El trujamán
Miércoles, 27 de febrero de 2002

Un vos extemporáneo
Por Fernando Sorrentino

Digamos un escritor español y un escritor argentino que hayan nacido, como el novelista inglés Charles Dickens (1812-1870), alrededor de 1810.

Entonces elijo a Mariano José de Larra (1809-1837), el mordaz Fígaro que, en los Artículos de costumbres, con el maravilloso humorismo de su mal humor solía, y suele, hacerme pasar muy placenteros ratos de lectura.

Casi de la misma edad que Larra fue su admirador argentino Juan Bautista Alberdi (1810-1884). Hasta tal punto lo admiraba que, si Larra decidió ser Fígaro, Alberdi, para declararse su discípulo, se hizo Figarillo (respetuoso seudónimo en diminutivo). Como se sabe, Alberdi fue hombre de múltiples inquietudes culturales y, entre ellas, la literatura no ocupó precisamente el lugar más importante.

Examinemos cómo dialogan los personajes de Larra:

—Permitidme, monsieur Sans-Délai —le dije entre socarrón y formal—, permitidme que os convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid.
—¿Cómo?
—Dentro de quince meses estáis aquí todavía.
—¿Os burláis?

(«Vuelva usted mañana»)

Como vemos, Fígaro y el señor Sin Demora conversan, no utilizando el usted que figura en el título del artículo, sino empleando el ceremonioso vos de respeto, con el verbo en plural. Pero me parece obvio que, mediante este artilugio, Larra —sin decirlo explícitamente— nos está dando a entender que ambos amigos están conversando en francés (vous), la lengua de monsieur Sans-Délai.

Consignada esta excepción, lo normal es el empleo del usted, con el verbo y los pronombres, naturalmente, en tercera persona.

— Sírvase usted.
— Hágame usted el favor.
— De ninguna manera.
— No lo recibiré.
— Páselo usted a la señora.
— Está bien ahí.
— Perdone usted.
— Gracias.

(«El castellano viejo»)

En la llanura de Buenos Aires podemos ejemplificar con El gigante Amapolas, farsa que Alberdi escribió para satirizar —trocando una flor por la otra— al gobernador Juan Manuel de Rosas:

Mosquito. —¿Querrá usted ver mejor que nosotros, que tenemos anteojo?

Soldado. —Bien, capitán, será lo que usted dice; pero yo veo lo que yo digo.

Mosquito. —¡No ve usted eso!

No harán falta profundos estudios para demostrar lo archisabido: que, en el siglo XIX, tanto en España como en América el pronombre de tratamiento de respeto llano es el mismo usted que continuamos empleando hoy.

Entonces, sería interesante saber por qué, donde Dickens escribió, por ejemplo:

‘My dear sir,’ interposed Mr. Winkle.
Dear sir! replied Pott. ‘How dare you address me, as dear sir, sir? How dare you look me in the face and do it, sir?’
‘Well, sir, if you come to that,’ responded Mr. Winkle, ‘how dare you look me in the face, and call me a serpent, sir?’
‘Because you are one,’ replied Mr. Pott.
‘Prove it, sir,’ said Mr. Winkle warmly. ‘Prove it.’

(The Posthumous Papers of the Pickwick Club, XVIII)

el traductor vertió:

—Pero, querido... —interrumpió el señor Winkle.
—¡Querido! —repitió Pott—. ¿Cómo os atrevéis a decirme querido, caballero? ¿Cómo os atrevéis a mirarme a la cara diciéndome eso?
—Pues bien, caballero: si os ponéis así —contestó el señor Winkle—, ¿cómo os atrevéis a mirarme a mí a la cara y a llamarme víbora?
—Porque lo sois —contestó el señor Pott.
—Probadlo, caballero —dijo vivamente el
señor Winkle—. Probadlo.

Esas formas de la conjugación, en extremo laboriosas y pesadas, no sólo no se emplean en los países hispanohablantes en la lengua actual, sino que tampoco se empleaban en la época en que Dickens escribía sus novelas.

Los motivos que habrán inducido al traductor a adoptar un criterio tan extenuante como extemporáneo representan para mí un enigma insondable.

Unas doce mil páginas de ejemplos de este vos mayestático pueden consultarse en las Obras completas de Dickens (6 tomos, Madrid, Aguilar, 1952). Los textos, en su mayor parte —entre ellos el fragmento transcripto—, fueron traducidos por José Méndez Herrera; un número menor de ellos, por Amando Lázaro Ros.

Encontrado en: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/febrero_02/27022002.htm