En 1871
Juan María Gutiérrez publicó en la Revista del Río de la Plata
el relato "El matadero", de Esteban Echeverría, que había
hallado entre los papeles no publicados del autor, fallecido en 1851.
Aunque no se conoce la fecha exacta de redacción, suele datársela
entre 1838 y 1840.
Don Rafael Alberto Arrieta (Historia de la literatura argentina,
Buenos Aires, Peuser, 1958, tomo II, página 91) opinó sobre "El
matadero": "Ninguna [otra obra] del autor la supera en nada.
Las figuras inconfundibles y la acción animadísima; las viñetas ricas
en detalles y de incisión precisa; los diálogos y el vocabulario de
insustituible eficacia; la distribución y la gradación de los
elementos, acumulados por una observación minuciosa y extensa, que
desemboca en el desenlace involuntario de una farsa trágica entre
sanguinarios habituales; todo, por cierto, revela una realizacion
meditada y retocada a la que el propósito político debió de conferir
alcance de ejemplaridad".
Sí, con certeza, y tal como afirma don Rafael, "El
matadero" es lo mejor que ha escrito Echeverría, y -agrego yo-
supera con holgura los intentos narrativos de sus contemporáneos, sin
excluir la Amalia de Mármol. No obstante, siempre me ha llamado
la atención que Echeverría, después de trazar con tanto realismo y
vigor el cuadro sórdido del matadero del Alto, sucumbiera al
academicismo de enmendar la manera en que supuestamente deberían hablar
sus personajes para ser más verosímiles.
Admitamos -con cierto esfuerzo- que el joven héroe unitario, en
virtud de la educación que Echeverría le atribuye, emplee el tú
y su plural vosotros. Sin embargo, la primera vez que habla
utiliza ustedes como plural de tú: "¡Infames
sayones!, ¿qué intentan hacer de mí?" Un poco más avanzado el
relato, vemos que, sin duda, utiliza el tú: "Tengo de sobra
voluntad y coraje para ti, infame." Ycasi enseguida recurre al
pronombre plural de la conjugación de España: "-La librea es para
vosotros, esclavos, no para los hombres libres".
Veamos ahora el lenguaje que gastan los "infames sayones",
los "carniceros degolladores del matadero": "-¿No le ven
la patilla en forma de U?" Se utiliza ustedes como pronombre
de segunda persona del plural. "-¿A qué no te le animas,
Matasiete?" En apariencia, se emplea aquí el tú; y digo en
apariencia, porque en aquella época no había mayor puntillosidad
en aplicar o no aplicar las tildes que, en este caso (animas/animás),
es lo único que nos permitiría saber con precisión si el personaje
está hablando de tú o de vos.Lo mismo ocurre en un
pasaje anterior, cuando, ante el inglés caído en el barro, exclaman:
"Se amoló el gringo;levántate (¿o levantáte?),
gringo".
Pero la incertidumbre se disipa pronto. En efecto, el sayón,
carnicero y degollador habla con esta meritoria pulcritud: "-Degüéllalo,
Matasiete; quiso sacar las pistolas. Degüéllalo como al toro". Lo
cual no impide que al singular tú de los españoles los
carniceros lo mezclen con el plural ustedes de los argentinos:
"-No, no lo degüellen [...]", "-Preparen la mazorca y
las tijeras [...]".
Sin embargo, los sayones vuelven en seguida a sus maneras escolares:
"-A ti te toca la resbalosa". ¿No diría refalosa,
como se ve en Ascasubi y como, desde siempre, dicen los muchachos del
barrio? "[...] No hay que encolerizarse". ¿No diría más
bien, enojarse? Etcétera, etcétera.
En resumen: 1) el unitario ("de gallarda y bien apuesta
persona", "hombre decente y de corazón bien puesto",
"hombre ilustrado, amigo de las luces y de la libertad")
emplea sistemáticamente el tú cuando se dirige a un
interlocutor en singular y vacila entre el vosotros y el ustedes
cuando se dirige a varios interlocutores; 2) los carniceros ("dogos
de matadero") emplean sistemáticamente el tú cuando se
dirigen a un interlocutor en singular y emplean sistemáticamente el ustedes
cuando se dirigen a varios interlocutores.
De aquí podemos arribar a la lícita conclusión de que, en
realidad, los "incultos" federales hablaban con más
coherencia gramatical que el "culto" unitario. Esto, desde
luego, es lo que se infiere del texto de Echeverría, a quien, sin duda,
le hubiera encantado probar lo contrario.
Estos desajustes del habla -que no son menores-, unidos al exceso de
énfasis propio del romanticismo ("horror", "atónitos
semblantes", "infernal", "bufido aterrador",
"impresión subitánea") contaminan de inverosimilitud los
tramos finales del relato.
Es curioso que Echeverría, llevado por una suerte de prejuicio
normativo, no se haya dado cuenta de que, de intentar imitar el habla de
los matarifes y de no haber tenido miedo de utilizar el vos, habría
ganado en expresividad, en fuerza, en calidad literaria.
Comparemos, si no, las insulsas expresiones anteriores con el apóstrofe
-el vos pletórico de reciedumbre, el violentamente arcaico matastes-
con que, unas tres décadas más tarde, saluda a Martín Fierro un
soldado "cualquiera" de la partida: "Vos sos un gaucho
matrero", dijo uno, haciéndose el güeno.
"Vos matastes un moreno y otro en una pulpería y aquí está la
polecía que viene a ajustar tus cuentas; te va a alzar por las cuarenta
si te resistís hoy día".
A lo que Martín Fierro, tal como corresponde a la eficacia
literaria, contesta empleando el ustedes: "No me
vengan", contesté, "con relación de dijuntos; ésos son
otros asuntos; vean si me pueden llevar, que yo no me he de entregar,
aunque vengan todos juntos".
No es la única razón para explicar por qué un narrador es superior
a otro. Pero es una razón significativa emparentada con el buen tino y
con la intuición artística.