La realizadora Vanesa Ragone habla de su experiencia fílmica con la poesía de Alejandra Pizarnik

La película de Alejandra

Nota del 3 del 6 de 1998. P. E.


En el año 87 era casi imposible encontrar en las librerías alguna obra de Pizarnik", comenta Vanesa Ragone, realizadora (junto a Mariela Yeregui) de Vértigos, o contemplación de algo que cae, un cortometraje sobre el mundo poético de Alejandra Pizarnik que hoy puede conseguirse en varios videoclubes. La película fue estrenada en el 93 tras obtener un subsidio del Instituto Nacional de Cinematografía y logró muy buena aceptación en los diversos circuitos donde fue proyectada.

Vanesa Ragone sigue dedicándose al género documental. En estos momentos se encuentra compaginando su última película, A yvúPora (las bellas palabras en lengua guaraní), que filmó a lo largo de cuatro meses en una comunidad aborigen de Misiones. Su nuevo filme tiene la particularidad de ofrecer un cruce de miradas: "No sólo filmo en el lugar sino que capacito a la gente del lugar para que ellos también filmen", explica Vanesa. Sus intentos de compaginar diversos géneros y lenguajes comenzaron justamente con el cortometraje de Pizarnik. "En esa época no conocíamos nada de la vida de Pizarnik, lo que sí habíamos descubierto era una pasión en común por su poesía. En una primera instancia no pensábamos incluir nada de datos biográficos, excepto un cartel al final explicando algo; pero después -como bien dice Olga Orozco al final de la película- descubrimos que "su palabra es su propia vida, como su palabra es su propia muerte". También nos dimos cuenta de que Pizarnik no era un personaje muy conocido y que, si no agregábamos algunas cosas sobre su propia vida, la película iba a dar una idea bastante confusa. Entonces decidimos mezclar dos grandes ejes: un discurso más documental o de entrevista, tratado de manera bastante particular, más toda una línea de ficción, que tomaría su obra poética. En algunos momentos esas dos cosas se tocan y los personajes entrevistados aparecen en los escenarios de la ficción, o bien los personajes de la ficción se encuentran con las personas del documental".

Algunos de los testimonios que aparecen en el corto sorprenden por su encendida devoción hacia Pizarnik: Arturo Carrera, por ejemplo, define su encuentro con Alejandra como un segundo nacimiento; la voz indignada de Ivonne Bordelois critica la ceguera de los editores hispanoamericanos, mientras que Ana Becciú cuenta una curiosa anécdota: cuando le presentaron a Alejandra, enmudeció de la emoción y sólo atinó a abrir su bolso para regalarle todos los cigarrillos que tenía encima. Para su sorpresa, la poetisa retribuyó esa ofrenda entregándole las pruebas corregidas de La condesa sangrienta. La película ofrece apuntes de gran interés y, tras los títulos, sorprende con una joyita de documentación: nada menos que la voz en off de Alejandra. Recita un texto de Eliot, y su tono de resignada tristeza se enquista de inmediato en la memoria de quien lo escucha.

Vanesa Ragone opina que hay demasiadas fantasías en torno de Pizarnik: "A mí me parece que ella la pasaba medio mal y medio bien, como cualquiera de nosotros –opina-, No fue su personalidad sino quizás esa ansiedad suya por lograr que las palabras dijeran las cosas las causantes de su dolor psíquico. A mí me interesa mucho su obra, no los entretelones de su vida. Es más, tampoco me hubiera gustado conocerla, creo que no habría empatizado para nada con ella... creo que me habría inspirado miedo."

Para Janis Joplin

(fragmento)

a cantar dulce y a morirse luego.

no:

a ladrar.

así como duerme la gitana de Rousseau.

así cantás, más las lecciones de terror.

hay que llorar hasta romperse

para crear o decir una pequeña canción,

gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia

eso hiciste vos, eso yo.

me pregunto si eso no aumentó el error.

hiciste bien en morir.

por eso te hablo,

por eso me confío a una niña monstruo.

(1972)

 

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