Ribeyro en Puro
Una visión de la obra de Ribeyro en su cumpleaños.

La simpleza de Julio Ramón y la burrita Tomasita en la hacienda San José en Chincha, 1994. Derecha, los hermanos Julio Ramon, Juan Antonio, Josefina y Mercedes Ribeyro con su madre Mercedes

SOBRE la escritura de Julio Ramón Ribeyro ha dicho Mario Vargas Llosa que es una alegoría sobre la frustración fundamental del ser peruano. Sólo en el título "La palabra del mudo" pueden rastrearse las huellas de este conflicto. Pero la reflexión sobre la frase de MVLL al 72º cumpleaños del escritor peruano no será sobre la frustración del ser peruano sino sobre su carácter de fundamental, que puede extenderse no sólo a las reflexiones que intrínsecamente incita su lectura sino al lenguaje ribeyriano mismo. Si se toma en cuenta que Ribeyro es antes que nada el gran artífice peruano del cuento, y que es en esta arena donde su escritura se encuentra más a gusto, y que es en el cuento donde se foguea el oficio del escritor y no en el largo aliento de la novela, no parece menos consecuente que en su lenguaje la palabra encuentre forma pura y exacta, lo que los críticos llaman creación original, esa almendra que se busca adánicamente en todos los escritos. El lenguaje en su forma pura o la característica de pureza de lenguaje se encuentra en sus acepciones de significado y de sentido. En la narrativa de Ribeyro estos conceptos son indesligables. Sólo mediante ese sentido el semen derramado en "La piedra que gira" puede alcanzar un significado tanático. Sólo en la palabra engarzada plena y exactamente la cadenita enganchada al cuello de una empleada doméstica puede adquirir las connotaciones de una violación permitida. Un cigarrillo es un cigarrillo y el polvo es polvo. Una insignia es cualquier insignia. La insignia de Ribeyro es única: es lo que el ha hecho de ella a través de su palabra. Existe una anécdota de Alfredo Bryce Echenique que dice que Ribeyro le ponía título a sus obras, sea esto cierto o no, lo seguro es que el título "Huerto Cerrado" es crédito de Julio Ramón. En la brevedad de poner un título, o de escribir un cuento se delata un trabajo de fino calibre, el ingenio del artífice y los alcances de su poder de conmoción. La simplicidad orientada hacia la complicidad y no hacia la complicación es lo que hace de la escritura de Ribeyro una escritura feliz donde el lector participa del drama humano llevado en la nave ribeyriana (Maria Fé Nevares).

Caretas, 1685, 29 de Agosto de 2001.

 

Encontrado en: http://www.caretas.com.pe/2001/1685/secciones/cultural.phtml