Alejandra Pizarnik: un mundo desenterrado por el lenguajeCarlos Jiménez Climent
Licenciado en Filología Italiana y editor
Hace casi 30 años una joven poetisa argentina ponía fin voluntariamente a su vida con una sobredosis de Seconal. Sucedía el 25 de septiembre de 1972 y la suicida se llamaba Alejandra Pizarnik; tenía 36 años y una tormentosa existencia que la condujo de la adicción a los tranquilizantes y los estimulantes al ingreso en un hospital psiquiátrico.
Poetisa precoz, con tan sólo 19 años ya había publicado un poemario titulado 'La tierra más ajena'. Después de cursar Filosofía y Letras y pintura en Buenos Aires, se traslada a París donde reside entre 1960 y 1964. Allí conoció a Octavio Paz y Julio Cortázar, quien le dedicó el poema 'Aquí Alejandra'.
Autora de una poesía muy alejada del compromiso político de su generazión los versos de Pizarnik nacen de las más absoluta introspección ante una vida que la superaba. La soledad, el silencio, el lenguaje, son referencias constantes en su obra. En su diario aparece una nota autógrafa que data del 30 de abril de 1966 y que muestra como ninguna otra la zozobra emocional de Alejandra: "Heme aquí llegada a los 30 años y nada sé aún de la existencia. Lo infantil tiende a morir ahora, pero no por ello entro en la adultez definitiva. El miedo es demasiado fuerte sin duda. Renunciar a encontrar una madre. La idea ya no me parece tan imposible. Tampoco renunciar a ser excepcional (aspiración que me hastía). Pero aceptar ser una mujer de 30 años... Me miro al espejo y parezco una adolescente. Muchas penas me serían ahorradas si aceptara la verdad".
Ahora la editorial Lumen publica la 'Poesía completa' de Pizarnik por vez primera en España. Una oportunidad perfecta para conocer a una de las voces más intensas de la literatura latinoamericana de este siglo que acabamos de abandonar ahora con resignación. La edición de esta recopilación va a cargo de una de las máximas especialistas en la obra de la autora argentina, Ana Becciu, quien prepara un segundo libro dedicado a su prosa y un tercero que recogerá sus diarios. Para aquellos que quieran saber hasta qué punto vida y obra se entrelazan en la obra de Pizarnik, la editorial Omega prepara un biografía de la autora escrita por César Aira, quien la conoció personalmente.
La obra cumbre de Pizarnik son sus dos últimos libros: 'Extracción de la piedra de la locura' (1968) y 'El infierno musical' (1971); sin duda los dos títulos indican ya la peligrosa relación de la autora con la desazón vital y el sufrimiento. Pizarnik creyó siempre en "la palabra que sana", una especie de terapia del lenguaje que la ayudara a superar el tedio de la vida. "Sin saber cómo ni cuando, he aquí que me analizo. Esa necesidad de abrirse y ver. Presentar con palabras. Las palabras como conductoras, como bisturíes. Tan sólo con las palabras. ¿Es esto posible? Usar el lenguaje para que diga lo que impide vivir. Conferir a las palabras la función principal. Ellas abren, ellas presentan. Lo que no diga será examinado. El silencio es la piel, el silencio cubre y cobija la enfermedad" (29 de mayo de 1965, Buenos Aires).
"Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio". Pizarnik admite que esta es la única esperanza: "Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa".
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