Disección de una Guatemala desalmada

Piedras encantadas

CRÍTICA: Antonio LOZANO


TÍTULO: Piedras encantadas
AUTOR:
Rodrigo Rey Rosa
EDITORIAL: SeixBarral
PÁGINAS: 124 páginas
PRECIO: 1.827 pesetas
CALIFICACIÓN: Notable
 

Es de una coherencia matemática que Paul Bowles, ese asceta de la narración huesuda, prístina como un halo de luz blanca que intermitentemente filtra destellos de color que actúan como saetas líricas, quedara tan complacido con la obra primeriza de Rey Rosa que no pudiese resistirse a traducirla al inglés. Si hay autores equiparables al coco, esto es, los que bajo la piel áspera de las apariencias sintácticas van revelando un fruto narrativo que se degusta al ralentí y por acumulación, también los hay como la fresa, es decir, que ofrecen su frescor en bruto, con compacta inmediatez, sin obstáculos ni aplazamientos. El prodigio guatemalteco que nos reúne podría ser presidente honorario de los segundos si algún descerebrado pretendiera clasificar a los escritores atendiendo a un criterio tan absurdo. Lejanos quedan los días en que el autor flirteaba (también maravillosamente) con novelas cortas de ánimo parafantástico y alegórico donde convergían la distopía y la denuncia ecológica, caso de Cárcel de árboles, El salvador de buques o El cuchillo del mendigo. En ellas, lo silenciado e intuido fuera de la página importaba más que lo reflejado dentro, al tiempo que la irrealidad y la ensoñación roían sin descanso el mundo sensible. Pienso que es sobre todo desde Que me maten si... que la literatura de Rey Rosa comienza una depuración budista en lo formal y un mismo apego a lo social aunque desde una conciencia bien despierta, opciones que desencadenan un proceso de recepción inverso: la mínima expresión crea la ilusión paradójica de que nada queda por decir y la estomagante realidad nos impulsa a querer refugiarnos en los brazos de Morfeo. Piedras encantadas supone, por el momento, la culminación de estos encuentros en la segunda fase. Su inicio ("Guatemala, Centroamérica. El país más hermoso, la gente más fea") sintetiza esta teoría, pues de un plumazo nos enmarca en la dolorosa tensión por venir: la escoria humana que pervierte la naturaleza preciosa de un territorio, la mastodóntica urbe que incita al canibalismo para asegurar la supervivencia. El momento en que los aviones del ejército braman en lo alto de un límpido cielo celebrando el día de las Fuerzas Armadas mientras un chiquillo cabalga ensimismado en un poni ajeno a la inminente tragedia condensa metafóricamente este sangriento choque entre pureza y destrucción. Asimismo, situándonos en la piel de uno de los implicados por medio de la segunda persona, Rey Rosa nos convierte no solo en desasosegados testigos, sino también en cómplices directos de unos acontecimientos perturbadores. Como en anteriores obras suyas sabe transmitir los horrores de su país de origen (violencia, hambre, corrupción política y mediática...) de una forma velada que resulta mucho más sobrecogedora que una exhibición de hemoglobina. Nos hallamos en una "república de muertos" donde un chirrido de neumáticos y un bocinazo anuncian una muerte infantil; una llamada telefónica evita la cárcel a un asesino, y una abultada cuenta corriente te permite jugar a discreción con la vida de cualquier ser humano. Aún más admirable en el escritor es que además de transmitir toda esta asfixia con una continencia ejemplar deja a criterio del lector emitir los juicios morales. La integración de este laconismo expresivo en una estructura abrupta que desemboca en un final de ambigüedad necesaria -nada se sabe y todo se tergiversa en este lugar sin alma- tiene el efecto de un diafragma abierto el tiempo justo para revelar sin sobreexponer, mostrar sin demostrar.


ARGUMENTO:No sabes dónde te has metido

Respecto a los segundos, maldita la hora en que te reencontraste con Armando Fuentes, un traficante de cardamomo que acaba de atropellar a un niño rico y no se le ocurre nada mejor que acudir a tu casa en busca de ayuda, dejando el arma homicida en tu parking. Para colmo, mientras él va a recurrir a un abogado chanchullero para que le saque las castañas del fuego, a ti te va a visitar Rastelli, un inspector descreído que ha contratado la madre adoptiva de la víctima infantil. A todas estas, ¿llegarás algún día a averiguar si lo del chaval hospitalizado se ha tratado de un accidente, un intento de secuestro o una tentativa de asesinato? Lo único que tienes claro es que, aunque acabas de llegar, te mueres de ganas de salir por piernas de este maldito país.

 

Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958) es autor de Cárcel de árboles / El salvador de buques, El cuchillo del mendigo / El agua quieta, Lo que soñó Sebastián, El cojo bueno, Que me maten si..., Ningún lugar sagrado y La orilla africana.

 

Encontrado en: http://www.queleer.navegalia.com/queleer/report/2001/01dc03p1.shtml