1993
Por Alan Pauls
Página/12, Libros, 2 de septiembre de 2001
11.03 alguien señala, en un lugar, algo que es nuevo, y uno tiene la impresión de que lo nuevo es todo lo que rodea a lo que acaban de señalar. dos flamantes bibliotecas que escoltan a una ventana de madera y para mí lo verdaderamente nuevo es la ventana. que pase lo mismo cuando nos presentan a una persona: todo lo que la rodea se vuelve nuevo, la persona misma resulta por completo intrascendente. manera fatal de enamorarse, porque la persona que enamora se enmascara en todo lo que está a su lado, que sólo es nuevo y atractivo por una especie de irradiación misteriosa, de contagio, en el que la verdadera fuente de novedad y de belleza pasa, en ese momento de descubrimiento, inadvertida.
22.03 lo que una mujer deja al abandonar a un hombre: cáscaras de pistacho por todo el departamento, y todos los instrumentos para escribir inutilizables: los marcadores, secos; las lapiceras, sin tinta; los lápices, sin punta. de modo que cuando el hombre quiere anotar algo, un teléfono importante, por ejemplo, el número de una posible novia, no encuentra con qué escribir (y, en la búsqueda, cada vez más malhumorada, pisa un pistacho, resbala y cae. y tienen que enyesarlo.) título: el convaleciente.
en asalto en la ciudad (carlos cores, circa 59), esta idea: ignacio quirós se despierta a la madrugada en su casa del tigre. en off se oye el canto de un gallo, él apaga un despertador (que nunca sonó), el gallo deja de cantar de inmediato.
26.03 buena noche: inspirado, simpático, “democrático”. pero al volver tengo otra vez la desagradable impresión de haber despilfarrado. vuelvo a repetirme que no tengo que gastar tanto ingenio en salidas sociales. ¡me queda tan poco! hay personas (v., por ejemplo) en las que los circuitos de la sociabilidad y los de la imaginación artística están bien comunicados y se alimentan mutuamente; hay otros, como yo, en quienes son circuitos completamente distintos, que no pueden compartir nada. todo lo que invierto en la vida social (ingenio, simpatía, vitalidad, modales, etc.) no me vuelve bajo ninguna forma –ni siquiera bajo la coartada de un goce- gasto puro, a la bataille. v. tiene razón: he “progresado”, ahora puedo “entregarle” algo de mí a lo social. pero todavía no consigo “recibir” nada de él.
12.04 en la clínica santa rosa, una funesta noche de domingo santo. esperamos en una sala a que el psiquiatra de guardia salga del consultorio donde ausculta a p. son cerca de las 8. una vieja casa en olleros y luis maría campos, estilo los locos addams. gente que deambula por el lugar. la dificultad de decidir quiénes son pacientes y quiénes enfermeros. una chica irrumpe en la sala de espera, vestida de calle, y se presenta formalmente. “soy miriam, miri para los amigos”, dice, mientras va dándole la mano a cada uno. todos creemos que es una empleada de la clínica que se presenta a darnos la bienvenida, con café, tragos y recomendaciones diversas. cuando llega hasta mí abre la boca y exclama: “¡pero si es el famoso alan power!” (“tengo que decirte que te quedaba mejor el pelo largo”) y a partir de ahí todo enloquece. no trabaja allí, es paciente;con suerte sale la semana que viene. nombra en dos minutos a toda la gente famosa que conoce: a eduardo hoffman (“para los amigos”: para los demás se llama sergio denis), a cierta periodista que escribe en la nación, una de cuyas notas me muestra en el acto (doble página de inmobiliarias del diario). dice que es su amiga íntima; le regaló una foto de charly garcía en concierto, autografiada, pero no por charly sino por la amiga, delia algo, que la robó del archivo fotográfico del diario y le estampó al dorso una dedicatoria para acelerar su recuperación. a lo largo de dos horas, miri aparece y desaparece varias veces, siempre por motivos distintos. una vez es para presentarnos a otro paciente de la clínica, un chico de pelo largo, pantalón de piyama y pantuflas que me pregunta si en estados unidos podrá encontrar a mick jagger y a keith richards. piensa viajar allá en 1994, por el mundial, y se le ocurrió que era una buena oportunidad para verlos. le digo que más probable me parece londres. “eso es en inglaterra, ¿no?”, me dice. miri se lo lleva de prepo mientras discuten con frases ajenas. él usa algunas del indio solari (“violencia es mentir”); ella, de saint-exupéry (“lo esencial...”). se las tiran como dardos. miri reaparece una vez con caramelos y unos restos de huevos de pascua. la cascarita de chocolate, ínfima, es para mí, los caramelos, para los demás. “yo sé que estos momentos son muy tensos”. otra, para mostrarnos un carné de fotos. v. se atreve a mirarlas. miri le va dictando nombre y apellido de cada uno de los retratados: “marta, la locutora de la radio, una radio de temperley”, “Fernando, el potro del mundo: mi futuro marido”, etc. sólo que cada vez que se va de la sala donde esperamos cierra las puertas tras ella, como si quisiera privarse de la tentación de vernos desde otra sala para no tener que estar volviendo todo el tiempo. me pregunto si la habrán medicado con tranquilizantes o con anfetaminas.
Encontrado en: http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/libros/01-09/01-09-02/nota2.htm