Narrativa contemporánea en Venezuela

Ednodio Quintero: escribir para respirar

Por Silvia Lidia González

Actual, Revista de la Dirección de Cultura Univ. de los Andes. Enero-Abril de 2002, III etapa, nº 49.


Entre sus obras:

La muerte viaja a caballo (1974), Volveré con mis perros (1975), El agresor cotidiano (1978), La línea de la vida (1998), La danza del jaguar (1991), La bailarina de Kachgar (1991), Soledades (1992), Cabeza de cabra y otros relatos (1993), El rey de las ratas (1994), El cielo de lxtab (1995), El combate (1995), El corazón ajeno (1999), Lección de Física (2000).

 

Poética de su escritura

Para Ednodio Quintero la literatura es una manera de estar en el mundo: "La escritura, aun cuando no es algo que practique a diario, es una manera de respirar, una manera de estar".

   Desde que era un joven estudiante, en un liceo de Barinas, el ahora conocido escritor, se percató de sus facultades para redactar. A los 14 años, además, ya había escrito un ensayo inspirado en el pensamiento cristiano, dilucidando las diferencias entre los términos rebelde y revolucionario.

   En la adolescencia surgieron también cuentos, producto de su necesidad de "escribir para respirar" como él lo subraya- y de sus constantes lecturas: "Uno comienza a escribir como los niños comienzan a hablar, imitando". En ese proceso que incubó su necesidad de escribir, Ednodio Quintero había descubierto "de un solo golpe" a Borges, a Cortázar y a Paz, cuando llegó a estudiar Ingeniería Forestal en Mérida.

   Esta "revelación' se sumo a sus propias inquietudes, enriquecidas desde que, viviendo en el campo, tuvo la oportunidad, durante un año, de explorar la biblioteca de un padrino, donde había miles de libros de variados autores.

   La escena era -relata el escritor como de una película costumbrista: "Yo bajaba en un caballo, tres o cuatro kilómetros y llegaba a la casa de mi padrino, almorzaba, y le devolvía siete u ocho libros que me había prestado. Luego, él me recomendaba algunos otros".

   En aquella biblioteca bucólica, se encontró por primera vez con autores como Faulkner o Sillanpáa , "un autor finlandés a quien yo quiero mucho, aun cuando es un escritor menor, incluso en Finlandia, porque me dio esos regalos tan importantes, sus letras, a esa edad".

   De sus primeros trabajos surgieron cuentos que él mismo caracteriza como "redonditos, como probando una teoría". En un ejercicio autocrítico recuerda que escribía de manera lenta, tal vez buscando ser perfeccionista. El proceso se fue agilizando y haciendo más fluido. Aunque se atreve a usar la palabra irresponsable, reconoce que la escritura tampoco sale del vacío, sino de la experiencia de 40 años de lectura y escritura. Ahora es menos inocente y escribe con más facilidad, finalmente uno de los objetivos que siempre persiguió: "Creo que me he olvidado de la forma literaria y dejo que hable la conciencia

 

Influencias

Todas esas experiencias y lecturas tempranas marcaron la vida y la profesión de Ednodio Quintero. Cuando intenta contar los autores que le han dejado algo, no vacila en elevar la cifra a más de 500: "todos los autores que tú lees te influyen de alguna manera

    Leer y escribir se unen en un proceso que -según el autor- tiene que ver con la madurez: "Yo leo mis primeros tres o cuatro libros y puedo decir: esto es Cortázar esto es Borges, esto tiene influencia de Ambrose Bierce. Después creo que sí empecé a andar por mi mismo  

   En ese repaso a sus influencias, Ednodio Quintero reconoce, por ejemplo, que su cuento "Paraíso perdido" (publicado en Volveré con mis perros (1975), y en Cabeza de cabra y otros relatos (1993), posteriormente) se puede leer en paralelo con el cuento "La isla al mediodía", de Julio Cortázar  

   Sergio Pitol, uno de sus escritores más estimados, dijo alguna vez en una entrevista que él siempre admiró mucho a un autor, y quiso escribir exactamente uno de sus cuentos. "Tomando esa idea, yo siempre quise escribir el magistral cuento "La noche boca arriba", de Cortázar. Y en esos intentos, me salían cosas no tan malas", expresa el narrador andino.

   "Yo creo que después de los 40, cuando escribí La danza del jaguar empecé, no sé hasta dónde a ser original, pero sí a usar un lenguaje mucho más propio, en cual, por supuesto, aun hay influencias". Ednodio Quintero, llama nuevamente a la memoria y aparecen nombres importantes, como el de Thomas Berhardt, de quien ha leído más de 21 ó 23 libros. No busca escribir como él. Lo considera un autor difícil de leer, pero su lectura lo estimuló, y está presente de alguna manera en el capítulo final de La danza... "era casi como para un atleta hacer pesas durísimas... mis propios músculos se estaban fortaleciendo para escribir; me estaba entrenando con un peso pesado".

   Así, resume que en su carrera ha habido influencias directas como las de Cortázar, Kafka y Borges, en un principio; y lecturas posteriores, como las de Berhardt, o Gombrowicz, que también han repercutido en su escritura.

