El Mundo, Viernes, 31 de agosto de 2001

MILLENIUM / LAS 100 MEJORES NOVELAS. Nº 93 «BOQUITAS PINTADAS» , DE MANUEL PUIG

La emoción y el romance

GUILLERMO CABRERA INFANTE


La novela Boquitas pintadas, 1969, es una de las tres obras maestras de Manuel Puig. Las otras son: La traición de Rita Hayworth (1968) y El beso de la mujer araña (1976). Hay otras novelas suyas extraordinarias, The Buenos Aires Affair (1973) y sobre todo su última novela, Cae la noche tropical (1988). Manuel fue, y es, un novelista por encima de todo. Ha sido, es verdad, un guionista de cine profesional y un autor de obras de teatro, mayormente las diversas y sucesivas adaptaciones de El beso de la mujer araña. El éxito mundial como película hecha en Hollywood (interpretada por una estrella del cine, William Hurt, que ganó un Oscar por ella, y luego una exitosa comedia musical en Londres y Manhattan, dirigida por la eminencia teatral Harold Prinz) lo hizo, como él mismo decía, «rica y famosa».

Manuel Puig nació en 1932 en una pequeña ciudad argentina, General Villegas, pero, como él mismo decía, «crecí en la pampa en un mal sueño o más bien un mal western». Pero en realidad nació en un cine o mejor, en una casa de sueños. Como el muchacho de Cinema Paradiso (hecha sin duda después de haber leído La traición de Rita Hayworth), Manuel fue un niño en el paraíso, que es casi el título de uno de sus filmes favoritos, Les Enfants du Paradis, en que el paraíso es también el gallinero. Como su biógrafa, Suzanne Jill Levine, escribe, Manuel estaba siempre «queriendo despertarse para encontrar que la realidad era una matiné importada de Hollywood». Amar y vivir del cine era todo el mismo sueño para él, pero no deseaba ser un héroe del cine sino una diva, «como Norma Shearer». Con una devoción que quería creer verdadera «se sumergía en las revistas de cine». «Llegué tan lejos», y no sólo como metáfora, confesaba Manuel, «como cortar los anuncios de los estrenos futuros». Las revistas y los periódicos venían todos de Buenos Aires, aunque Manuel y su familia «vivían a doce horas por tren» de la capital. De sus sueños del cine y sus deseos de la vida real surgió su primera novela, La traición de Rita Hayworth.

Manuel decía: «No escogí la literatura, la literatura me escogió a mí». Aunque fue un hit, a palpable hit (como dice Shakespeare de Hamlet herido en su duelo), su primera novela fue primero un sueño, luego un guión de cine y finalmente un libro (...).

El siguiente libro de Manuel fue Boquitas pintadas, que subtituló Una serie, como se entiende en televisión. Es decir, una telenovela, un novelón, un culebrón. En vez de en cine Manuel hurgó ahora en el mundo de las novelitas sentimentales, de amor: un género en todas partes, aunque algunos puristas retóricos lo llaman subgénero. Boquitas pintadas coge su título de un verso del tango-foxtro de Gardel-Le Pera en la película Tango en Broadway (1934). Dice el verso de Rubias de New York, que Manuel cita como epígrafe en la Tercera entrega (entrega, como en las novelitas, en vez de capítulo): «Deliciosas criaturas perfumadas, quiero el beso de tus boquitas pintadas».

Manuel emplea las letras de Alfredo Le Pera como versículos de la religión del tango, y tiene razón porque para los argentinos (y este autor) el tango es sagrado. Esta entrega tiene un subtítulo, Album de fotografías, y eso es lo que Manuel hace: escribe fotografías de un álbum que contiene nostalgia y sentimentalismo en partes desiguales. Le Pera (más que Gardel, que ponía la música y la voz de «un jilguero», como lo llamaban en Argentina) es como las profanas Escrituras del Tango y Manuel cita sus versos como decía la Novela de las Nueve de la radio cubana: «La emoción y el romance en cada capítulo». Otras citas de Le Pera (Le Pera no La Pera) son igualmente memorables en Boquitas Pintadas, pero hay una que debió llegar al corazón popular de Manuel Puig: «... Dan envidia las estrellas/ yo no sé vivir sin ellas». Para Manuel, claro, eran las estrellas de cine.

Dice nuestro autor de su libro: «Es un folletín con el cual, sin renunciar a los experimentos estilísticos iniciados en mi primera novela (La traición de Rita Hayworth), intento una nueva forma de literatura popular». Si quitamos la palabra experimentos (los experimentos pertenecen a las ciencias: la Bioquímica, la Física, aun la Astronomía que es toda observación) la descripción de Manuel es notablemente apta. Dice The Oxford Companion to Spanish Literature (y por una vez, inteligente, evita el odioso adjetivo latin, que no sólo es un cliché sino totalmente inexacto pero, para algunos, absolutamente necesario), dice así: «Igualmente cómica, Boquitas pintadas emplea los mismos diseños sin tono del discurso, ha vendido (en 1978) más de 100.000 ejemplares solamente en Argentina y le ha granjeado reclamo crítico. Puig explora las aspiraciones culturales -igualmente cómicas pero patéticas- de la clase media gentil en las provincias (argentinas), usando el ingenio y la ironía sin la desesperación».

Las ventas actuales aventajan los 200.000 ejemplares y se sigue vendiendo en todas partes, con una sola voz disidente pero poderosa. Respondió Borges a la revista Newsweek, al preguntarle el reportero qué le parecía el éxito de la novela: «Imagínese. Una novela de Max Factor». Borges, que declaraba no leer nunca a sus contemporáneos, debió saber algo que seguramente le soplaron a la vieja oreja algunos envidiosos argentinos: fue la envidia y no Perón quien hizo huir a Manuel de la Argentina, pero, como dice el tango, «el viajero que huye/ tarde o temprano detiene su andar». Manuel Puig detuvo el suyo en Nueva York, Brasil y México, donde lo detuvo la muerte, en Cuernavaca en 1990, añadiendo así misterio a su muerte súbita a los 58 años de edad (...).

La excelente biografía de Suzanne Jill Levine no es sólo su, de ella, mejor libro, sino el triunfo final del malogrado Manuel Puig. Aquí está el hombre y el escritor y su vida a veces seria, a veces triste y siempre gay, gayísimo y finalmente, como todas las vidas, terminada en tragedia. Su triunfo sobre los escritores, sobre todo argentinos, contemporáneos o no, que lo marcaron con impronta odiosa de no ser engagé (Manuel los hubiera corregido: engagé no, engagée, como dijo: «Soy una mujer de carrera») un «escritor comprometido». Se lo echaban en cara, pero... ¿Es eso un crimen? Sin embargo, su verdadero descubridor, Juan Goytisolo, dijo en su obituario (o si lo prefieren su nota necrológica) que Manuel no era sólo un gran escritor, sino «un tenaz defensor de las mujeres y de los homosexuales en un mundo macho feroz». Para añadir con mayor precisión: «Con honestidad y dignidad, cobró la realidad a pesar de las nieblas del miedo y los ojos vendados de las ideologías».

Las biografías, según Oscar Wilde, «añaden un nuevo terror a la muerte». Esta biografía (Manuel Puig y el beso de la mujer araña), contraria al dictum de Wilde, como todas las biografías aspira constantemente a la condición de historia. Con ella Manuel Puig ha entrado en una historia más válida, la historia de la literatura.

Encontrado en: http://sudinero.elmundo.es/2001/08/31/cultura/1042091.html