto sea cual sea su género, raza y fe debe convertirse en hombre, heterosexual y cristiano para acceder al paraíso celestial, donde la justicia está limitada a algunos valores dentro de la tradición judeo-cristiana, pero no a otros relacionados con el devenir moderno.

- ¿Un creyente "mayor"?

- En el contexto de la revolución cubana el catolicismo le permite a Cintio mantener una postura crítica hacia las instituciones seculares. Los jóvenes intelectuales cubanos le debemos cierto cuestionamiento de las consignas revolucionarias, cierta llamada de atención sobre los excesos unanimistas, el respeto idílico por la libertad política y la constante motivación por las circunstancias nacionales. Es un patriota en el sentido martiano de la palabra, mantiene un constante amor por el prójimo donde quiera que se encuentre, especialmente dentro de Cuba, y estimula la vocación universal, confía en ella como aliada de la inteligencia. Todos estos son valores éticos vitales en el mundo global en el que vivimos.

- ¿Estiman los artistas jóvenes como tú, al poeta Roberto Fernández Retamar, una de las figuras más representativa de la cultura cubana desde la revolución?

- No siento una afinidad particular, aunque sí creo que tiene textos antológicos, especialmente en sus primeros libros: “Nosotros los sobrevivientes/¿A quiénes debemos la sobrevida?/¿Quién se murió por mí en la ergástula?/¿Quién recibió la bala mía,/la para mi, en su corazón?/ Sobre qué muerto estoy yo vivo?”. Por ejemplo, en este poema no me interesa el sentido de culpabilidad, la fatalidad de sentirse disminuido frente al hecho revolucionario. Ese tipo de sensibilidad terminó apoyando la idea del intelectual como sujeto pequeñoburgués y, por lo tanto, prescindible a nivel público.

Sin embargo, también le hace un reconocimiento: "Como ensayista si que lo aprecio. Es una de las mentes más lúcidas en esa dirección, aunque también debo reconocer que no comparto todos sus puntos de vista. Te confieso que acepté publicar unos poemas en la revista Casa de las Américas por la sola idea de que Retamar leyera algunos de mis textos, su aprobación para que se publicaran, sin conocerme, es uno de los mejores estímulos que he recibido".

- ¿Hay entre la poesía joven y la escritura cubana actual alguna temática recurrente?

- Habría que decir que desde mediados de los '80 la poesía cubana ha venido girando hacia preocupaciones más personales. El contenido social que todo texto poético puede tener comenzó a originarse a partir de los conflictos existenciales del creador y desde ahí irradiar hacia el espacio público. La revolución, parafraseando una famosa frase de Reina María Rodríguez, pasó a ser una cuestión personal. Como sabes, la poética revolucionaria exigía que lo individual estuviese subordinado a lo colectivo, el poema debía representar, más o menos fielmente, la voz del pueblo. Sin embargo, cada vez más el sujeto mismo, sus contradicciones privadas han venido ganando terreno.

- ¿Cuál de ellas destacarías?

- Ya es normal leer libros completos de sensibilidad homoerótica, de autores como Jorge Espinosa, Nelson Simon, José Félix León o Juan Carlos Valls. Publican sus libros sin dificultad, aunque todavía a nivel individual deben enfrentar los prejuicios heterosexistas. También son mucho más abiertas las referencias a los temas raciales, los códigos expresivos han variado en este sentido y son representadas las problamáticas en esa dirección.

- ¿Qué piensas de la poesía y escritura de la diáspora, cómo se va a resolver el problema de integrar esa producción?

- Esa poesía es una línea de fuerza que gravita sobre la escrita en Cuba, pero por otra parte no puede decirse que reciba en las editoriales cubanas la importancia que merece. Publicarlos es un camino que sólo está empezando.
 

- ¿Crees tú que hay ahora (o habrá) una fuga más intensa de intelectuales, escritores cubanos?

