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No le deis al César lo que no es del César (I) Por Fernando Sorrentino Cuando tenía diecinueve años (1962), mi devoción por Kafka y mi desconocimiento del alemán me llevaron a adquirir la versión española de Die Verwandlung. Era la de la Editorial Losada (de Buenos Aires), cumplida, según rezaba la portada del libro, nada menos que por Jorge Luis Borges (en 1938). Tiempo después, advertí que la traducción no respondía a las costumbres léxicas y sintácticas de Borges. No se trataba de la presión que el texto original ejerce sobre el traductor, obligándolo a adecuarse, en mayor o menor medida, a las características del autor traducido. La divergencia estilística era abismal: resulta extrañísimo que nadie se haya dado cuenta de que tal traducción no era, ni podía ser, obra de Borges. La simple lectura me indicaba dos cosas: 1) la traducción no pertenecía a Borges, y 2) tampoco pertenecía a ningún traductor argentino: una importante cantidad de rasgos la caracterizaban como labor de un traductor español. Por ejemplo: a) Uso de pronombres enclíticos: encontróse; hallábase; sentíase; infundióle; díjose. b) Uso de léxico o de giros no argentinos: «aparecía como de ordinario»; «una estampa ha poco recortada»; «mas era esto algo de todo punto irrealizable»; «y entonces, sí que me redondeo»; «eran las seis y media, y las manecillas seguían avanzando»; «concentró toda su energía y, sin pararse en barras, se arrastró hacia adelante». c) Uso del pronombre le como objeto directo (leísmo): «un dolor […] comenzó a aquejarle en el costado»; «estos madrugones le entontecen a uno por completo»; «celebro verle a usted, señor principal»; «motivo suficiente para despedirle sin demora»; «harto mejor que molestarle con llantos y discursos era dejarle en paz». Las piezas Un artista del hambre (Ein Hungerkünstler) y Un artista del trapecio, título del todo caprichoso por Primera tristeza (Erstes Leid), que forman parte del mismo volumen, nos ofrecen las mismas peculiaridades de La metamorfosis. Unos años más tarde (hacia 1970) tuve la inolvidable experiencia de realizar el libro de entrevistas Siete conversaciones con Jorge Luis Borges. No quise, desde luego, desaprovechar la oportunidad de interrogarlo sobre aquel punto. El diálogo fue así: F.S.: Me pareció notar en su versión de La metamorfosis, de Kafka, que usted difiere de su estilo habitual… J.L.B.: Bueno: ello se debe al hecho de que yo no soy el autor de la traducción de ese texto. Y una prueba de ello —además de mi palabra— es que yo conozco algo de alemán, sé que la obra se titula Die Verwandlung y no Die Metamorphose, y sé que hubiera debido traducirse como La transformación. Pero, como el traductor francés prefirió —acaso saludando desde lejos a Ovidio— La métamorphose, aquí servilmente hicimos lo mismo. Esa traducción ha de ser —me parece por algunos giros— de algún traductor español. Lo que yo sí traduje fueron los otros cuentos de Kafka que están en el mismo volumen publicado por la editorial Losada. Pero, para simplificar —quizá por razones meramente tipográficas—, se prefirió atribuirme a mí la traducción de todo el volumen, y se usó una traducción acaso anónima que andaba por ahí.
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