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¿Quién escribió El jardín de los cerezos…? Por Fernando Sorrentino A mediados del año 2000, cierta importante editorial española —con presencia en toda América hispana— me encargó la selección de textos, la adaptación para jóvenes y el cuidado de la edición de un conjunto de cuentos de un autor ruso que vivió entre el 17 de enero de 1860 y el 2 de julio de 1904, y cuyo nombre —por las razones que se verán a continuación— todavía no tengo derecho de escribir. Parafraseando cierta humorada de Borges, puedo afirmar que «mi desconocimiento del ruso es más perfecto que mi conocimiento del español», ya que creo dominar esta lengua razonablemente bien y, en cambio, no conozco una sola palabra de aquel idioma eslavo. Sin embargo, como la simple observación me indicaba que, al transliterar los nombres escritos en alfabeto cirílico a caracteres latinos, los traductores —sea por ignorancia o por desidia— procedían de manera arbitraria y errónea, me pareció mi deber averiguar si el apellido del sutil cuentista tenía acentuación grave o aguda: o sea, si yo debía tratar con Chéjov o con Chejóv. Un llamado telefónico a la Casa de Rusia —institución que, en Buenos Aires, dicta cursos sobre diversos aspectos de la cultura de ese país— me reveló que nuestro autor era sucesivamente agudo, esdrújulo y grave. Los excelentes amigos de la editorial no estaban acostumbrados a ver tildes en nombres rusos, pero, después de algunos instantes (o días) de estupor, terminaron por aceptar mi propuesta de que el autor del libro fuera el preciso señor Antón Pávlovich Chéjov y no el inexistente Anton Pavlovich Chejov (que un lector hispanohablante coherente —si es que existe tal cosa— leería Ánton Pablobích Chejób). Envalentonado por el triunfo, ávido de nuevas glorias y sin prescindir del asesoramiento de la Casa de Rusia, en ciertas llamadas de pie de página, en el prólogo y en la contratapa estampé de esta manera los nombres y apellidos de tres colegas de Chéjov: Iván Turguéniev, Nikolái Gógol y Lev Tolstói. Don Manuel Seco (Diccionario de dudas, pág. 93) recomienda, con toda razón, la grafía Chaikovski para el apellido del músico ruso, pero nada dice de otros apellidos de personalidades de aquel país que podrían prestarse a «transcripciones (...) innecesariamente complicadas». Creo, en fin, que procedí con sensatez. De no ser así, y como el libro (El camaleón, y otros cuentos) ya se publicó (Buenos Aires, febrero de 2001), estaríamos frente a un hecho momentáneamente irreparable. |
Encontrado en: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/marzo_02/06032002.htm