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Borges: acusado y absuelto Por Fernando Sorrentino El número 17 de la tercera época de la revista Proa (Buenos Aires, mayo-junio, 1995) registra un breve texto inédito de Julio Cortázar titulado «Translate, traduire, tradurre: traducir». En él, entre otros temas, compara el placer de traducir con el trabajo de traducir:
Hay también algunas bromas sobre errores o disparates variados que se deslizan en traducciones y no falta —en su estilo de artificiosa oralidad— la simpática autotomadura de pelo:
Pero enseguida agrega:
Muy bien. Ocurre que, en toda su vida, Borges tradujo, del francés, tres poemas (o, mejor dicho, un poema y una suerte de prosa poemática):
La revista Sur, en su entrega dedicada a la literatura de Francia (Buenos Aires, año 16, n.os 147-148-149, enero-febrero-marzo, 1947), incluye todos estos textos en versión bilingüe con páginas enfrentadas: en las pares se halla el original francés; en las impares, la versión española de Borges. Por exceso de escrúpulo (Cortázar escribió «creo que de Francis Ponge») revisé también el texto de Edith Boissonnas: allí no aparecen los vocablos sol ni soleil. Tampoco se encuentran en «Bords de mer». Pero sí en «De l’eau», según este detalle: El vocablo sol figura cinco veces (a = Ponge; b = Borges):
En cambio, soleil sólo se halla dos veces:
Como vemos —y no podía esperarse otra cosa—, no hay ningún error en la traducción de Borges. Queda, por lo tanto, absuelto de culpa y cargo de la acusación de haber cometido tan grosero dislate. En cuanto a la información suministrada por Cortázar, puede considerarse un ejercicio de literatura fantástica, a la que tan afecto era el imaginativo y cosmopolita narrador. (*) Transcurrido más de medio siglo, adviértase la abismal diferencia de magnitud literaria que existe hoy entre los encumbrados creadores francófonos y el humilde traductor al español de entonces. |
Encontrado en: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/octubre_02/09102002.htm