Feminismos Peruanos del Perú
Por Rocío Silva Santisteban
Uno
El torreón
Este texto se ha gestado en diversos tiempos y ha cobrado cuerpo después de la victoria de la democracia sobre el fujimorismo dictatorial. Es éste el momento en que todos y todas comenzamos a cobrar nuevas formas: la posición monolítica contra el dictador se ha acabado. Empiezan hoy a percibirse las distintas posiciones, es el momento de plantear los temas que todos y todas tenemos guardados en nuestras propias agendas. Por eso me atrevo a hablar sobre el feminismo en el Perú. Debo admitir mi condición de francotiradora desde una posición bastante privilegiada: un torreón al que me he subido en repetidas oportunidades para atisbar, aguaitar, fisgonear. Ahora subo y bajo del torreón al campo de batalla. Pero sigo disparando desde arriba mis flechas para ambos lados. Si se considera que mis flechas apuntan hacia la necesidad de dar un paso adelante y no son sólo una crítica sin sentido, admítase que por lo menos representan un punto de vista poco considerado dentro del "movimiento". Por cierto que mi mirada camina en los bordes y desconoce muchos detalles internos, pero tiene la peculiaridad de ser bastante cercana a la mirada de la opinión común.
Dos
Los escenarios
Sucede que en el Perú no existe un solo movimiento feminista sino varias maneras de asumir el feminismo y las militancias feministas. Desde ciertos sectores se estrechan lazos interdisciplinarios, desde otros se abren puertas académicas y se teoriza, desde otro sector se establecen críticas para plantear una relación indesligable a la forma de avance de los derechos de las mujeres y la democracia; en cambio, desde otros espacios se posibilita un encuentro técnico que permite, en teoría, plantear algunas estrategias en ciertos aspectos disintiendo de otros como el ejercicio autoritario del poder. Estamos, entonces, ante un escenario diverso con distintos puntos de vista frente a un objetivo común. Lo que se plantea de forma diferente son las estrategias, en otras palabras, los medios (también corre paralelo el eterno dilema "¿acaso el fin justifica los medios?"). Algunas representantes del movimiento feminista sostienen que, para ellas, el fin justifica plenamente los medios y de esta manera en sus acciones se acercan al pragmatismo que ha caracterizado a la década anterior. Otras, por el contrario, sostienen que feminismo sin democracia es una falacia. He aquí nuestro panorama.
Tres
Las expertas
Tengo la impresión —puede ser bastante subjetiva— que el feminismo latinoamericano es una extensa red de redes articuladas alrededor de agendas jurídico institucionales. Nadie puede negar los avances concretos en relación con políticas de salud, educación, derechos, acceso a la justicia y organización logradas a través de estrategias de lobby frente a los gobiernos e instancias internacionales. Pero desde otra mirada esta red ha surgido como un espacio de "encapsulamiento" donde se maneja un lenguaje técnico divorciado de los lenguajes de las mujeres comunes: las no-expertas, las no-profesionales, las no-académicas. Términos como "sexismo" o "empoderamiento" devienen en riscos crispados del lenguaje que se eleva como la Cordillera de los Andes para separarnos a unas de otras.
Cuatro
La Mujer barbuda
Si algunos analistas, fisgones y periodistas reaccionaron de forma desconcertante frente a este escenario diverso y otros aún no logran manejar ciertos conceptos básicos de la "epistemología de género" —debido básicamente a un cierto desprecio por una perspectiva que, apostados detrás de sus trincheras, descalifican por desconocimiento y prejuicios—, otros tantos no evolucionan y siguen calificando a las feministas con los tres rasgos del analista homo erectus: feas, gordas, peludas. Para cierto sector de publicistas y para otro sector de periodistas (sectores con los que he conversado personalmente), las feministas siguen siendo esas señoras gritonas y resentidas que se escandalizan ante una tanga. Se trata de un estereotipo estúpido pero que ha calado en el imaginario de la gente. Lo peor de todo es que desde múltiples espacios del feminismo se han seguido alimentando estos estereotipos. Un ejemplo: se sigue confundiendo la objetivación del cuerpo de una mujer (el trajinado concepto de "mujer objeto") con la presentación de imágenes de cuerpos fragmentados y se sigue utilizando esta categoría (fragmentación corporal) para calificar a una imagen de sexista, como si por la simple fragmentación se ejerciera una discriminación. Este no me parece simplemente un problema de matiz sino de desorientación por la constante repetición de verdades a medias.
