Factor
desencadenante
Acabo de leer el artículo "Intertextualidad de F.
Kafka en J. L. Borges", de Cristina Pestaña Castro (Espéculo,
año III, nº 7, noviembre 1997 - febrero 1998). En él
encuentro la siguiente afirmación: "[...] ya en 1938,
doce años tan sólo después de la muerte de Kafka, Borges
traduce al castellano La metamorfosis [...]".
En rigor, debo
decir que, puesto que Kafka falleció en 1924, los años
transcurridos hasta 1938 no fueron doce sino catorce. Pero
éste es sólo un error pequeño. Equivocación más seria
es creer que Borges tradujo tal texto. Por lo tanto, me
gustaría elucidar esta cuestión en las próximas líneas.
Explicación
Compré el libro -pequeño formato, tapas desvaídamente
anaranjadas- en abril de 1962. La portada dice textualmente:
«FRANZ KAFKA / LA / METAMORFOSIS / Traducción y
Prólogo de / JORGE LUIS BORGES / (CUARTA EDICIÓN) /
EDITORIAL LOSADA, S. A. / BUENOS AIRES». Es el nº 118 de
la muy popular y agradable Biblioteca Contemporánea; esta
cuarta edición data del 29 de enero de 1962 y reproduce (1)
el texto aparecido por primera vez (15 de agosto de 1938) en
la colección La Pajarita de Papel, que dirigía Guillermo
de Torre.
En aquel
entonces (1962), yo tenía diecinueve años, un ilimitado
entusiasmo literario y una no ilimitada facultad de
discernimiento. De modo que leí el libro con el asombrado
placer que, ante el mundo kafkiano, ya no me abandonaría
nunca, pero sin notar ninguna curiosidad estilística. Claro
que, en esos años, yo apenas estaba comenzando a conocer
las obras de Kafka y de Borges.
A medida que fui acumulando más años, se produjeron también
otros dos fenómenos paralelos y complementarios: el
entusiasmo fue tendiendo a disminuir y la facultad de
discernimiento fue tendiendo a incrementarse (y,
posiblemente, cada término del binomio fuera, a la vez,
causa y efecto del otro término).
Por estas razones, no es raro que, algún tiempo después, en una de las tantas relecturas que hice de dicho libro, advirtiera que la traducción de Die Verwandlung no respondía a las costumbres léxicas y sintácticas de Borges.
No se trataba sólo de la inevitable presión que el texto original ejerce sobre la tarea del traductor, obligándolo a adecuarse, en mayor o menor medida, a las características del autor traducido. No: era una divergencia estilística tan evidente, que lo extraño no consiste en que yo la hubiera advertido (digamos, unos veinticinco años después de su primera edición, de 1938): lo extraño resulta que --en ese cuarto de siglo en que tantos y tan espectables intelectuales se dedicaron a hablar y/o escribir sobre Borges y los diversos aspectos de su actividad literaria-- nadie, que yo sepa, se haya dado cuenta de que tal traducción no era obra, ni podía ser, de nuestro mayor escritor del siglo XX.
En primer lugar, la simple lectura me indicaba dos cosas: 1) la traducción no pertenecía a Borges, y 2) tampoco pertenecía a ningún traductor argentino: había una importante cantidad de rasgos que la ubicaban como perteneciente a un traductor español, y de gustos quizás un poco anticuados. Por ejemplo:
a) Uso de pronombres enclíticos: encontróse; hallábase; sentíase; infundióle; díjose.
b) Uso de léxico o de giros no argentinos: aparecía como de ordinario; una estampa ha poco recortada; Mas era esto algo de todo punto irrealizable; Y entonces, sí que me redondeo; Eran las seis y media, y las manecillas seguían avanzando; concentró toda su energía y, sin pararse en barras, se arrastró hacia adelante.
c) Uso del pronombre le como objeto directo (leísmo): un dolor [_] comenzó a aquejarle en el costado; Estos madrugones le entontecen a uno por completo; Celebro verle a usted, señor principal; motivo suficiente para despedirle sin demora; harto mejor que molestarle con llantos y discursos era dejarle en paz (2).
En la edición a
que me refiero, el relato corre entre las páginas 15 y 89.
Los ejemplos que doy podrían hipermultiplicarse, pero, como
--según sentencian los hombres dignos de fe-- para muestra
basta un botón, no quiero pasar más allá de la página
26.
Cuando, unos pocos años más tarde, tuve la inolvidable
experiencia de realizar el libro de entrevistas Siete
conversaciones con Jorge Luis Borges (3), no
quise, desde luego, desaprovechar la oportunidad de
interrogarlo sobre este punto. El diálogo fue así:
F.S.: Me pareció notar en su versión de La metamorfosis,
de Kafka, que usted difiere de su estilo habitual...
J.L.B.: Bueno:
ello se debe al hecho de que yo no soy el autor de la
traducción de ese texto. Y una prueba de ello --además de
mi palabra-- es que yo conozco algo de alemán, sé que la
obra se titula Die Verwandlung y no Die
Metamorphose, y sé que hubiera debido traducirse como La
transformación. Pero, como el traductor francés
prefirió --acaso saludando desde lejos a Ovidio-- La métamorphose,
aquí servilmente hicimos lo mismo. Esa traducción ha de
ser --me parece por algunos giros-- de algún traductor español.
Lo que yo sí traduje fueron los otros cuentos de Kafka que
están en el mismo volumen publicado por la editorial
Losada. Pero, para simplificar --quizá por razones
meramente tipográficas--, se prefirió atribuirme a mí la
traducción de todo el volumen, y se usó una traducción
acaso anónima que andaba por ahí.
