Rey Rosa se sumerge en la desolación de Guatemala
PILAR ORTEGA BARGUEÑO
MADRID. Gracias a un sueño en el que se mezclaban niños, potros y un jardín en una mañana de domingo, el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa pudo estructurar Piedras encantadas (Seix Barral), una novela en la que estos ingredientes aparecen en un escenario de tráfico de bebés, desolación económica, mafias de drogas y armas, abundancia de policías e inseguridad evidente. Es el paisaje, decía ayer el autor de La orilla africana, de la Ciudad de Guatemala, lugar al que por primera vez dedica una de sus novelas y al que ha regresado después de media vida «nómada», primero en Nueva York y posteriormente en Tánger.
«No creo que sea un regreso definitivo», afirma Rey Rosa. «Me volveré a ir, porque es una ciudad horrible que ha crecido desordenadamente, un lugar plano donde coinciden todos los poderes de la nación y en el que se fomenta, como en pocos sitios, una industria del niño pobre. Guatemala es uno de los países que exporta más niños a Europa y Estados Unidos. Debe de ser una de las fuentes de ingresos más importantes del país».
En Piedras encantadas, se narra la huida de una persona que atropella accidentalmente a un niño de 6 años que pasea a caballo por la calle. «El azar funciona tanto en la vida como en la novela, y en mi literatura procuro que sea una fuerza importante», afirma Rodrigo Rey Rosa, para quien el mestizaje es el principal rasgo de la literatura iberoamericana.
El Mundo, 23 de octubre de 2001.
Encontrado en: http://www.el-mundo.es/2001/10/23/cultura/1062876.html