El espejo de la crítica

Rodrigo Rey Rosa y 'Piedras encantadas'


Piedras encantadas es, después de La orilla africana (1999), la última novela de Rodrigo Rey Rosa (1958), escritor que Paul Bowles introdujo, con sus traducciones, en el circuito literario internacional, y que desde entonces ha venido gozando de una buena recepción crítica. En esta ocasión se trata de una novela corta que oscila entre el género policiaco y la crónica social de denuncia. Con ella, y después de pasar unos años viviendo en Nueva York y Marruecos, el escritor guatemalteco regresa a su tierra natal para escribir la que ­nos dicen­ es su novela más comprometida.

Pilar Castro
El Cultural

Rodrigo Rey Rosa es un escritor cuya sobriedad y aparente transparencia en nada recuerda a sus mayores si buscamos en él las señas de una tradición que se sirvió de lo real, lo maravilloso y lo mítico para trascender la denuncia de sus mundos respectivos, pero a quien también el ambiente de violencia empujó a abandonar durante un tiempo esa "pequeña república donde el linchamiento ha sido la única manifestación perdurable de organización social" [...]

De nuevo la épica de ese mundo urbano lleno de contradicciones es escenario de un argumento que sabe sostenerse en lo anecdótico sin restar importancia al carácter testimonial de lo que cuenta, a la gravedad del tema y los dilemas morales que suscita. [...]

El final de esta historia abierta no es lo que cuenta. Sí la historia reciente de la ciudad, las intrigas que la mueven. Es ese inquietante universo urbano el que queda retratado. Eso es lo que cuenta. Y la maestría de un narrador que reafirma su habilidad para implicarnos en la trama de una realidad que no admite lectores, ni lecturas, indiferentes.

Juan A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia

Nada hay, dentro de la tradición literaria, que haga especialmente singular al escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, como no sea la ausencia de una visible tradición literaria, y dos rasgos especialmente presentes en Piedras encantadas. En primer lugar, la sensación de que la escritura surge del silencio y en segundo lugar la actitud adoptada por el narrador: la distancia o desengañada objetividad se ve modificada por las intervenciones de una voz narradora que expresa la naturaleza moral, sentimental y crítica no del narrador (ignoramos quién es y en realidad no nos importa tampoco), sino de la situación narrada. [...]

La línea argumental es, por lo mismo, muy tenue y el único dramatismo surge de la capacidad de indignación o de compasión del lector. [...]

A través de estos personajes se reconstruye toda una sociedad y un país. Ignoramos la fecha en que ocurren los hechos, porque Rey Rosa no está denunciando una época concreta, sino una enfermedad crónica.

Jorge Carrión
Lateral

Rey Rosa ha publicado en un único volumen su mejor prólogo y su peor novela. Ésta tropieza ya en su línea inicial, cuando en el primer capítulo el protagonista despierta "de un sueño profundo y confuso ­estuvo extraviado en una ciudad desconocida". Quien haya leído otros libros del mismo autor recordará que en muchas otras ocasiones un personaje se ha despertado de un modo semejante. [...]

Las fisuras son sobre todo de índole técnica. Un argumento disperso requiere un dominio de los puntos de vista y de la elipsis que el narrador no siempre demuestra poseer. En casi todos los capítulos se pasa de un personaje a otro como una ficha de dominó que empuja a la siguiente. La idea que ese recurso comunica ­los destinos que se entrecruzan sin más móvil que el azar­ es un acierto, sin duda; el problema es que su desarrollo no es en absoluto armónico. [...]

Después de siete obras publicadas bajo la protección de Bowles, que merecieron un aplauso de la crítica tan unánime como infrecuente, Rodrigo Rey Rosa se enfrenta, a mi juicio, a un punto de inflexión determinante en su trayectoria literaria. Ahora que empiezan a elaborarse trabajos académicos de su narrativa y que está traducida a media docena de idiomas, debe decidir si produce para un lector global o si su escritura puede mantenerse al margen de esos brutales condicionamientos. Si puede seguir haciendo gala de la exigencia que ha atesorado hasta ahora o si, por el contrario, va a volver a dar por publicables novelas inacabadas como la que ha centrado estas líneas.

