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Cuando el offside quedó fuera de juego Por Fernando Sorrentino Mientras fui niño, adolescente y joven, pasé gran parte de mi vida —como corresponde a todo varón sano y argentino— jugando al fútbol en los potreros (insuperable escuela natural de habilidades y destrezas deportivas, desconocida por las gentes de Europa). Y, si bien es verdad que mi nivel de juego nunca alcanzó las cúspides de calidad del futbolista profesional, no lo es menos que mi desempeño siempre fue digno y que jamás sufrí el estigma vergonzante de ser llamado tronco, crudo, croto y otros términos injuriosos. En la década de 1950, que coincide con aquella remota etapa de mi existencia, los cuadros de fútbol de la Argentina solían, en los periódicos y en las revistas deportivas, adoptar una forma parecida al zigurat, que pretendía diseñar en el papel la teórica ubicación de los jugadores en el campo de juego. Es muy fácil presentar un ejemplo cualquiera de cualquier cuadro. Pero ya que soy el autor de esta nota y, por lo tanto, puedo elegir, no ejemplificaré con ninguno de los equipos por los que no siento ninguna simpatía, que son todos, sino con el Racing Club de Avellaneda, el único por el que sí siento amor, devoción y veneración. Entonces, digamos que, en 1949, Racing formaba así: 1
Antonio Rodríguez; En rigor, las cosas en el campo de juego eran bastante diferentes. Pero la costumbre hacía imaginar que, horizontalmente, había en la cancha cuatro líneas: 1, el arquero (a veces, muy afectadamente, llamado goalkeeper); 2 y 3, los backs o fullbacks; 4, 5 y 6, los halves; 7, 8, 9, 10 y 11, los forwards. Ahora bien, estas denominaciones en inglés se convertían, en labios de la buena gente del pueblo, en formas fonéticas inimaginables. Los chicos de entonces decíamos cosas tales como «fulbá» (fullback); «jas» (half) y su plural «jases»; «güin» (wing, winger) y su plural «güines»; «insíder» o «insái» (insider); «jans» (hand); «angol» (outgoal); «córner» (corner); «réfere» (referee); «laiman» (linesman), etcétera, etcétera. Con el tiempo, y de modo gradual, parece ser que los periodistas deportivos (sea por escrúpulo lingüístico —razón poco creíble en personas en general de escasas o inexistentes luces—, sea por dificultades de articulación —razón acaso más probable—) dieron en olvidar aquellas extrañas palabras en inglés, y entonces se empezó a hablar de zagueros, medios, volantes, punteros, entrealas, centrodelanteros, tiros de esquina, saques laterales, saques de meta, posiciones adelantadas, árbitros, jueces de línea, etcétera. En años anteriores a esta insurrección castiza, ocurría que, en el momento de iniciar el juego, el futbolista (estamos hablando de partidos de aficionados, id est, partidos de potrero) que debía poner en movimiento la pelota preguntaba: «¿Aurieli?»; conjuro que era respondido por el capitán rival con este enigmático monosílabo: «¡Diez!». Sólo una vez cumplida esta ceremonia, podía comenzar el partido. Aficionado como soy a ciertas modestas prácticas filológicas, no resisto la tentación de retraducir al inglés ambos vocablos. Pregunta: «All ready?»; respuesta: «Yes!» Reliquia de aquellos años es la curiosa metáfora empleada por Homero Manzi en su tango Che, bandoneón (1950): «y el trago de licor que obliga a recordar / si el alma está en orsái, che, bandoneón» (se me ocurre que esa conjunción si tendría que ser que). Mi último escolio será para puntualizar que «orsái» significa offside, es decir, ‘posición adelantada’, ‘fuera de juego’. Concluyo con la exhortación a emprender la poética tarea de imaginar un alma en posición adelantada. |