   Actualmente, es posible que su trabajo esté menos marcado por la literatura y tenga más influencia de otros ámbitos: "...de la televisión, del cine, de lo contemporáneo, de la acidez o el cinismo que se respira desde los 90 para acá. Tiene mucho que ver con el ambiente, con lo que está pasando en el mundo y como es la vida urbana en general, muy sola, muy dura".

 

La narrativa venezolana contemporánea

Cuenta Ednodio quintero que en algún momento fue señalado por no leer narrativa venezolana. Lo criticaban por leer sólo a Kafka, a Joyce. La motivación a ampliar su visión, a incursionar en la academia con cursos específicos sobre el tema, lo llevó a explorar el panorama completo de los narradores venezolanos del siglo XX. Su amistad con Julio Miranda, quien -recuerda Ednodio- siempre tuvo interés por los fenómenos de la literatura casi como sociológicos, lo animaron a seguir de cerca a muchos autores (ahora ya no tan jóvenes, dice) que hicieron aportes importantes.

   Sin embargo, en la narrativa reciente no ha encontrado muchos trabajos que le entusiasmen: "Hay un síndrome en Venezuela del escritor que promete mucho y escribe un libro a los 20 o 25 años, y luego desaparece... se va de la literatura".

   El problema tiene que ver con el país, pues su óptica le permite apreciar que en otras latitudes, en el mismo idioma (Argentina, Chile, Colombia, México) si están pasando cosas en la narrativa, como se ejemplifica en la producción de César Aira, Juan Villoro, Enrique Vila-Matas, entre otros. "No sé si sea porque desde el bosque no se ven los árboles, pero puedo decir que, salvo excepciones, la narrativa venezolana que se está haciendo ahora no me entusiasma mucho...

   De esas excepciones, Ednodio Quintero rescata con entusiasmo trabajos no muy recientes, pero que siguen pareciéndole extraordinarios. El caso de Victoria Stefano, con Historias de la marcha a pie (1997), lo lleva a pensar que, definitivamente, en Venezuela se han dado narradores de gran calidad.

 

Narrar en estos tiempos

Su percepción sobre el cambio de siglo y de milenio es que se trata de algo un poco artificial, por el poder que tienen mil años. "No hay una puerta que tú atravieses.., es más bien algo psicológico. Lo que sí hace la diferencia son los hechos, lo que te sucede a ti, lo que le sucede al mundo, como lo que sucedió el 11 de septiembre del año pasado; eso si fue un hecho que cambió de alguna manera el planeta".

     Más allá de lo que él llamaría tradición nostradámica, que mantiene a muchas personas atentas a los cambios en el calendario, siente que, como persona y como escritor, le han marcado más experiencias personales, o hechos que han conmovido al mundo. "Soy de las pocas personas que siguen preocupadas por la bomba atómica. Esos hechos sí marcaron, no solamente la parte histórica y geográfica de los pueblos, sino la psiquis colectiva y la psiquis de los escritores. Antes de la bomba uno podía decir con mucha soberbia que conocía el planeta, que sabía que era un pedazo de roca que va por el espacio, que llevaba siglos y millones de años rodando, sin ningún peligro de destrucción masiva. Había pestes, catástrofes naturales localizadas, pero ahora se trata de la posibilidad de destrucción amplia, masiva.., así no se use, se sabe que existe, que con sólo una centésima parte de la energía nuclear acumulada, se destruye todo. Eso ya te pone en otra dimensión del planeta".

 

Qué hacer por la paz

En ese contexto, en un mundo que el mismo hombre ha puesto en peligro desde hace tiempo. Ednodio Quintero se manifiesta preocupado, pero consciente de que, desde la escritura no se puede hacer mucho en la actualidad. Tal vez -dice   en la época de Thomas Mann, sus y escritos pudieron ser cruciales, pero ahora poco cree que puedan aportar los narradores a la conciencia social: `A los narradores y a los escritores les pasó como cuando la alquimia se convirtió en química. Perdieron prestigio los alquimistas".

     En sus múltiples lecturas, alguna vez encontró los pronósticos de un pensador inglés, a finales del siglo XIX, quien pronosticaba que en el siglo XX las celebridades serían los deportistas y los cantantes... "en esa época no incluyó los actores de cine, porque aún se creía que eso era un invento para el circo". En su opinión, ciertamente vivimos en el mundo de los artistas, los cantantes, los deportistas, los actores de cine entre quienes la UNESCO ha nombrado embajadores para la paz.

    Los escritores  estima  no tienen tanta influencia. "Por lo menos en Venezuela la influencia del escritor en la política es totalmente nula. Hay un desprecio por la actividad intelectual. Antes se trataba de algo visto como subversivo, hoy es más bien algo raro. Ni siquiera tienen influencia en la política cultural, que sería el mínimo feudo donde ellos se correlacionan con sus pares".

   Las posibilidades de hacer así, algo concreto por contrarrestar la violencia, se debilitan ante la falta de influencia de los escritores. "Yo debería ser pacifista, pero me parece que más allá de escribir no sé cuál es la misión del escritor Sería como asignarle una tarea, ponerle un tema y unas condiciones. Citando a Vargas Llosa: en una novela no se mata a nadie, así haya muchos muertos virtuales. En ese sentido, la narrativa o la literatura en general están dentro del arte, del disfrute, del goce espiritual, pero no creo que sea un aporte directo a la paz".