“LA SEÑAL DE LA POESIA DE JAIME SABINES”

por

©Cecilia Eudave

Jaime Sabines. Poeta mexicano, nace en Tuxtla Gutiérez, Chapas en 1926 y muere el 19 marzo 1999. Entre sus libros más famosos se encuentran: La Señal (1951),Tarumba (1956), Recuento de poemas (1962), Yuria(1967), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973), Nuevo recuento de poemas (1977),Otro recuento de poemas.1950-1991 (1991).

 

¿Por qué la gente lee a Sabines? ¿Por qué seguimos leyendo la poesía de Jaime Sabines? ¿Por qué los jóvenes hacen suyos sus poemas? ¿Por qué los no-lectores de poesía dicen "a mí no me gusta la poesía, pero me gusta el trabajo poético de Jaime Sabines? ¿Por qué?  Este fenómeno, estas preguntas son las que me conminan a presentarles algunas razones, por las cuales creo que la gente lee al poeta mexicano Jaime Sabines.       

            El libro como creación es testimonio de nuestros silencios. Es un nosotros de secretos: recuerdos, esperanzas, temores, alianzas que nos agitan y denuncian, que nos glorifican y avergüenzan. Es un yo plural, oscuro, depredador y descarnado  donde el autor ya no se reconoce totalmente y se entrega; porque se ha hecho tiempo y el Yo del texto es sólo una parte minúscula del conjunto. Es así, que Sabines nos lo dice todo, nos demuestra todo, y el poeta utiliza su palabra para darle voz a la colectividad: a nosotros. Citemos como Prólogo a este acercamiento a su poesía el Prólogo al libro TARUMBA:

                                    Estamos haciendo un libro,

                                    testimonio de lo que decimos.

                                    Reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores,

                                    nuestros ojos, las manos que tuvimos,

                                    los corazones que ensayamos;

                                    nos traemos al libro,

                                    y quedamos no obstante,

                                    más grandes y más miserables que el libro...

                                                                                               

            Encontraremos esa voz cargada de colectividad a lo largo de toda su obra, que ya desde Horal, su primer libro de poesía, postula el germen de lo que será, lo que he denominado la Señal de Jaime Sabines. En el Poema "Horal", descubrimos la revitalización de las significaciones de las palabras que usamos siempre, las palabras comunes y corrientes. El leguaje de Sabines usa la palabra cotidiana y la entrega trastocada, nos encontramos ante un poeta que se aleja del supuesto lenguaje elevado, complicado, que reviste la tradición poética, llena de convencionalismos y fórmulas. 

Sabines es un poeta de la sencillez, una de las cualidades más complejas. La simpleza engañosa de su poesía está cargada de cuestionamientos profundos respecto al ser. Nos lleva más allá de las dimensiones de sus poemas al rescatar la cotidianeidad del lenguaje y  otorgarle una salida poética. Citemos el poema Horal:

                                    El mar se mide por olas

                                    el cielo por alas

                                    nosotros por lágrimas.           

                                    El aire descansa en las hojas,      

                                    el agua en los ojos,

                                    nosotros en nada. 

                                    Parece que sales y soles

                                    nosotros y nada.

                                                                       

            Los elementos que podemos conocer y medir (el cielo, el mar, el nosotros) se definen por algunas de las partes que los componen (olas, alas, lágrimas). En Sabines el todo se da en las partes. Y de nuevo aparece la colectividad que encuentra su definición por lo que la circunda, elementos primarios que forman el universo. Sin embargo, el esfuerzo es inútil, las sales y los soles, los elementos "pueden perecer", el nosotros finalmente se asocia a la nada. Es la sentencia de Sabines, una propuesta silenciosa que se da constantemente en su poesía: el ser humano está solo, destinado a la nada, para "intentar su libertad", para mirase y saberse un "Lento y amargo animal".

 El ser humano en su poesía es un ser interrumpido, su origen se remonta hasta la mescolanza de los elementos primarios (polvo, agua, viento, fuego). La definición de esa existencia y sus tormentos se da desde sus orígenes (primera generación del hombre), donde se gestan nuestros orígenes de orfandad (la pérdida de Dios), el hombre está solo y debe vivir para aprender a estar solo. La Soledad es, entonces, sinónimo de ser uno mismo.

            A continuación un breve recorrido por otras señales,  evidentes y constantes en la obra de Jaime Sabines, tomando como punto de referencia el Poema "La señal".

  DEL CORAZON DEL HOMBRE.

            El corazón, es la presencia del espíritu en su doble aspecto: Conocimiento y ser, es el centro del hombre, el órgano de mayor percepción, "el ojo del corazón ", como ya lo decía San Agustín, o Pascal con su sentencia "Los grandes pensamientos vienen del corazón". Por eso el corazón que aparece en la obra de Sabines posee una mirada aérea, desde las alturas, descendiendo. No es precisamente la de un dios, es la mirada de un demiurgo, de un contemplador. Y ve al hombre como un ser caído, trashumante, descubre que en su corazón habita el universo de lo onírico, por que la tierra no es un espacio de vida plena. Y el tiempo es tan sólo la marca de referencia que pasa incesante y ajena. Pareciera que la vida es una broma de Dios.

   DE LA ESPERANZA.

            La esperanza siempre se acompaña del discurso religioso, del discurso bíblico que surca toda su poesía. No hay nada que esperar, el mañana es el ahora y el ahora es insoportable. Se trastoca la idea del mañana como felicidad eterna: el castigo del hombre es lo eterno. La esperanza está dada en la revelación, en la develación del mundo real y es el camino para llegar a la verdad. La poesía es una voz de la esperanza que nos sirve para resguardarnos de los otros y de nosotros mismos.