Cinco
Máscaras
Otro de los problemas del propio feminismo es el uso de conceptos sin una mayor profundización en los mismos. Se utilizan muchas nociones de teoría de género que tienen una genealogía particular y una función precisa para la explicación de fenómenos, hechos, acontecimientos, sucesos culturales o biológicos. Asimismo se extrapolan otras nociones de lenguajes económicos, financieros o incluso del marketing que muchas veces adquieren un tamiz particular y sugerente, pero otras simplemente se convierten en "palabrejas" repetidas incesantemente para demostrar el manejo del argot y, por lo tanto, la inclusión en la red ipso verba. Uno de estos errores conceptuales gira, por ejemplo, alrededor del término "género". En las conversaciones e incluso en informes y artículos, frecuentemente de personas vinculadas a ONGs, se suele usar el término como un sinónimo de "mujer" y muchas veces como una palabra que escenifica el campo semántico vinculado a lo femenino. Otras veces se relaciona al género con el feminismo (que por supuesto tienen una vinculación teórica fuerte) pero asumiéndolo como un "sinónimo blando" de tal suerte que si para ciertos receptores el término feminismo suele ser demasiado denso y agresivo, el término género puede entrar en el discurso como una máscara simpática del anterior. Es por este motivo, por la falta de rigurosidad semántica y por la amplia capacidad de referencias que convoca el concepto género, que se suele abusar de su "poder conceptual" provocando rechazos en muchas de las feministas de viejo cuño. También, debido a la presión de ciertas financieras que exigen una perspectiva de género como un punto a contemplar en muchos de sus proyectos, ciertos sectores más bien conservadores del oenegeísmo peruano —aunque muchas veces jóvenes— suelen hacerle una morisqueta al término ningunéandolo por opaco, laxo, poroso, escondiendo detrás de esta actitud una sensación de malestar ante el poder de la mujer.
Seis
Feministómetro
Presiento —vuelvo a repetir que se trata de una mirada subjetiva— que uno de los efectos del encapsulamiento del feminismo en la red de expertas es la sospecha de todas aquellas otras que no se encuentran en la red, a pesar de que pueden sustentar un discurso feminista y usos del feminismo en la práctica. Es decir, que en lugar de tender lazos para ampliar y/o atraer a ciertos sectores de mujeres profesionales o dirigentes barriales, se sospechaba de ellas desconociendo en la práctica su "discurso otro". Esto sucede sobre todo cuando las técnicas-expertas (femócratas) se topan con discursos transgresores inclasificables que van más allá de lo acotado como "feministamente correcto". Ha sido el caso concreto del discurso de Natalia Iguiñiz y su campaña del afiche de la "perra" que inundó las calles de Lima a finales del año pasado. Se trataba por cierto de una campaña polémica, irritante, pero sumamente original, que fue rechazada por ciertas cabezas muy visibles del feminismo institucional. Quizás estas femócratas olvidan que a principios de la segunda ola del feminismo las posturas contraculturales y las marchas callejeras motivaron que oleadas de mujeres jóvenes pensaran y recapacitaran sobre el rol pasivo que jugaban dentro de la familia y el hogar. Y, por otro lado, se desconoce las propuestas refrescantes y regeneradoras de colectivos culturales como Guerrilla Girls y sus asaltos anti-patriarcales en las calles de Nueva York.
