Un amigo que no conocí
Julio Sánchez Cristo
La poesía del mexicano Jaime Sabines tiene una magia muy personal. Pero además del virtuosismo de su palabra, su voz penetra y atraviesa el corazón.
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Hace poco, tarde en la noche, alguien me invitó a escuchar una grabación de Jaime Sabines. Quedé muy impactado. Su poesía tiene una magia muy personal. Pero además del virtuosismo de su palabra, su voz penetra y atraviesa el corazón. Su recorrido es sencillo y claro. Pero más que hermoso, desafía cualquier frontera de la sensibilidad. Al escucharlo hablar de su padre, el mayor Sabines, de su hijo Julito, de una mujer coja, "la cojita", o de las putas, simplemente podemos aprender y valorar circunstancias de la vida, para muchos inexistentes. Llegue muy tarde a Sabines. Lo busqué desesperadamente y, ya muy enfermo, sólo me enviaba mensajes con su hijo. Sabía que en Colombia su voz cada día se escuchaba más fuerte. Su editora me envió una carta tan emocionante que asumí, a lo mejor con demasiada intensidad, el compromiso de multiplicar su obra a como diera lugar. Despertar con sus amorosos, o intentar entender su poética burla a la vejez, o palpar la desnudez de los cuerpos que respiraban en su inspiración, se convirtió en una rutina obsesiva, como de amor prohibido. Así, día a día, hasta que apareció la lista de los libros más vendidos en Colombia, el poeta político y coloquial de Chiapas era el número uno en nuestro país. Pero además, durante semanas fue el disco más vendido, compitiendo con los campeones de la popularidad. Pero esa noticia no llegó a Jaime. Su conciencia ya estaba en la orilla del aire. Todos nos fuimos metiendo en su mundo. Deseábamos tanto conocer su universo, su manera de amar la vida, que terminamos jugando con sus palabras, quizás pareciéndonos a él... ³yo no lo sé de cierto, pero supongo que una mujer y un hombre algún día se quieren, se van quedando solos poco a poco, algo en su corazón les dice que están solos, solos sobre la tierra se penetran, se van matando el uno al otro...² Refrescar nuestro espíritu sin ser expertos, críticos o juiciosos lectores: ese fue su aporte vital para muchos colombianos del común, soñadores de la calle, pésimos poetas de la existencia, o simples caminantes de la sombra del agua, que cedimos ante la tentación de apoyar la cabeza sobre el furioso viento de su voz. Porque como su verso, sólo ahora me doy cuenta de la falta que Sabines me hace. Y lo busco entre las gentes, entre el ruido, y todo es inútil. Este año Sabines murió en su México, y no lo conocí. |
Encontado en: http://www.soho.com.co/ensoho/julio.htm