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Cuando el método es la incoherencia Por Fernando Sorrentino En el trujamán titulado «¿Quién escribió El jardín de los cerezos…?» expliqué por qué elegí, para nombrar al ilustre autor de tantos hermosos cuentos y obras de teatro, las grafías de Antón Pávlovich Chéjov y no las de Anton Pavlovich Chejov. También declaré allí mi ignorancia total de la lengua rusa. No obstante, tal desconocimiento no me impide señalar ciertas incoherencias que creo advertir en una de las tantas traducciones de los cuentos de Chéjov. (Está editada en Madrid y firmada por dos personas: una de apellido ruso y la otra de apellido español. Entrando en el terreno de la calumnia conjetural, me permito deducir —según los resultados obtenidos— que el señor eslavo leía en ruso un párrafo y luego se lo dictaba en personal lengua española al señor hispánico; éste, a su vez, lo mecanografiaba tratando de infundirle una forma decorosa.) Dejando a un lado este ejercicio de la imaginación, una pregunta es: ¿por qué traducir la mayor parte de las palabras del ruso al español y dejar, sin embargo, algunas en su lengua original…? Ejemplos: En «Memorias de un hombre colérico» leemos:
Confieso que, como los traductores no lo esclarecen, me quedé sin saber qué les sirvieron a los comensales antes de la lengua con guisantes. En «Iván Matveich»:
Nuevo misterio (aunque creo recordar —no sé de dónde— que una baba es algo así como una ‘campesina rusa’). En «El signo de admiración»:
Los traductores no brindan ninguna información sobre el término grosch; puedo colegir que es una moneda de poco valor, aunque tampoco nada me impide suponer que sea algo equivalente a ‘rábano’ o ‘pepino’ en expresiones familiares tales como no vale un rábano o no me importa un pepino. En cambio, una llamada señala el vocablo Stanislav (en letra redonda); al pie de página dice «condecoración». Según eso, la palabra Stanislav sería un sinónimo de ‘condecoración’; me parece una definición evanescente, que pretende elucidar lo específico mediante lo genérico. (Es como decir, por ejemplo, que Fiat significa ‘automóvil’ o Alfredo Di Stéfano significa ‘futbolista’. Según esta sinonimia arbitraria, podrían legitimarse expresiones tales como «compré un fiat marca Ford» o «se sabe que, en su juventud, el autor de este trujamán fue un distéfano aficionado». Tampoco parecería correcto afirmar: «The Crucible (1953), una de las obras fundamentales de la dramaturgia de Arthur Miller, se conoce en español con el título de Las margaretsthatchers de Salem».) Posiblemente habría sido meritorio que el binomio rusoespañol dijera: «Stanislav: cierto tipo de condecoración que responde a tales y tales características». Porque, del cuento «Una condecoración», se desprende que existen, al menos, tres clases de condecoraciones: la Stanislav, la Anna y la Vladimir. El contexto nos enseña que la más modesta es la primera. También isvoschik está adornado con una llamada; al pie de página se consigna «coche de alquiler». Siendo el asunto tan sencillo, sin duda habría resultado menos barroco que, en el cuerpo del relato, en lugar de
leyéramos directamente
En «La lota» continúan los enigmas:
Además del hecho de que las nubes son ligeras como plumas, y no como la pluma, me permito señalar que los traductores nos hacen saber que el orlichka es ‘pájaro de campo’, información tan amplia como fácil de suponer. En cambio, guardan reserva sobre qué es la kupalnia. En cuanto a mujik (¿no será mejor muyik?), bueno…, ¿quién no sabe que un mujik es un campesino ruso? En el cuento «Arte» nos enteramos de que Seriojka viste una «gastada poluschbok». Por su parte, Matvei está «cubierto de un tulup y calzado de unos valenkii». Mi cacumen no logra representarse el aspecto de la poluschbok, ni del tulup, ni de los valenkii. Acaso la traducción no abunde en virtudes, pero, en cambio, no puede negarse que estimula la imaginación del lector. |
Encontrado en: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/abril_02/03042002.htm