Dunia Gras
Quimera

El escritor guatelmateco Rodrigo Rey Rosa abandona en esta novela la narrativa simbólica, preciosista, de su obra anterior, La orilla africana, para volver, en cierto modo, al estilo de Que me maten si... (1997), donde la denuncia social se hermana con la prosa medida y tallada y un sutil marco detectivesco. [...]

En esta novela, la mirada crítica procede de dentro mismo de esa oligarquía, de ese pequeño grupo de privilegiados, ya que ese "tú" al que se dirige el narrador, ese joven inicialmente despreocupado, Joaquín Casasola, se ve implicado directamente en un posible crimen por culpa de uno de sus supuestos amigos, que ha atropellado a un niño y se ha dado seguidamente a la fuga para no rendir cuentas de sus actos. [...]

Se pone en evidencia, una vez más, la fragilidad del destino, el cambio repentino de fortuna que lleva a un niño de Europa a Centroamérica y, finalmente, del seno de una familia acomodada a la dura calle []. Al final del relato, no obstante, nada parece haber cambiado, en lo esencial, para el protagonista. Sólo la pérdida de una cierta ingenuidad permite que todo siga igual, después de todo. En este sobrio relato de la mala conciencia burguesa, que roza el costumbrismo, Rey Rosa logra establecer un difícil equilibrio entre la intrascendencia y la impunidad de la injusticia.

Gustavo Guerrero
Letras Libres

Piedras encantadas es un nuevo ejemplo del admirable rigor y la justa economía de medios que ya caracterizan a la narrativa de Rodrigo Rey Rosa. Como en sus tres novelas anteriores ­El cojo bueno (1996), Que me maten si... (1997) y La orilla africana (1999)­, la historia pareciera reducirse aquí a una muy delgada trama que adquiere, sin embargo, una profundidad inesperada a medida que avanza la labor ­diría incluso el bordado­ de la escritura. El guatemalteco obra, ciertamente, en lo sutil: la rapidez, la exactitud y la concisa belleza de su prosa, aunadas a un sentido elíptico de la composición, vuelven a señalarlo como a un joven maestro en el arte de decir más con menos.[...]

Lejos del torpe militarismo de una cierta literatura neopolicial latinoamericana, el gesto ético y estético de Rey Rosa nos deja solos y sin respuesta ante una realidad sórdida y desesperada que, por de pronto, no tiene solución ni salida. Vale la pena leer, releer y sopesar esta breve novela. Lo digo sin ambagues: se trata de una soberbia lección de escritura.

Javier Aparicio Maydeu
El Periódico

Ahora Rodrigo Rey Rosa (1958) escribe sobre una Guatemala para un infante difunto, cuyo atropeyo desencadena intrigas que hacen creer al lector que se adentra en una trama policiaca con el inspector Rastelli. Pero Piedras encantadas es una crónica encubierta del trasfondo social de Guatemala.

De un modo implacable, Rey Rosa concibe esta historia de enigmas, concisiones y elusiones ­habitual en este espléndido narrador desde Cárcel de árboles. El salvador de buques (1992)­ con vistas a revelar las corruptelas de su tierra natal. [...]

Está ahí la magia de su narrativa, en las elipsis, en la recreación de un mundo por el lenguaje que lo conforma. Lenguaje que en Piedras encantadas cobra especial relevancia porque el relato se escora hacia el diálogo y el habla popular, con ecos de su admirado Juan Rulfo.

Piedras encantadas tal vez sea el libro más comprometido de Rey Rosa, pero ¡qué diablos!, su proverbial capacidad de narrar se las arregla para centrar nuestra atención en la historia narrada.

Literal, Revista de Cultura. Nº 90, junio de 2002.

Encontrado en: http://www.lateral-ed.es/revista/articulos/90rodrigo.html