El plagio fiel y erudito (I)
Por Fernando Sorrentino
La primera estrofa del celebérrimo
poema «The Raven», de Edgar Allan Poe, dice así:
Once upon a
midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore--
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
“'Tis some visiter,” I muttered, “tapping at my chamber door--
Only this and nothing more.”
Una traducción —no poética
sino tendiente a la mera comprensión— podría ser ésta:
Érase una
medianoche triste; mientras yo cavilaba, débil y cansado,
sobre muchos extraños y curiosos volúmenes de olvidadas enseñanzas…,
mientras yo cabeceaba, casi durmiéndome, de repente se oyó un
toquecito,
una suerte de suave golpetear, golpetear en la puerta de mi alcoba.
«Es algún visitante», musité, «que está llamando a la puerta de mi
alcoba…,
sólo esto y nada más».
Entre las traducciones poéticas
que pude consultar, transcribiré la de Francisco Peña-Bernal:
Una vez, al filo de una lúgubre
medianoche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
«Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más».
Otra, por la que siento especial
simpatía —debido al hecho pueril de que, siendo yo adolescente, fue la
primera que conocí y que voluntariamente memoricé—, es la del
venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892), que fue publicada en
Valparaíso en 1895. Dice así:
Una fosca medianoche, cuando en
tristes reflexiones,
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones,
inclinaba soñoliento la cabeza, de repente
a mi puerta oí llamar;
como si alguien, suavemente, se pusiese con cierta
mano tímida a tocar.
«Es —me dije— una visita que llamando está a mi puerta;
eso es todo, ¡y nada más!»
Notemos que Poe sólo habla de a
quaint and curious volume. En ningún momento especifica si se trata
de volumes en folio o en cuarto. Sin embargo, Pérez Bonalde optó
por el primer caso y dotó al lector de una concurrencia de más de un
raro infolio. Esta licencia me parece muy razonable, ya que discordaría
en el oscuro conjunto imaginar al lúgubre personaje leyendo un libro de
bolsillo con cubierta de varios colores.
De manera que, sin dudar, podemos
establecer que la construcción sobre más de un raro infolio es
hallazgo exclusivo del poeta venezolano.
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