Ningún lugar sagrado. Rodrigo Rey Rosa. Seix Barral, 127 páginas

Silvia Hopenhayn

La Nación. Sección Suplemento Cultura. Fecha de publicación 30.06.1999


Autor. Rodrigo Rey Rosa, escritor itinerante y amigo de P. Bowles, ha pasado un tiempo en Tánger, varios años en Nueva York y en distintas partes del mundo, pero siempre con Guatemala, su país, a cuestas. Irrumpió en los años ochenta con Cárcel de árboles , que lo situó como promesa de la literatura latinoamericana. A los cuarenta años de edad, ya tiene obra con páginas excepcionales y algunas decepciones. Su novela Lo que soñó Sebastian , publicada en España, es uno de sus mayores logros.

Tema. En los cuentos de Ningún lugar sagrado la ternura siempre fracasa. Son relatos urbanos, oriundos de las entrañas de Nueva York donde reinan el sexo, la droga y el desamparo. En un clima denso y hostil, los diversos personajes se las arreglan con alguna locura para sostener la existencia. Hay un chef linyera, un yuppie paranoico, un preso que se inventa un interlocutor para darle sentido a su suicidio en la cárcel, un místico degollador de gallinas, un grupo de poetas que conspiran por Internet. El último cuento rompe con ese clima agobiante y ofrece un alivio literario. En "Elementos", Rey Rosa presenta un conflicto entre poetas, probablemente inspirado de algún grupo conocido. Allí se afirma: "Los llamados círculos de poetas son una combinación de personalidades que se atraen y se repelen intermitentemente, que se aman ahora, y luego se odian, que si antes aseguraban que eras un virtuoso, mañana juran que eres un imbécil". ¿Ironía o prevención del propio autor?

Opinión. La literatura latinoamericana ha perdido en los últimos años el sesgo exótico que le otorgó identidad en el mundo entero. El realismo mágico ya es un cliché que se encuentra en cualquier región. Incluso Salman Rushdie llegó a postularse anterior a García Márquez, en ese terreno. Las mujeres son quienes aún logran sostener algún tipo de filiación que les garantiza una venta mayor. Isabel Allende, Laura Esquivel, Marcela Serrano, Zoe Valdés conforman un grupo involuntario de literatura regional. El resto es un oxigenado caos del que se desprende, de vez en cuando, un buen libro. Fue el caso de Cárcel de árboles , el primero de Rey Sosa. Los cuentos de Ningún lugar sagrado confirman la intensidad de su pluma. Pero en algunos aparece un temprano desasosiego que atenta contra la propia audacia narrativa del escritor.