Especial

HOMENAJE A JULIO MIRANDA

Queremos tanto a Julius


Foto: Esso Alvarez

 

Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la muerte
Rubén Darío

 

De puentes de seda, las palabras, en estos casos, pasan a ser tercas y refractarias nubes de polvo atravesadas en la garganta. O como diría tu tocayo, el Cronopio: perras negras. Instrumentos de aniquilación: las palabras. Yo te lo juro, preferiría el silencio. Pero, ya se sabe, se espera que tu amigo —entrañable— deje oír su voz. No importa que a ésta la empañe la emoción.

Pues sí, Julius, aquí estamos, aquí nos quedamos viendo tu última travesura, contemplando tu sonrisa —un tanto pícara y conejil— de gato de Cheshire. A la hora del conticinio hiciste mutis en una calle de esta ciudad serrana, tan vilipendiada y adorada que habías elegido para vivir. Saliste de escena, sin bullicio, con esa discreta elegancia que solías emplear cuando la fiesta amenazaba con desbandarse. Bien sabemos que no se trataba de una huida, menos aun de una deserción. Me consta que sabías vivir, que la existencia para ti era un goce ajeno al hedonismo, un constante indagar en las perplejidades y anhelos de los otros.

Creo no equivocarme al afirmar que uno de tus sueños predilectos era convertirte en invisible. "El cubano invisible", escribiste alguna vez. Lamento decirte que te equivocaste, pues como muy acertadamente me lo confesara Angelines, tu madre, hoy por la tarde: "El siempre brillaba". Por más que te empeñaras en pasar inadvertido, esa estela de luz que brotaba de tus palabras, ese halo de autenticidad y pureza que emanaba de tu ser, te delataban y hoy más que nunca, en los corazones desolados de los que te conocimos y supimos querer, brillas con mayor intensidad.

Ah, Julius, amigo mío, desde que te fuiste no ha cesado de llover.

 

Ednodio Quintero. Narrador

El Universal.com - Verbigracia, nº 19.

Encontrado en: http://www.eluniversal.com/verbigracia/memoria/N19/contenido04.htm