Alberto Julián Pérez
  
El ensayista y crítico argentino Alberto Julián Pérez, Ph. D., New York University, 1986, es autor de Poética de la prosa de J.L. Borges, Gredos, 1986; La poética de Rubén Darío, Orígenes, 1992; Modernismo, vanguardias, Postmodernidad, corregidor, 1995. Ha publicado más de cincuenta artículos sobre poesía contemporánea, teoría literaria, estudios culturales, la obra de Borges, el siglo XIX argentino, en revistas especializadas de Argentina, México, Estados Unidos, España y Alemania. Es profesor de Literatura Argentina e Hispanoamericana en el programa doctoral de Literatura Hispánicas, y director de Estudios Latinoamericanos e ibéricos, en Texas Tech University, Estados Unidos.

 


Los dilemas políticos de la cultura letrada (Argentina - Siglo XIX)

Ediciones Corregidor, Buenos aires, 2002

 

Índice:

Prólogo 

Introducción:

     La lucha por el liderazgo político y cultural

Capítulo1:

     Especulaciones territoriales y teorías raciales

Capítulo 2:

     La voluntad política de las masas durante el rosismo

Capítulo 3:

     Echeverría, la Revolución de Mayo y la literatura argentina

Capítulo 4:

     El Facundo: Sarmiento interpreta a su nación

Capítulo 5:

     Amalia: espías, amantes y monstruos

Capítulo 6:

     Fronteras interiores: Mansilla viaja "tierra adentro"

Capítulo 7:

     Las peripecias del héroe gaucho: Martín Fierro, Juan Moreira y Don Segundo Sombra

Capítulo 8:

      Sin rumbo: la novela en la encrucijada nacional

Capítulo 9:

      Almafuerte y la poesía popular 

Epílogo:

      José Ingenieros piensa el siglo XIX 

Bibliografía citada


Un fragmento del Capítulo 3: Echeverría, la Revolución de Mayo y la literatura argentina  

  Esteban Echeverría (1805-1851) fue el fundador, creador y promotor de una de las posibles literaturas argentinas: la concibió primero como posibilidad y necesidad nacional y preparó el espacio literario donde pudiera desarrollarse. Si bien la suya fue sólo una de las literaturas posibles (progresista, liberal, romántica, europeísta, politizada, intelectual) se transformó, por el valor estratégico de sus principios y tas circunstancias políticas de la vida nacional, en la variante más representativa de la literatura argentina moderna (aunque el clásico de nuestra literatura, el Martín Fierro, no pertenezca a esa corriente).

  Esa literatura mostró las aspiraciones de liderazgo, dominio y control intelectual, político y cultural de la pequeña burguesía argentina -ese nuevo sector social al que Echeverría pertenecía- en la vida de la nación moderna: capitalista, mercantil, progresista. Como otros estados surgidos en América, tras las victorias de las revoluciones norteamericana y francesa, Argentina contó con una propuesta política y cultural (burguesa) propia.

  Echeverría procedió como si el mundo local de las letras no hubiese existido antes de la Revolución independentista de 1810. Al menos en lo que concierne al carácter "argentino", nacional de esa literatura. Lo escrito durante la época colonial anterior había  sido expresión literaria del vasallaje en que vivían las colonias americanas bajo la tiranía del decadente imperio español en América, que sofocaba el espíritu independiente regional, base de las nuevas nacionalidades constituidas a la caída del régimen colonial. Establece como momento de corte con el pasado y fundación de la nacionalidad lo que él denomina "Mayo", momento histórico en que la Revolución proyecta su sentido simbólico-alegórico en el mundo social, uniendo lo cultural y lo político, y creando una misión histórica nacional (Echeverría, Obras completas 222-6).