 DEL DOLOR

            El dolor es el camino del aprendizaje. Es la marca que define al hombre. El dolor no se manifiesta en su poesía como un acto arrepentido, se asume y se lleva, se disfruta y se comparte con los otros. El dolor en Sabines purifica y nos acerca al Dios silencioso que nos regaló como herencia el dolor de dolernos a nosotros mismos. Y así vamos el por el mundo "llorando la hermosa vida".

 DE LA NOCHE

            Porque la noche engendra el sueño y la muerte, la angustia y las ensoñaciones, la ternura y el engaño. En la noche se vuelve a lo indeterminado, a lo impredecible, en ella nos enfrentamos a los pensamientos negros, a los deseos vagos. Y Sabines lo sabe, el hombre es un ser de oscuridad, es diálogo infructuoso, búsqueda de respuestas milenarias. El pasado contiene su definición y ahí en la noche está el origen del hombre:

                                    Ella (la noche) no me responde

                                    y hace como mi madre, que me cierra los ojos sin                                                                                                                                     oírme.

                                                                                                                        (LA SEñAL)

            "La verdadera poesía -asegura Sabines- es cuando Job dice: Mide mi corazón la noche."

  DE LA ILUSION.

La ilusión se engendra en el no ser consciente, consciente de sí mismo, entonces, la locura se sitúa como una ilusión, es el no saber quien soy, es la nostalgia del ser que siempre se adivina en el pasado y en el futuro, porque el presente es el dolor. Es búsqueda engendrada en la esperanza. La ilusión es el deseo, siempre el deseo:

                                    Escribiste en la tabla de mi corazón:

                                    desea.

                                    Y yo anduve días y días

                                    loco y aromado y triste.

                                                                        (LA SEñAL)

 DE LA MUERTE.

            Y sin embargo la muerte, sinónimo del fin recorrido y del juego de los tiempos. La muerte es final, es avalancha sobre lo que es y fue el hombre, es el silencio de la conciencia humana. Es la impotencia del ser ante la violencia que ésta ejerce sobre nosotros. Sabines sabe que la muerte no es promisoria, y así el peso del presente se vuelve absoluto y único. A la muerte hay que enterrarla, ignorarla, para que los seres del ayer -los muertos- los otros, la cuiden, la resguarden y la alejen de nuestra vida.

 DEL ADIOS.

            Negar el fin de las cosas. Negar el futuro. La vida es una espera hacia ningún tiempo o espacio. La vida es espera de nada. Entonces para que decir adiós si todo es inútil y triste. 

DEL MITO.

            El hombre es un mito, porque el ser es personificación y explicación simbólica de la realidad, entonces la oralidad aparece como conocimiento de la vida. Sí, la vida es espera infructuosa, pero también vivir es hablar. Y Sabines vive en la espera y en la palabra: así se crea el mito.

              Entonces ¿Por qué la gente lee la poesía de Jaime Sabines? ¿Por que seguimos leyendo una y otra vez su Nuevo Recuento de Poemas? ¿Por que nos regocijamos en su constante amargura, en su tristeza, en su dolor?

            Por su voz amarga, esa una voz que ha acompañado a la voz primaria: la que ha sido testigo del desarrollo de la vida con su crudeza, con su realidad, y da expresión a las sensaciones, a los sentimientos inalcanzables con nuestros discursos. Él es el poeta que te da su voz y la lanza más allá de la forma del texto cubriendo por completo nuestra realidad, con esa unidad profunda que da al sentido de sus palabras.

            Porque él es un poeta de la definición del ser y el poema es un inicio, continuación y receso del diálogo del hombre consigo mismo.

            Porque Sabines no es un revolucionario de la palabra, pues su palabra es el hombre y el hombre siempre es ilusión de cambios. La palabra para él es introspección, mirada recelosa, búsqueda excluyente cuyo único invitado es el hombre.

            Porque su poesía es laberinto: cruce de caminos, existen salidas pero también callejones sin salidas. Nos retrasa, nos confunde, nos conduce por sendas complejas y misteriosas, siempre con el deseo de alcanzar el centro, el núcleo de su pensamiento que es semejante al nuestro. 

Ahí resguarda lo más preciado: el saberse hombre solo, y su poesía es la defensa ante la realidad externa, ante lo extratextual, y nosotros recurrimos a esa poesía para ocultarnos del mismo modo. Para defender nuestro ser del dolor, de la vida dolorosa que invoca a la muerte y no nos permite trascender. Por ello Sabines privilegia el presente, ya que el pasado y el futuro son inasibles.

            Porque las palabras cotidianas nutren su poesía y Sabines las reintegra cotidianas, por ello el tiempo es importante en su obra, ya que ahí todo fluye y se recicla.

            Porque su poesía sólo tiene una medida: la autenticidad. Por ello Jaime Sabines dice: "¿Para qué queremos un arte perfecto, puro, autónomo, si nosotros no somos así, si no nos vamos a reconocer en él?"  y concluye " Yo creo en los poetas del destino, no en los de vocación..." Sabines no está comprometido con la palabra, sino consigo mismo y por ende con nosotros. Descubre que la palabra no es un fin sino un medio en el poema.

            Y también, porque su palabra es ritual, y el ritual es invocación del pasado, recobra el origen mismo del significado primario en latín de la palabra que es "parábola" de la que se deduce una enseñanza o una verdad importante. Por eso seguimos leyendo a Sabines, porque él sí se atreve a decirnos simplemente las verdades relevantes, las verdades de todos los días.

©Cecilia Eudave es Escritora y Profesora de Literatura Hispánica en la Universidad de México.  

Encontrado en: http://www.literaturas.com/12colaboraciones2001CEudave.htm