Arde Guatemala

J. A. MASOLIVER RÓDENAS

LA VANGUARDIA - 03.00 horas - 28/12/2001


 



ARCHIVO
Rodrigo Rey Rosa

NOVELA "Piedras encantadas"
Rodrigo Rey Rosa
SEIX BARRAL 124 PÁGINAS 1.900 PESETAS


Nada hay, dentro de la tradición literaria, que haga especialmente singular al escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa (1958), como no sea la ausencia de una visible tradición literaria, y dos rasgos especialmente presentes en "Piedras encantadas". En primer lugar, la sensación de que la escritura surge del silencio y en segundo lugar la actitud adoptada por el narrador: la distanciada o desengañada objetividad se ve modificada por las intervenciones de una voz narradora que expresa la naturaleza moral, sentimental y crítica no del narrador (ignoramos quién es y en realidad no nos importa tampoco), sino de la situación narrada. De este modo, el libro escapa a la polémica y a las estridencias. Son hechos que no necesitan de más palabras que las que testimonian con brutal naturalidad lo ocurrido ni más juicios que los que ofrece la realidad.

La línea argumental es, por lo mismo, muy tenue y el único dramatismo surge de la capacidad de indignación o de compasión del lector. Silvestre es un niño procedente de un orfanato de Brujas y fue adoptado en circunstancias misteriosas por Faustino Barrondo, un corrompido empresario de la línea dura, y su ex esposa la bella Ileana. Silvestre es internado en el hospital militar después de ser atropellado en la avenida de las Américas. Doña Ileana acude al inspector Emilio Rastelli para que le ayude a descubrir al responsable y, asimismo, para que averigüe algo sobre los desconocidos padres de Silvestre. Asimismo, el responsable del accidente, Armando Fuentes, acude a su amigo Joaquín Casasola, para que le ayude a armar una coartada. Por su parte, Joaquín trata de definir su relación con su prima, la periodista Elena, y convencerla para que huyan del país. A este mundo de la clase privilegiada guatemalteca se contrapone el de los niños marginados con los que Silvestre, tras huir del hospital, acabará identificándose.

A través de estos personajes se reconstruye toda una sociedad y un país. Ignoramos la fecha en que ocurren los hechos, porque Rey Rosa no está denunciando una época concreta, sino una enfermedad crónica. Sabemos que el accidente ocurre durante la celebración del día del Ejército. Vuelan aviones y helicópteros y el niño huérfano piensa en la guerra y en que tiene que vengar la muerte de su verdadero padre: "Gente enemiga de lengua extraña lo tenía prisionero".

El recorrido por las calles de la ciudad evoca la represión (el hospital militar, el Banco del Ejército) o el nacionalismo (bulevar Liberación, paseo de la Reforma) desmontados, en breves paréntesis, por las sarcásticas intervenciones del anónimo narrador. En Guatemala, "el linchamiento ha sido la única manifestación perdurable de organización social". Por eso, en esta "república de muertos", "país de arrabal" donde la violencia está institucionalizada, y en su capital, "ciudad policial", lo ocurrido a Silvestre no puede ser un simple accidente: el olor fétido de la corrupción política y la violencia salen a la superficie.

Este accidente pone al descubierto la verdadera naturaleza de los personajes que aparecen en la novela y a la vez confirma que nada va a alterar el orden de una sociedad como la guatemalteca, donde es posible que todos estén muertos, lo que no le impide a Elena celebrar, al final del libro, la feliz erección de Joaquín, pues al fin y al cabo lo del niño fue un accidente, "no creo que limpiarse una mancha de esa clase honorablemente cueste tanto".

Encontrado en: http://www.lavanguardia.es/web/20021118/3293029.html