Por su palabra y fantasía, recuperemos al niño
Por Jaime Padilla
Publicado en LIBERACIÓN, Malmö, 15 de octubre de 1999, p. 32-33.
El
escritor boliviano y colaborador nuestro, Víctor Montoya,
presenta su más reciente obra antológica: El niño
en el cuento boliviano. El autor considera que la
infancia constituye el cimiento de la personalidad humana,
la etapa más noble y sensitiva que nos depara la vida.
Seguro que su tarea para ver concretada esta antología no ha sido fácil; explorar e inventariar y ahora presentar a los ojos de la colectividad latinoamericana tal un cofre lleno de esperanzas y sorpresas literarias, con el testimonio de 35 escritores bolivianos. Montoya es directo y franco con sus respuestas, a la pregunta de rigor: ¿por qué eligió al niño como protagonista del cuento boliviano?, dice que por su palabra y fantasía, debemos recuperar al niño .
El comentario que esta entrevista me permite hacer sobre la personalidad de Víctor Montoya, es valorar su constante empeño por hacer que las letras bolivianas en el exterior, aparte de su nombre, tengan una referencia siempre constante de lo que es Bolivia. Así se lo conoce también a este hombre por la diversidad de sus escritos, experiencias y relatos, escritos con un estilo patético y a la vez risueño.
¿Qué le motivo la elaboración de esta antología?
Nosotros los adultos, de un modo general, somos lo que fuimos de niños. El niño que habita dentro de nosotros se refleja en nuestra conducta diaria de una manera consciente o inconsciente. Lo que pasa es que los adultos, a diferencia de los niños, nos avergonzamos de nuestras actitudes llamadas pueriles o infantiles, aunque estamos convencidos de que en todo individuo adulto hay un niño que quiere jugar, fantasear y hacer travesuras. El psicoanálisis de Freud ha demostrado que la fantasía de los pintores, músicos y escritores no es otra cosa que la manifestación de un niño que no deja de confabular historias y construir castillos en el aire. En síntesis, la infancia es uno de los periodos más determinantes en la formación de la personalidad humana.
¿Qué importancia tiene la publicación de esta antología en Suecia?
Es la primera vez que se publica en Suecia un libro que recoge la obra de los escritores bolivianos más representativos del siglo XX. Otro de los méritos es que se trata de una antología cuyos cuentos están protagonizados por niños. Los autores, algunos ya muertos y otros todavía vivos, nos prestan un pedazo de su experiencia e imaginación para que nosotros, estimulados por su palabra y fantasía, recuperemos al niño que, en el peor de los casos, vive recluido en el pozo oscuro de la memoria. Son cuentos que no defraudan al lector, porque poseen un gran valor ético y estético. Además, la publicación de esta antología es una forma concreta de contribuir a la difusión de la literatura boliviana más allá de sus fronteras, sobre todo cuando se piensa que la literatura de este país andino se quedó por mucho tiempo a la zaga de otras literaturas del continente americano. En Europa es una gran desconocida, debido a que los autores, salvo raras excepciones, no tienen obras traducidas a otros idiomas ni cuentan con el beneplácito de las editoriales comerciales.
¿A qué obedece el hecho de reunir en su obra a diferentes generaciones de la literatura boliviana ?
Desde un principio tuve la idea de reunir las voces más representativas de la narrativa boliviana, no de forma fragmentada sino global, pues el eufemismo generaciones no tiene más importancia que la de separar a los escritores según su fecha de nacimiento o de acuerdo a la época que les tocó vivir, porque en el fondo, tanto los escritores viejos como los jóvenes somos ramas de un mismo tronco y descendientes de una misma tradición literaria. Por ejemplo, para mí son tan actuales los textos de Jesús Lara y Oscar Cerruto, que cronológicamente corresponden a la generación de la Guerra del Chaco, como lo son los textos de cualquiera de los escritores contemporáneos que nacieron después de la revolución nacionalista de 1952. Es decir, en la elaboración de la antología no he tomado en cuenta otros aspectos más que los estrictamente literarios.
Si bien esta obra no es la primera y esperamos que no sea la última, tengo entendido que todas se han publicado en Suecia, mi preocupación es ¿por qué no en Bolivia?
Pienso que lo importante no radica dónde se publican los libros, sino en que éstos se difundan en los países que nos interesa. Es cierto que mis libros se publican en Suecia, pero es cierto también que se distribuyen en Bolivia a través de la editorial Los Amigos del Libro, que, siendo una de las más grandes y de mayor prestigio, se encarga de vender mis libros en escala nacional. Parece extraño, yo vivo en Suecia y mis libros se venden incluso a través de un catálogo electrónico de Internet que está coordinado desde Estados Unidos. Ahora bien, qué importancia puede tener publicar un libro en Bolivia, si igual es un mercado pequeño, donde se compran pocos libros y donde se lee poco, debido a la crisis económica, el analfabetismo y la deserción escolar. Todo es relativo, publicar en Bolivia no es ninguna garantía para que un libro sea más leído y se conozca mejor.
