En tu aniversario luctuoso
Querido Rulfo, te escribe Soledad
UN CUENTO DE: YOLANDA FLORES
*Murió cuando tenía 69 años, el 7 de enero hace 19, en su casa de la Ciudad de México. Nuestro Rulfo, es otro difunto, el mejor diría yo, aquel, al que sólo la muerte le dio regocijo y nos lo acercó cada vez más.
A ti Rulfo, "el hombre", te escribo y te evoco en el día, en la tarde y por la noche, pero más "en la madrugada"; ya sabes que la tierra de "Talpa" llora por ti, al igual que "Macario", "Luvina" y "Anacleto Morones" te extrañan a decir verdad. Y yo, no se diga. "Acuérdate", querido Rulfo, "el día del derrumbe" que te quedaste sin tímpano y me decías: "no oyes ladrar a los perros".
Pero yo sólo palpaba el "paso del norte", pues había quedado más sorda que tú. Íbamos por "la herencia de Matilde Arcángel", tu prima, y caminábamos rumbo a "la cuesta de las comadres", ya ves como eran los vecinos, tan nobles, te demostraban cuanto era su aprecio por ti, que me hicieron pensar: "nos han dado la tierra", pero no nos dieron más que un "llano en llamas". Será que no nos la merecíamos o "es que somos muy pobres", y no hubiésemos podido pagar la tenencia.
Aunque la pobreza no fue un obstáculo para procrear a nuestros tres pequeños. ¡Oh Rulfo!, el tiempo pasó sin sentirlo que después de parir al tercero, esa tarde, llegó tu muerte y no pude hacer nada para evitarla, al mismo tiempo que me gritabas: ¡"diles que no me maten"!, yo no podía moverme por tanta sangre que me sacó el mayor. ¡Cuánto lo lamento! Al día siguiente sólo colgué un cartel con la leyenda: "la noche que lo dejaron sólo", yo creía que con eso el pueblo te recordaría y lo logré.
No hay fecha que no se hable de ti, mi querido Rulfo, la gente te quiere y no porque al muerto le sobren virtudes, como al casado le falten defectos, sino porque te diste enterito a las buenas obras de todos los que te amaban y odiaban también, tú decías que no, pero yo lueguito identificaba a los que deseaban tu partida, esa a la que todos le huyen pero que al mismo tiempo se los lleva.
Esa muerte que estuvo tan ligada a ti, hasta que pudo más que tus buenos propósitos, más que tu bendita fe, más que la voluntad de Dios y más que mi amor por ti.Nunca te lo demostré por merito orgullo pero si vieras como me dueles ahora que te has ido, aunque me consuelo con tus palabras, tus cartas, tu tan escasa lista de libros (porque no te alcanzaba para comprar más) pero tan rica como las noches de libido, jamás será lo mismo sin ti mi querido Rulfo.
Tus escritos, se los he enseñado a todos en el pueblo, para que te sientan igual que yo, sé que es difícil porque yo era la única que te quería más y que lo sigo haciendo; cómo te extraño; pero sé que estás aquí, con nosotros, siempre, entre las velas, los rosarios, tus fotos, las fotos de tus hijos que tanto piensan en ti.Sé que lo superarán poco a poco, como han ido superando la miseria en que nos dejaste. Y no te estoy reprochando pero no nos dejaste más que puras deudas.
Te platico que las he ido pagando poco a poco. A Don Pascual, le leo tus cuentos desde que falleciste, pues ya sabes que no fue a la escuela y eso para mí es bueno, porque ya le debo bien poquito; a Doña Elvira, le barro todas las mañanas el frente de su casa, para que sea menos el dinerito. A los hermanos del templo, les ayudo a recoger las limosnas para rebajar los préstamos que te hicieron de buena voluntad.
Y nosotros comemos con lo que gana tu hijo Nepomuceno en la fábrica. Nomás que no encuentre novia todavía porque se irá en menos de lo que canta un gallo. Y entonces sí me moriría yo también de tristeza. El más pequeño sigue sin hablar.
Angelina es como tú, igualita en todo. Bien inteligente y tiene tu cara, cómo disfruto tocarla. Me siento muy orgullosa de este legado...pero tú sabes que no nos quedaremos por mucho tiempo, estaremos más lejos del panteón que de la choza a la que siempre le quise huir porque en ese barrio hay menos luz en las calles que en aquel; si bien seguiremos platicando, como siempre lo hemos hecho mi querido Rulfo. Bueno ya me tardé mucho y tengo que ir con el médico para que revise el autismo de Carlitos. Te escribiré ya que nos mudemos.
Ojalá que los muertos de al lado te dejen dormir bien. Y ya que los menciono, con todo este alboroto que ocasionaste me has dejado con los ojos bien pelones, pues cuando alguien toca mi puerta, es como si la parca muerte tuviera la llave que, al cerrarse la tuya para siempre, la abría al mismo tiempo al misterio del universo, lo que aseguraría la eterna juventud de un hombre solitario y desolado, como tú siempre te sentiste.
Y yo, tu mujer, hoy aparentemente parada. Sí, estoy parada... y estoy parada de modo tan absoluto y definitivo como si viviese sentada y tan resignada como la propia muerte porque yo también estoy muerta mi querido Rulfo.
Tu Soledad.
Y la mía también.
Publicado en el semanario Expedientepublico, de la ciudad de Tijuana, en México, en su edición nº 72, del 3 al 9 de enero de 2005.Yolanda S. Flores Z.
Semanario expedientepúblico