- Desde finales de los '80, cuando la vanguardia artística, especialmente los pintores, comenzaron a ser autorizados para salir de gira por el exterior, se ha hecho muy común que la clase intelectual se establezca en otros países -excepto Estados Unidos- viviendo con el famoso Permiso de Residencia en el Exterior (PRE). Siempre que estas personas no se afilien con organizaciones desafectas a Cuba se puede ir a la isla a visitar a la familia y se conserva la nacionalidad sin problemas. Pero si en algún momento haces algún tipo de declaración o cometes algún devaneo ideológico, entonces te castigan no dejándote entrar al país por el tiempo que ellos decidan.

- ¿Cómo ha sido para ti vivir en Estados Unidos, en las "entrañas del monstruo?

- Es una experiencia de aprendizaje en la medida en que puedo comparar lo que se nos ha dicho sobre este país, lo que uno mismo ha leído, más el testimonio de familiares y amigos que han vivido en este país por más de 50 años. Básicamente siento que está surgiendo un hombre nuevo, alguien que estaba encubado en mí, pero que no había tenido la oportunidad de expandirse.

- ¿Más libre?

- No. Si oficialmente fui considerado "no confiable", como se me dijo, fue precisamente porque traté de ser lo más consecuente posible y expresar algunas opiniones. Cuando digo que surge un hombre nuevo me refiero a que en este país he tenido la oportunidad de dedicarme por completo a lo que me interesa y vivir de eso honestamente. Saber que mis opiniones políticas no van costarme la silla en la universidad o un viaje al extranjero. Hasta puedo ser más solidario económicamente con mi familia y mis amistades en Cuba, lo cual me hace sentir particularmente bien pues sé que mi ayuda resuelve problemas concretos.

- ¿Te consideras privilegiado vivir en el primer mundo?

- Sí. Me doy cuenta de cuán absurdas son algunas de las concepciones económicas cubanas, así como las medidas norteamericanas contra el libre comercio con la isla o la prohibición a viajar a Cuba a los ciudadanos norteamericanos. No estoy seguro de que el gobierno cubano ni el de los Estados Unidos tengan una voluntad política real para servir a las relaciones normales entre ambos países. La realidad objetiva es que unos y otros somos rehenes de las políticas de ambos gobiernos.

- Alguna izquierda nostálgica no sólo de América Latina sino de otras partes del mundo aún defienden a Cuba como si fuera 1959. ¿Cuál es la manera apropiada de solidarizar en este mundo donde la globalización es lo dominante?

- Es necesario que la izquierda termine de asumir responsablemente los errores que se cometieron en Cuba. Si la dirigencia cubana dice que en el país nunca se persiguió a los religiosos y los homosexuales, la izquierda debe ser la primera en decir: "Un momento, eso no es así" y ponerle los miles de ejemplos que hay testimoniados.

Y agrega: "La ayuda a Cuba pasa por una reconstrucción de la historia de la revolución desde el punto de vista de los excluidos. De lo contrario, se corre el riesgo de cometer los errores nuevamente. Si uno hace un análisis de las notas que salen de la isla a través de la prensa independiente, uno se da cuenta que la mayoría de los reportes no pasan de problemas locales. Hay otro rango de temas que se desprenden de las reformas económicas como son los relacionados con el turismo, la doble moneda o los contratos de trabajos. No sólo puede mencionar el lado afirmativo del sistema porque lo negativo se ha venido acumulando".

- ¿Y el bloqueo de Estados Unidos?

-No lo apoyo. Creo que otra forma de ayudar es contribuir al levantamiento por parte de Estados Unidos de las sanciones económicas. Igualmente exigir al gobierno cubano que cambie sus políticas con respecto a los cubanos en el exterior. A éstos no se les debe castigar con impuestos astronómicos para poder entrar al país. Cuba no puede seguir diciendo que representa los intereses de la gente común y, al mismo tiempo, crearles dificultades en todo lo relacionado con los viajes y las residencias en el exterior. Todo eso, el quiebre de la familia cubana es muy doloroso aún.