En época reciente, al preparar y revisar las notas
destinadas a la nueva edición de las Siete
conversaciones, obtuve, gracias a Miguel de Torre
(devoto de su ilustre tío materno y conocedor de muchísimos
detalles de su vida), una información nueva: tampoco
pertenecen a Borges las versiones de "Un artista del
hambre" (Ein Hungerkünstler) y "Un artista
del trapecio" (Erstes Leid) (4), cosa
que, en su momento, yo no había advertido, seguramente por
no haberlas leído con atención.
En efecto, la lectura de ambos textos (páginas 113-127 y 131-134) nos ofrece las mismas peculiaridades de la lectura de La metamorfosis que encabeza dicho volumen. Con la suma de estas tres seguridades (mi propia observación de las divergencias estilísticas, la taxativa declaración de Borges de no ser él el autor de la traducción y la ratificación ulterior de Miguel de Torre), consigné la información en una nota de la página 256 de la reciente edición de las Siete conversaciones y di por concluido el asunto.
Sin embargo, la alarmada consulta que recibí de una estudiante que, en Alemania, estaba preparando un trabajo académico sobre la traducción que "Borges" hizo de Die Verwandlung por un lado, y la lectura de una dubitativa publicación (5) por el otro, me impulsaron a avanzar más allá y tratar de encontrar la "traducción acaso anónima que andaba por ahí" (y que, sin duda, Borges siempre supo cuál era y dónde estaba).
Como me resulta más sencillo aportar gris información verdadera que elaborar brillantes hipótesis falsas, cumplí de inmediato la búsqueda necesaria (además, muy simple y nada misteriosa) y pude así encontrar en letras de molde las versiones de "La metamorfosis", "Un artista del hambre" y "Un artista del trapecio", que, transcriptas con las mismísimas palabras, fueron atribuidas a Borges, desde 1938 hasta hoy, en las ediciones mencionadas.
Las tres constan
en la Revista de Occidente, que en Madrid dirigía
José Ortega y Gasset, y las tres se hallan --de una manera
muy de entrecasa-- sin mención del traductor (6),
sin mención del título original y sin mención de la
publicación de donde fueron traducidas. He aquí los datos
precisos:
1) "La metamorfosis", de Franz Kafka (1ª parte), Revista
de Occidente, tomo VIII, abril-mayo-junio de 1925, nº
XXIV, págs. 273-306.
2) "La metamorfosis", de Franz Kafka (2ª parte), Revista de Occidente, tomo IX, julio-agosto-septiembre de 1925, nº XXV, págs. 33-79.
3) "Un artista del hambre", de Franz Kafka, Revista de Occidente, tomo XVI, abril-mayo-junio de 1927, nº XLVII, págs. 204-219.
4) "Un
artista del trapecio", de Franz Kafka, Revista de
Occidente, tomo XXXVIII, octubre-noviembre-diciembre de
1932, nº CXIII, págs. 209-213.
Con estas precisiones, tan fáciles de verificar, ya no será
razonable seguir diciendo que Borges tradujo al español Die
Verwandlung, Ein Hungerkünstler y Erstes Leid,
afirmación errónea que se repite, con inmerecido éxito,
desde hace sesenta años7.
1. En la página 6 de la edición de La Pajarita de Papel dice "Traducción directa del alemán y prólogo por Jorge Luis Borges". Sin embargo, el título de la introducción de Borges es "Prefacio".
2. En Relatos completos (2 tomos), Buenos Aires, Losada, 1980-1981, vuelven a incluirse "La metamorfosis", "Un artista del trapecio" y "Un artista del hambre" en las versiones de "Borges". Pero, ahora, se presentan con notables correcciones estilísticas, de voluntad deshispanizante, entre las que cabe citar la extirpación de muchos enclíticos y del leísmo. Entre tantos posibles, he aquí algunos ejemplos: una estampa ha poco recortada se ha convertido en una estampa que poco antes había recortado; Mas era esto algo de todo punto irrealizable, en Pero era esto algo enteramente irrealizable; Y entonces, sí que me redondeo, en Y entonces, sí que me pondría a salvo; concentró toda su energía y, sin pararse en barras, se arrastró hacia adelante, en concentró toda su energía y, sin miramiento alguno, se arrastró hacia adelante;--Estos madrugones --díjose-- le entontecen a uno por completo, en "Estos madrugones --pensó-- lo atontan a uno por completo".
3. Primera edición: Buenos Aires, Casa Pardo, 1974; nueva edición, con notas revisadas y actualizadas: Buenos Aires, El Ateneo, 1996.
4. Dicho sea de paso, el título "Un artista del trapecio" es del todo arbitrario, pues Erstes Leid debió traducirse como "Primera tristeza" (o, quizá, "Primera pena"), que es, precisamente, lo que se ha hecho en la edición de La Biblioteca de Babel (Franz Kafka, El buitre, selección y prólogo de Jorge Luis Borges, Buenos Aires, Ediciones Librería La Ciudad, 1979).
5. "Homenaje a Jorge Luis Borges", en Voces (revista del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires), nº 15, septiembre de 1995.
6. Sobre quién será tal anónimo, se podría conjeturar que esa versión se ha hecho, no sobre el texto alemán de Kafka, sino sobre el texto de alguna traducción francesa.
7. A mayor abundamiento, las ediciones españolas de Alianza Editorial reproducen esa misma traducción de la Revista de Occidente, pero no caen en el error de atribuírsela a Borges.
Publicado en "Revista Estigma", nº 3 (1999), pp 47-51
Encontrado en: http://externos.uma.es/estigma/page52.html