Revista Artes. La Hora, Ecuador

Juan Carlos Onetti o la fe vulnerada

Jorge Oviedo Rueda


No se por qué hay quienes se empeñan en sostener que el fenómeno del boom de la narrativa latinoamericana fue un fenómeno ficticio, creado por algunas editoriales sólo para ganar dinero. La calidad de la obra literaria, si no necesariamente, casi siempre está relacionada con el éxito en las ventas.
El boom latinoamericano tuvo éxito editorial por la calidad de sus obras y no por ninguna maniobra de marketing.
Por su edad, Juan Carlos Onetti (J.C.O.) no fue de los fundadores del boom. Nace en 1909 y para cuando García Márquez o Vargas Llosa publican sus primeras letras, ya Onetti había sacado a luz importantes obras de su producción. El boom, como todo en la literatura, no fue un fenómeno generacional, tuvo que ver con la búsqueda de nuestra realidad, del ser humano que vive, ama, traiciona y ríe en estas tierras.
Pese a su edad, Onetti será reconocido como parte de la "nueva novela latinoamericana" por su temática y la calidad literaria de su obra. J.C.O. se encarga de sobrepasar la herencia de lo que se llamó "novela de la tierra" -cuya fuerza nacía del paisaje-, para adentrarse en los misterios de un ser angustiado, ya no por la geografía, sino por el cemento agobiante de las grandes urbes. En el escenario urbano, Onetti escogerá a individuos de la clase media, agobiados por la marginalidad y la falta de fe en el futuro, como cantera de su narrativa. Lo que él llamó "el indiferente moral" que naufraga en las aguas de la impotencia, especie de nihilista para el cual nada tiene sentido, será su materia literaria. El paisaje de esta literatura no será la pampa, ni la selva, ni los espacios abiertos de la geografía americana, sino el recogido silencio de la interioridad, la introspección sicológica de la tragedia individual.
En su primera novela El pozo (1939), un hombre maduro hace un inventario de su vida, de sus frustraciones y de sus sueños. Por primera vez un autor latinoamericano se aventuraba en la siquis de su personaje, con lo cual estaba dando inicio a una nueva forma de hacer literatura en latinoamérica.
Muchos integrantes del boom reconocerán, años más tarde, su deuda con esta pequeña novela del uruguayo. El mismo dirá que, en esta corta narración, están presentes casi todas sus futuras obsesiones literarias.
En novelas como Tierra de nadie (1941) y Para esta noche (1943), Onetti hace de la ciudad el personaje principal. Babel de contradicciones, de trampas, de vericuetos en los que sobreviven legiones de seres desarraigados y trágicos, que no le encuentran sentido a la vida y cuyo objetivo es huir. El pavoroso descubrimiento del novelista será que no hay a dónde huir. Todos estamos encerrados en una trampa.
La literatura de Onetti tiene una indudable influencia del norteamericano Faulkner; pero es esa influencia que se reproduce en voz original a fuer de extraerle la singularidad a las temáticas tratadas. Faulkner está en Onetti como puede estar Joyce o Proust debido a la universalidad de los conflictos.
La soledad, la incomunicación, el desarraigo, la frustración, el miedo son las grandes obsesiones de la época contemporánea y Onetti es de los primeros que introduce esta temática an la narrativa latinoamericana.
Toda la obra de Juan Carlos Onetti está vinculada. Igual sus novelas como sus narraciones o cuentos. Como Faulkner o García Márquez, él tiene un mundo propio que está en algún sitio entre Montevideo y Buenos Aires. En él viven y sufren seres de destino trágico como Eladio Linacero o Juán María Brausen.
La magia absorbente de un sitio como la Santa María de Onetti consiste en que puede estar en cualquier parte del planenta y que los dramas que en ella se viven los podemos vivir cualquiera de nosotros. En ella está la realidad intangible, que no es copia de la realidad, sino creación, reelaboración.
Toda la obra de J.C.O. es una búsqueda de lo que está oculto en las sombras, de las palabras que esperan ser dichas, de esa realidad invisible y desconocida que acecha en la inquietante nada, que aparentemente no existe, pero que está ahí.
Con Onetti aprendí a inquietarme por las cosas cotidianas, por los gestos de las personas, por sus poses o sus silencios. Novelas como Los adioses (1954) o Para una tumba sin nombre (1959), El astillero (1961) o Juntacadáveres (1964) o cuentos como El posible Baldi, La casa en la arena o El infierno tan temido, me hicieron sentir las angustia de la fe quebrantada, de la inevitable decadencia de nuestra civilización que creiamos haber construido con sin igual inteligencia. El nos enseñó que nosotros, los americanos, no estamos libres del naufragio universal, que la angustia también nos ha hecho sus víctimas.

Encontrado en: http://www.lahora.com.ec/paginas/artesanteriores/13190121/paginas/cultura10.htm