    Para Echeverría el individuo se realizaba subjetivamente en la historia y evolucionaba con ella. No diferenciaba lo cultural de lo estrictamente político. Su pensamiento era sumamente "moderno" y romántico: el hombre del destino, el genio romántico, llevaba sobre sus espaldas el peso de su sociedad¹. Debía dirigirla y, si no lo hacia, cargaba la culpa de faltar a su misión histórica. Los jóvenes de la Asociación de Mayo, que lideraba Echeverría, sintieron esa misión. Sintieron que debían salvar a la patria de la tiranía, ya que era el tirano quien impedía que triunfara la libertad y la democracia. Vivían en un presente degradado y deformado, que les impedía cumplir su misión histórica (el de la pequeña burguesía iluminada e intelectual, que debía dirigir al país, constituirlo, educar a las masas dentro de su filosofía nacional).

    Echeverría fundó el presente literario nacional como complemento del presente político nacional y del presente literario europeo, particularmente francés. Y procedió a definir "lo" nacional basado en su "doctrina", sintetizada en las palabras: fraternidad, igualdad, libertad, que hacían explícita la filiación francesa de su ideario revolucionario. Estas tres condiciones necesarias debían existir dentro de la asociación, para que la sociedad pudiera marchar hacia la democracia (Echeverría 159).  

   Echeverría estaba orgulloso de sus "progenitores": se reconoció "hijo" de los "padres" de la Revolución. En su interpretación explica que sus "padres" habían hecho la guerra y no habían tenido tiempo de organizar la cultura (aunque Rivadavia había sido un poderoso e inspirado antecedente) (Echeverría 99-102). Vio en el caudillismo el mal de su tiempo, el síntoma de una sociedad enferma. La sociedad estaba deformada. En vez de producir cultura producía anti-cultura. Se invertía el proceso histórico: la sociedad retrocedía en lugar de avanzan El caudillismo destruía la continuidad y evolución del proceso temporal. Tal como Sarmiento, Echeverría consideraba al caudillismo un núcleo semántico irradiador de sentidos sociológicos, políticos, culturales y económicos, como lo demuestra en su narración "El matadero".

   Para Echeverría, "Mayo", "Democracia", "razón, eran palabras y núcleos de sentido que centraban su pensamiento, rico y complejo. Quienes estudian a Echeverría se cansan de repetir que sus ideas no eran originales (qué pensamiento lo es en su sentido lato?) (Palcos, Historia de Echeverría 81-4)². Echeverría pensó su presente nacional a la luz de las ideas de los filósofos de la Ilustración, y en particular, de los pensadores contemporáneos: Saint Simon, Leroux y Lammenais. Sus ideas políticas estaban íntimamente asociadas a su condición de poeta romántico, de vate admirador de la estrella de Víctor Hugo y de Lord Byron, y lo que éstos significaron en la vida cultural y política de la Europa de su tiempo ("Fondo y forma en las obras de imaginación", OC 34 1-5).

   Como tantas obras americanas, militares, civiles y culturales, la literatura argentina empezó por ser un proyecto, basado en una teoría (Echeverría 362). Echeverría creyó que la literatura argentina debía desarrollarse a partir de una idea, como una idea. Lo que no formara parte de esta idea no sería literatura argentina. 


Notas:

1 - Dice Echeverría en su Dogma socialista: "Grande hombre, es aquel que el dedo de Dios señala entre la muchedumbre para levantarse y descollar sobre todos por la omnipotencia de su genio. El grande hombre puede ser guerrero, estadista, legislador, filósofo, poeta, hombre científico. Sólo el genio es supremo después de Dios. La supremacía del genio constituye su gloria y la apoteosis de la razón. El genio es la razón por excelencia" (Echeverría 141).  

2 - Dice Palcos, defendiendo a Echeverría de la acusación que le hiciera Groussac sobre su falta de originalidad: "La originalidad en Europa consiste en emanciparse de cualquier tutelaje intelectual. En América hay que disi mularla mucho tiempo bajo ese tutelaje, para tener luego el derecho de emitir pensamientos por cuenta propia." (Palcos, Historia de Echeverría 84).