ARCHIVO / Por MARTÍN PRIETO

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UNA DEMORA PERFECTA

El factor Borges escapa a las celebraciones del prócer literario por el camino más corto: el de la inteligencia. Ensayos reunidos bajo la impronta de la divulgación pero sin concesiones 

El factor Borges. Nueve ensayos ilustrados. Nicolás Helft y Alan Pauls. Fondo de Cultura Económica, 159 páginas.

A veces surge un beneficio de las cosas que se hacen mal. El factor Borges. Nueve ensayos ilustrados estuvo a punto de ser uno de los tantos libros publicados en 1999 como parte de los fastos con que el mundo editorial y María Kodama festejaron los 100 años del nacimiento del autor de Ficciones, y que tuvieron su glorioso epítome en la involuntaria homofonía de un título brutal: Diccionario de borgerías. Tal vez, si la pereza y la burocracia editoriales -escondidas hoy como estrategia- no hubieran suspendido por un año la publicación de este ensayo de Nicolás Helft y Alan Pauls, el mismo habría quedado por demasiado tiempo oculto como una borgería más.
Pero hay libros que nacen con estrella, y éste parece ser uno de ellos, ya que su atraso lo colocó, paradójicamente, por delante de todos los demás. Mérito anecdótico de condiciones externas al volumen y mérito, claro está, del justo trabajo de Helft y Pauls. El primero puso a disposición del libro la parafernalia iconográfica, buena parte de la cual se encontraba hasta hoy inédita o desconocida y en la que brillan desde el libelo publicado en la revista La Descamisada, en los años 40 ("Borges, el escritor argentino que traduce sus cuentos del inglés y los firma como si fueran propios"), pasando por las exóticas postales que le enviaba a Estela Canto (reproducciones de fotos de la Casa Rosada, la avenida Leandro N. Alem o el puente Avellaneda), hasta la nota publicada en 1967 en Selecciones de Reader's Digest ("Une lo útil a lo agradable. Por Jorge Luis Borges. Poeta y cuentista mundialmente celebrado").
Pauls, por su parte, autor del texto del volumen, se juega por el modelo que los ingleses llaman "divulgación inteligente". Recuadros, destacados, y un corredor informativo y crítico que reemplaza el tedio de las notas al pie de página son el preciso soporte con el que cuenta para desarrollar sus tres hipótesis principales: Borges como el primer escritor argentino del siglo XX (y no como el último del siglo XIX, según la célebre boutade de Ricardo Piglia, tomada en los claustros universitarios como una religión); Borges no como el recoleto escritor que prefirió la sepulcral paz de la biblioteca y del escritorio al sucio conflicto de la vida, sino como quien utilizó a la literatura como un feroz campo de batalla; Borges, finalmente, no relacionado a los conceptos a los que lo asocia habitualmente el sentido común (alta cultura, hermetismo, cultismo, academicismo), sino como un sorprendente demócrata, un incansable divulgador, un periodista y, además, un trabajador de la literatura, un desclasado que se encuentra, a su pesar, más cerca de los "proletarios" Horacio Quiroga y Roberto Arlt que de sus aristócratas amigos Adolfo Bioy Casares y las hermanas Ocampo. Pauls, quien ya se había destacado en sus ensayos sobre Manuel Puig (1987) y Roberto Arlt (1989), vuelve de este modo al ruedo y lo hace, como entonces, de manera silenciosa: poniendo al objeto de su estudio por delante de su voz.

COMPATIBLE:
La "divulgación inteligente" tiene en la literatura argentina un prestigioso antecedente que este libro recupera extensamente: las ediciones de Capítulo, del Centro Editor de América Latina, de los años 1967 a 1982.

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