LA OPINIÓN   Suplemento La Palabra


Martes 3 de Julio de 2001

Les comentamos

SIETE CONVERSACIONES CON JORGE LUIS BORGES

Fernando Sorrentino - El Ateneo - 269 pág.  

"En aquel momento yo tenía veintisiete años y un entusiasmo literario ilimitado. Me dio la sensación de estar frente a un hombre superior, un hombre con una inteligencia sideral. Con una asombrosa capacidad de reacción, de improvisación: a veces yo lo contradecía a propósito, para ver qué me decía, para estimularlo. Y él siempre me daba vuelta con respuestas ingeniosas, respuestas que, si mis preguntas hubieran sido indulgentes, no habrían resultado tan atractivas. A sus setenta años, Borges estaba en la plenitud como poeta, como ensayista y como narrador", así recuerda Fernando Sorrentino en una reciente entrevista los encuentros con el escritor para concretar el libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, que, editado por primera vez en 1974, acaba de aparecer la tercera edición bajo el sello de Editorial El Ateneo.

Sin duda casi todas las preguntas que uno hubiera querido formularle al autor de El Aleph se pueden encontrar en este libro. Con franqueza, sin subterfugios, Sorrentino lo interroga de manera exhaustiva sobre su vida y su obra, sobre personajes y hechos históricos, sobre preferencias y rechazos con respecto a la obra de otros escritores. El interrogado no elude responder ninguna pregunta, por más comprometida que sea. Y así, con ironía o sarcasmo, con generosidad o rigor, pero siempre con una admirable lucidez, despliega todo el bagaje de una erudición que parece infinita, aunque no tediosa o apabullante, sino natural como el agua que se desliza lenta y cristalina entre escarpados canales.

Sus múltiples opiniones son reveladoras de la poca estima que le merece la literatura española, salvo el Quijote y fray Luis de León, de la difícil relación sostenida con algunos de sus contemporáneos -como Enrique Banchs y Ezequiel Martínez Estrada-, de considerar casi nulo el valor de los cuentos de Horacio Quiroga y aburridas las novelas de Manuel Gálvez, o de juzgar la literatura según el placer o la emoción que le da.

Más allá de provocar sorpresa o rechazo, de estar de acuerdo o no con muchos de los comentarios y reflexiones de Borges, el libro tiene la innegable virtud no sólo de introducirnos -con creciente interés y fascinación- en el universo rico, complejo, deslumbrante, de un hombre que confiesa "antes de haber escrito una línea, sabía, de un modo misterioso y, por eso mismo, indudable, que mi destino era literario", sino también de incentivar el deseo de leer y, en muchos casos, releer los textos que conforman una de las obras más bellas, sólidas e importantes de la literatura de todos los tiempos.

Por eso resultan acertadas las palabras con que Fernando Sorrentino concluye el prólogo de la presente edición: "Ahí están, y para siempre, las palabras inagotables de Ficciones y de El Aleph, de El informe de Brodie y de El libro de arena, y las de tantas otras páginas queridas, sin las cuales -acudiendo a una frase que Borges solía decir- este mundo sería mucho más pobre".

Angel Balzarino

Encontrado en: http://www.laopinion-rafaela.com.ar/opinion/2001/07/03/u170304.htm