CULTURA

Sonia Chocrón regresa a los estantes de las librerías

En Venezuela es pecado ser autora de un sólo libro

Desde 1992 la ciudad no leía algo nuevo de esta poeta caraqueña, nacida en 1961, que sorprendió agradablemente con Toledana, su primer poemario, a la crítica literaria. Ahora, desde Maracay, con velocidad y sin correa al cuello, la editorial La Liebre Libre incorpora a su ya vasta lista de títulos el segundo poemario, Púrpura, de esta creyente de la palabra que asume el escribir con una mesura que otros escritores deberían tomar en cuenta.

RUBEN WISOTZKI

EL NACIONAL - MARTES 2 DE FEBRERO DE 1999


En estos tiempos cuando acecha la mudez, en estos tiempos cuando el lenguaje es impuesto por tontos satélites que de tanto mirar y mirar ya no dicen nada, en estos tiempos cuando el habla está en manos de aquellos que carecen de lengua, de lengua verdadera, no esa prótesis ligera y amorfa, en estos tiempos cuando sólo se verbaliza el golpe (hay que ver cuánta inútil habilidad se ha desarrollado con una mano armada, nunca amada), en estos tiempos tan lejanos a nuestros tiempos, ¿cómo hará ella para lograr que la palabra la amanezca, la viva y la anochezca?

Después de la publicación de su primer poemario, Toledana (Monte Avila Editores, 1992), no se sabía la suerte que había corrido la poesía de Sonia Chocrón. Callada, alejada de la calle y las reuniones, "salgo solamente cuando es inevitable salir, de lo contrario prefiero quedarme en casa", gestaba desde hace dos años Púrpura, un poemario que sabe a sorpresa. Y, mientras tanto, otro poemario esperaba, y aún espera, por su publicación (muy posiblemente este año) titulado La buena hora, bajo el resguardo editorial de Monte Avila Editores.

Además de la poesía, Sonia Chocrón ha centrado su interés en la escritura de guiones para cine, y ha trabajado muchos años para algunos canales de televisión. Hizo en el medio audiovisual, según confiesa, de todo, desde telenovelas hasta programas especiales. "Un día de 1984 llegué a un canal y pedí, humildemente, que me dieran la oportunidad de escribir, lo que sea, para la televisión..."

-¿Y así hizo con su primer poemario, pidió humildemente que la leyeran?

-No, yo escribía poesía desde muy joven, desde el colegio. Pensaba que era un hobbie, que lo que escribía no servía para mucho, que era algo para el tiempo libre. Pero pasó el tiempo e ingresé a uno de los talleres literarios del Celarg. Mis primeros manuscritos resultaron ser telegramas. Luego me abrí un poco más pero el acomodo fue costoso. Afortunadamente, Toledana, mi primer poemario, tan lleno de arcaísmos, no se resintió por ello.

-Muy por el contrario, la crítica recibió con mucho agrado ese poemario. ¿Incomoda que un poemario reciba tanto reconocimiento?

-No, Toledana lo que despertó en mí fue miedo porque significaba que todo lo que escribiera después de eso no podría ser de menor valor...

-Y lo que escribió seis años más tarde fue Púrpura. ¿Esperó todo ese tiempo por precaución, por miedo?

-No, lo que me sucedió es que después de Toledana dejé de escribir poemas por un tiempo. Pero más tarde el miedo regresó, ya que cuando me senté a escribir empecé a escuchar un ritmo en mi cabeza. Un ritmo que está presente en estos poemas. Así es que me dispuse a estudiar métrica, a revisar sus leyes, a seguir muy de cerca a algunos autores. Después fue saliendo muy suavemente Púrpura. Ya ves, Toledana tenía arcaísmos, ahora Púrpura tiene ritmos. Definitivamente, nunca me ha gustado hacer nada neutro.

-En televisión escribe aquella palabra que los demás, de un modo u otro, quieren oír. ¿En poesía escribe aquella palabra que usted quiere oír?

-Sí, es sencillamente la palabra que quiero escribir.

-Es terrible la palabra que no se quiere escribir.

-Sabes que con el paso del tiempo me he dado cuenta que en mis guiones puedo percibir aquello que se conoce como "el peso del autor". Yo estoy en todas mis palabras.

-¿Incorpora algo de sus guiones a su poesía y viceversa?

-Cuando se escribe para televisión o para cine, obviamente, como autor, siempre hay algo tuyo. El miedo que me da con mis libros es que todo es mío.

-Si nos lo permite, creíamos que usted era una autora de un sólo libro.

-Yo también lo creía. Y no le encuentro nada de malo. En Venezuela es pecado ser autora de un sólo libro y no entiendo por qué. Me he encontrado con personas que preguntan: "¿Y qué ha pasado contigo? ¿No piensas escribir más?". Evidentemente ya no es mi caso, pero hay buenos autores de un sólo libro.

-¿Escribir es una maldición o una bendición?

-Ni una maldición ni una bendición. Escribir es una obligación.