Juan Ramón Ribeyro Cuentos Completos
Alfaguara 2000
Maestro
de Brevedades
Julio Ramón Ribeyro se definía a sí
mismo como "un escritor de fragmentos". Una clasificación muy
acertada, pues el autor peruano alumbró antes de los 35 años tres novelas y a
partir de entonces se dedicó por completo a entregar a la imprenta cuentos y
textos cortos de reflexiones. Incluso cuando se adentró en el terreno de la
novela, como es el caso de "Cambio de guardia" (Tusquets), Ribeyro se
valió de la técnica
de secuencias breves para componer la estructura del relato.
Considerado como uno de los grandes
narradores latinoamericanos,
Ribeyro, aunque reconocido por lectores avisados, nunca logró la fama
que confirió a muchos escritores contemporáneos el boom.
Y es que el entusiasmo literario que invadía Europa procedente de la otra
orilla del Atlántico era un fenómeno que ponía el acento en la novela y casi
nada en el cuento. Fue, en este sentido, un hombre sin suerte, pues ni siquiera
al final de su vida, cuando se le concedió el prestigioso Premio Literario Juan
Rulfo, pudo ir a recogerlo a México por culpa de una enfermedad.
Sus colecciones de relatos, reunidos
en un grueso volumen por Alfaguara, abarcan desde 1952 a 1994,
fecha de su muerte. El fracaso, el desencanto, la frustración, el
deterioro, la felicidad como meta inalcanzable son sus temas recurrentes, si
bien sus personajes, enclaustrados por los límites de una realidad mediocre,
suelen encontrar una vía de escape en la ilusión. "Ribeyro nos presenta
individuos más o menos típicos que protagonizan precisamente la mala
distribución de las expectativas, y que reaccionan a sus fracasos oponiendo
compensaciones imaginarias", escribe en el prólogo su amigo y compatriota
Alfredro Bryce Echenique.
Nacido en Lima en 1922, Ribeyro
cultivó un estilo sobrio, aunque adobado por un muy personal sentido del humor.
Los especialistas lo emparentan con la mejor tradición cuentística del francés
Guy de Maupassant y del ruso Anton Chejov,
al tiempo que lo incluyen entre los cuatro grandes maestros
latinoamericanos del cuento, al lado del uruguayo Horacio Quiroga y los
argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.
Sus merecimientos para hacerse
acreedor a estos títulos son sobrados.
Algunos de sus cuentos como "La juventud en la otra ribera",
"El próximo mes nivelo", "La insignia", "Por las
azoteas" o "Espumante en el sótano" son dignos de una antología.
Divertidísimo es el relato, o novela breve, según se mire,
"Sólo para fumadores", de corte autobiográfico y que da título
a un volumen de cuentos. Y entre conmovedor y sarcástico resulta
"Explicaciones a un cabo de servicio". Su mundo literario, desesperado
y entrañable, toca lo urbano, en un momento en que muchos escritores se
encontraban extasiados con el indigenismo.
Que nadie rastree en Ribeyro huellas
de digresiones o consignas, no las hay.
Quien aborde la lectura de sus cuentos sí hallará una prosa limpia
donde palpitan los recuerdos de la infancia, la depauperación de los barrios
populares o la bancarrota de la clase media peruana.
En los cuentos de Julio Ramón
Ribeyro comparecen el realismo y la denuncia social y la narrativa fantástica,
aunque el escritor se presta poco a encasillamientos. La crítica a su ciudad,
Lima, en la que el capitalismo estratificó aún más el orden social, convive
con la irrupción de lo insólito y lo ambiguo en estos "Cuentos
completos". Ribeyro pasó gran parte de su vida en París, primero
trabajando en la agencia de noticias France Press, donde coincidió con Vargas
Llosa, y luego como consejero cultural
y embajador ante la UNESCO.
Fue uno de los primeros escritores
latinoamericanos que mezcló, en textos en breves,
la prosa poética y las meditaciones filosóficas. Fruto de ese género
nacieron "Prosas
apátridas" y "Dichos de Luder". Su bibliografía se completa con
tres novelas: "Crónica de San Gabriel", "Los geniecillos
dominicales" y "Cambio de
guardia".
©Antonio Paniagua
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