Se entiende que publicar en el exterior sirve para promover la cultura boliviana, ¿ha considerado usted interesar a editoriales de España, siendo que a través de ellas se puede alcanzar el mercado latinoamericano?
Las editoriales españolas están más preocupadas en producir a sus propios autores, que en rescatar a los nuevos valores que se perfilan en los países del llamado Nuevo Mundo. Los escritores latinoamericanos, aparte de quienes constituyeron el llamado boom de la literatura latinoamericana de los años 60 y 70, encuentran hoy más dificultades para establecerse en el mercado español. Asimismo, con los vientos que corren hoy, en España reina un espíritu más eurocentrista que en otros tiempos. Estamos viviendo una época en que todos piensan más en las ganancias, que en la difusión de la literatura. Desgraciadamente, la globalización de la economía también afecta a los lectores y libreros. Ojalá un día se pueda romper con la tiranía del mercado y la literatura se haga más accesible para el lector común.
¿A qué atribuye el fenómeno que los escritores bolivianos no alcanzan un mayor renombre en el exterior? Si lo que se publica en Bolivia no es malo.
Los autores bolivianos, que no siempre supimos promocionar nuestras obras, brillamos por nuestra ausencia en la constelación de la literatura latinoamericana. Estamos marginados y nos movemos en la periferia de la literatura universal, y no porque hacemos mala literaria, sino porque no tuvimos las mismas ventajas que tuvieron otras literaturas del continente. La literatura boliviana, en toda su estructura mágica y secreta, sigue siendo en gran medida una literatura de carácter oral. De otro lado, la escasa producción de libros en Bolivia obedece a la crisis económica del país, por mucho que los defensores del neoliberalismo quieran mostrarnos espejismos a nombre del progreso. Lo que quiere decir que la escasa producción de libros refleja el malestar económico del país, donde tengo la impresión de que se generan más empresas privadas que instituciones dedicadas al rescata y el desarrollo de la cultura.
Aparte de Augusto Céspedes, autor de "Metal del Diablo", ¿conoce usted a otro escritor boliviano traducido al idioma sueco?
Ya dije en alguna ocasión que la literatura boliviana es una ilustre desconocida para el lector sueco. La prueba está en que los únicos libros bolivianos traducidos al sueco son: Si me permiten hablar, testimonio de Domitila Chungara, redactada por Noema Viezzer, y la novela Metal del Diablo, de Augusto Céspedes; un cuento de Manuel Vargas y otro de Adolfo Cárdenas, que integran la antología En färd mot vindens ansikte (Un viaje contra la cara del viento); y una serie de artículos y cuentos míos que están publicados, entre otras, en las antologías Mötte med Sverige (Encuentro con Suecia) y Det Nya Landet (El País Nuevo). Esto es todo lo que hay en idioma sueco. No es mucho pero es un buen comienzo. Todo dependerá del esfuerzo nuestro para impulsar la traducción de la literatura boliviana a otros idiomas, ¿no es verdad?
A su criterio, ¿cómo considera que podemos romper el enclaustramiento cultural boliviano?
Con disciplina y responsabilidad, con orgullo y sentido crítico. Tenemos que partir del criterio de que somos uno de los países más desfavorecidos del continente, y por eso mismo, es esencial nuestro esfuerzo personal y colectivo para romper con el enclaustramiento de la cultura boliviana. Nadie hará por nosotros, lo que nosotros mismos debemos hacer para salvarnos del aislamiento y el olvido. En este sentido, creo que los bolivianos residentes en el exterior aportan su granito de arena al conocimiento de nuestra cultura y lo hacen de todo corazón. Habrá que seguirse esforzando para un día se nos conceda el lugar que nos corresponde con legitimidad.
La promoción de los valores musicales y folklóricos que se desarrollan en Suecia y en algunos países europeos, ¿creo usted que son suficientes para hablar de cultura boliviana?
Pienso que toda promoción de la cultura boliviana en el exterior, ya sea en campo de la música, el teatro, la pintura, la danza y la literatura, es digna de ser apoyada, difundida y reconocida, puesto que toda manifestación folklórica o artística no es más que la expresión espiritual de un pueblo, así como los escritores no son más que moduladores de voces anónimas y registradores de la memoria colectiva, ya que un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia, y un pueblo sin historia está condena a sucumbir en el olvido.
¿Cuál debe ser el papel que debemos desempeñar los residentes bolivianos en Europa, con respecto al espectro cultural boliviano?
El deber de todo boliviano, donde quiera que esté, es la de enaltecer y difundir los valores culturales que se asimilaron junto con la leche materna, pero sin caer en el falso patriotismo ni en la vocinglería chauvinista, que es otra cosa. Es muy difícil no sentirse boliviano estando fuera del país, porque de una manera u otra llevamos clavada en el pecho una Bolivia portátil, con sus valles y selvas, sus páramos y cordilleras. Yo mismo, que vivo en Suecia desde hace más de veinte años, no he dejado de pensar un solo instante en Bolivia, sobre todo, en el altiplano, donde se oye el ulular del viento tan nítido como el tañido de una quena. Creo que uno nunca deja de ser boliviano así cambie de nacionalidad y de nombre.