En este punto quisiera recordar la actitud de ciertas feministas frente a la irrupción a principios de los 80 de ese discurso que fue la "poesía del cuerpo" (como tímidamente la llama el crítico Ricardo González Vigil) y que otros califican como "poesía erótica femenina". Este grupo de ovejas negras que poco a poco (veinte años sí son algo) se ganó el respeto de muchos básicamente por su presencia en los medios y por sus trabajos paralelos (docencia, teatro, narrativa, periodismo) fue al principio recibido con sospecha, desconfianza y en algunos casos con auténtico malestar, descalificándolo como "pose" o "discurso superfluo". A pesar de la presencia constante de este grupo en los Cantos a la Vida, se arrinconó (se nos arrinconó) a las poetas junto a las pitonisas y lectoras de cartas, como parte de la parafernalia de la "alegría", sin escuchar los discursos transgresores ni prestar mayor atención sobre el malestar poetizado en textos hoy reconocidos en todas las antologías (desde la mirada sutil y juguetona de Rossella Di Paolo, pasando por la concentración de la densidad femenina de Patricia Alba, hasta los textos estridentes pero vitales de Dalmacia Ruis Rosas). Como anécdota recuerdo que una vez una amiga poeta fue "descubierta" besándose con un chico en uno de los cuartos de la casa de una feminista mientras se realizaba una fiesta. Pues la dama en cuestión botó a mi amiga gritándole: "con tus cochinadas, al parque..."
Siete
Gota a gota el discurso se agota
La mirada del feminismo en el Perú ha estado muy focalizada en la lucha de cara al Estado (no sólo gobierno sino también gobiernos locales y recursos institucionales como reconocimientos legales). Se han olvidado las propuestas renovadoras y provocadoras de una primera época. Es cierto que frente a ciertos temas como el aborto en un país tan acendradamente católico como el Perú, el discurso debía tener en cuenta la sensibilidad religiosa de millones de mujeres y ser mucho más matizado, en otros temas vinculados al placer, y no necesariamente sexual sino entendido desde una mirada más amplia (incluidos el placer de la maternidad, de la curiosidad intelectual, de la diversión), el feminismo peruano no ha planteado prácticamente casi nada desde los años 70. Ese maravilloso sentido de la libertad desde una visión lúdica y divertida se ha diseminado hasta desaparecer bajo las rumas de proyectos sobre "temas serios". Si bien es cierto que se ha avanzado jurídicamente en temas antes relegados a la esfera de la intimidad (violencia sexual, violencia doméstica, salud reproductiva, control de la natalidad) en lo que se refiere al imaginario o a las representaciones sociales imaginarias, esto es, todo lo que se considera como "sentido común" pero es ideología, no se ha avanzado mucho. Los policías siguen sospechando de la víctima como instigadora en todos los casos de agresiones sexuales; los hombres que le pegan a sus mujeres siguen pensando que tienen "derechos sobre ellas"; los niños continúan rechazando las muñecas porque son cosas de mujercitas; los publicistas aún están "objetivamente seguros" que si ponen a una mujer sexualizada al máximo junto a lo que sea (cerveza, carro, pistones) venderán lo que sea. Esto quiere decir que puesto el foco en la percepción que hombres y mujeres tienen sobre sus propios roles, el machismo sigue más bravo que nunca. Claro que he mencionado ejemplos gruesos y palabras mayores, pero mi preocupación va hacia el trabajo con temas de largo plazo y mucho más inasibles como son las representaciones sociales de lo femenino y los estereotipos clásicos que viven con mayor salud que nunca.
Epílogo
Aggiornamento
Es imprescindible que las feministas y sus discursos de cara a la opinión pública (y no a los Estados) se actualicen. Para lo cual planteo que es necesario recuperar espacios olvidados como el de los símbolos y la provocación. Sin un correlato simbólico las conquistas pueden devenir más adelante en letra muerta, en normas que desconocen la dimensión ideológica que estuvo detrás de ellas al negociarlas y elaborarlas. Recobrar la palabra libertad de los primeros tiempos y no tener miedo de descomponerse la ropa ni alborotarse el pelo. El feminismo es renovación constante y así debe mantener su perfil libertario para calar en las mentes y las almas de las mujeres y los hombres del Perú.
Rocío Silva Santisteban es periodista y editora de la Revista "XYX" de DEMUS
Encontrado en: http://www.demus.org.pe/feminismomarco.htm