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El cuento de Borges sobre «el cuento de Borges» Por Fernando Sorrentino Como se sabe, Norman Thomas di Giovanni tradujo al inglés la mayor parte de la obra de Jorge Luis Borges. Entregado a esa labor, estuvo, hacia el año 1970, residiendo bastante tiempo en Buenos Aires. Yo lo conocí, vi cómo trabajaba y puedo asegurar que el hombre era inteligente, culto y capaz, y muy puntilloso en su tarea. Por razones que ignoro, lo cierto es que la relación amistosa entre Borges y di Giovanni terminó por deteriorarse, y que el escritor argentino quedó resentido con su traductor norteamericano. Por tal motivo, años más tarde consideró oportuno revelar cierta anécdota. Ésta se halla en las páginas 36-38 del volumen de Roberto Alifano El humor de Borges (Buenos Aires, Proa, 2000), lectura que, dicho sea de paso, me permito recomendar fervorosamente. Borges y Alifano están conversando sobre el hábito de tomar mate, los errores que se cometen en su preparación, las ácidas consecuencias de una ingesta exagerada, etcétera. Ahora bien, el mate no sólo es la infusión sino también el receptáculo en que se lo bebe. La estricta ortodoxia indica que éste debe ser una calabaza; la heterodoxia puede adquirir diversas formas reprobables (un jarrito celeste, en el caso del don Isidro Parodi de los Seis problemas; un mate de madera, en el del autor de este trujamán; y hasta —horresco referens— un vasito de vidrio en los ejemplos más heréticos). Habla Borges:
No puede negarse que la historieta es graciosa. Sin embargo, las cosas sucedieron de manera muy diferente. Primero, les sugiero a los amigos curiosos que, en las obras de Borges traducidas al inglés por di Giovanni, busquen esa llamada al pie de página, para verificar exactamente cómo es la cita. Enseguida les digo que fracasarán en su busca. No existe tal nota al pie debido a que no existe traducción de ese cuento al inglés. No existe tal traducción al inglés, debido a que jamás existió ese texto en español. Mientras un segmento del cerebro de Borges exponía ante Alifano qué clases de mate tenía en su casa, otro segmento inventaba simultáneamente la realidad del cuento, el episodio, el capitanejo, su nombre, la súplica, la traducción al inglés, la nota a pie de página. La alegría de improvisar, el gusto por la hipérbole, el placer del humorismo se aliaron en Borges para adjudicarle a su ex amigo di Giovanni un grado de estupidez y de ineptitud que éste se hallaba muy lejos de padecer: un brillante ejercicio, en fin, de literatura fantástica. |
Encontrado en: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/febrero_02/18022002.htm